Cristina y Lula tienen más para ganar si miran el largo plazo

Por Hernán De Goñi

La relación entre la Argentina y Brasil suele estar dominada por el corto plazo. Cada vez que sus funcionarios se encuentran, la coyuntura impone un tema para zanjar.

La cumbre que mantendrán este miércoles en Brasilia Cristina Fernández de Kirchner con su par Luiz Inacio Lula da Silva no será diferente. Los cortocircuitos comerciales están a la orden del día: desde las licencias para importar que el gobierno argentino cajonea, hasta las restricciones que el país vecino aplica como represalia, la pulseada se repite día tras día.

En el camino, lo que queda relegado es el largo plazo. Es probable que el mandatario brasileño tenga menos interés por proyectar políticas que excedan su segundo mandato. Pero esa afirmación es relativa. Lula se propone traspasar el mando a su actual jefa de Gabinete, Dilma Rouseff, con lo cual tanto ella como Itamaraty (la poderosa cancillería vecina) pueden hablar hoy prácticamente con el mismo nivel de autoridad que el actual jefe de Estado sobre las necesidades de su país para el próximo quinquenio.

Del lado argentino, algunos empresarios ya decidieron mover sus fichas. Tanto Gustavo Grobocopatel, presidente del grupo Los Grobo, como Eduardo Elsztain, titular de Cresud, anticiparon que el crecimiento de sus negocios agropecuarios será del otro lado de la frontera. Brasil no cobra retenciones, dato que no es menor a la hora de medir la rentabilidad esperada de una inversión.

Los empresarios brasileños también hace tiempo que vienen anticipando sus movimientos. Al protagonismo que ya tienen en rubros como la industria frigorífica y la fabricación de calzado, se les ha sumado un nuevo crecimiento en el sector cementero, con el reciente desembarco en Cementos Avellaneda del gigante industrial Votorantim (propietario desde 2007 de Aceros Bragado), que se suma a la fuerte presencia de Camargo Correa en Loma Negra, empresa que controla 48% del mercado doméstico.

Lo que muestra este escenario es que los hombres de negocios han podido planificar sus estrategias con mayor previsibilidad que los gobiernos de cada país. Quienes apuestan a poner recursos en ese gigantesco mercado son los que no necesitan que los pronósticos optimistas que rodean a Brasil se cumplan con la precisión de un cirujano. Que su PBI crezca 2% este año de crisis, y que para el 2010 se apunte a una mejora de 5%, son variables que no alteran el rumbo. Si se vuelve la quinta economía del mundo en el 2015 o en 2020, es casi un detalle.

Así como Estados Unidos fue el motor del consumo global, nadie debe dudar de que Brasil será más que nunca el motor del Mercosur. Si el país mantiene su market share en el mercado vecino en 2010, sus exportaciones se incrementarán u$s 2450 millones, según cálculos de la Fundación Mediterránea, lo que aportará una mejora de 0,6% al PBI.

Como describió el consultor Pablo Rojo en el último seminario financiero organizado por El Cronista, hay que tener en cuenta que sus nuevas reservas de petróleo le garantizan a Brasil un flujo de inversiones alto y constante, por lo que hay que pensar en un real fuerte a largo plazo. Por eso acordar mecanismos que eviten una eventual devaluación competitiva como la de 1999 puede ser más importante para la Argentina que la de emparchar sus pactos comerciales. Venderle más bienes y servicios a una futura potencia económica, así como producir insumos para su industria, tienen que ser parte de una agenda que mire el bosque y deje atrás el árbol.

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