Cristina larga raid por la esquiva Buenos Aires

Por: Pablo Ibáñez

Un clásico. En horas ásperas, los Kirchner se repliegan sobre la zona que, desde el iniciático 2003, funcionó como su esencial -y, a veces, único- soporte: la provincia de Buenos Aires, con su conurbano populoso, eventual ring electoral del ex presidente.

En la semana en la que pone a prueba la lealtad K en el Congreso con el proyecto de eliminación de las AFPJ, Cristina de Kirchner hará cuatro escalas bonaerenses: el raid, al que lleva su atril itinerante, se inició ayer en Merlo, cercano oeste que domina Raúl Othacehé.

Repetirá, el jueves, en Moreno e, intercalado, se aparecerá por Mar del Plata y Bahía Blanca, donde agenda aterrizajes para mañana y el viernes. El menú es simple: estreno de obras para actuar el «phisic du rol» de presidente hiperactiva con espasmos de «new deal» cristinista.

El mix se completa con una Cristina de Kirchner tribunera que alecciona sobre los buenos oficios que debe ejecutar la oposición, escarba en las contradicciones de sus críticos y, con una ronquera cada día más parecida a la de la última Evita, promete -como aquélla- dignificar.

Terrenal

«Tenemos que seguir haciendo, seguir poniendo mucha obra y mucha infraestructura en este conurbano y en todo el país para seguir generando calidad para la gente y trabajo», dijo ayer en Merlo, más terrenal que otras versiones de sí misma; más kirchnerizada o « nestorizada».

No se anima, todavía, la Presidente a lo que planea su marido: bajar a la superficie plana, poéticamente el barro de los barrios, como ensayó tímidamente la semana pasada en Florencio Varela. Lo planea pero, todavía, Kirchner le mezquina a esa opción de tanta exposición.

Prometió que luego del acto del 17 de octubre en Entre Ríos -que aceptó desdoblar para que los intendentes no tengan que gastar en exceso para fletar micros hacia Paraná- se largaría a recorrer los barrios, sin actos masivos; una fuga programada de la burbuja de Olivos.

Sólo, por ahora, se apareció por Florencio Varela para mostrarse con Julio Pereyra, uno de los caudillos preferidos al que, en un ajedrez malvado, permitió que le brote una disidencia entre sus vecinos, el «Cacho» de Avellaneda, Baldomero Alvarez.

«Kirchner al peronismo, Cristina ATP» es la lógica publicitaria de ese doble juego que acota, por ahora, al patagónico al PJ más clásico y expone a la Presidente a un mercado en teoría más amplio, sin «marchita» ni fotos -no siempre evitables- con incómodos necesarios.

Con apenas un intervalo -hoy en Misiones- la mandataria le dedicará la semana a una Buenos Aires que, de a poco, se vuelve más escurridiza: estalló, otra vez, más controlado que en otros turnos, la inseguridad; la economía empieza a percutar conflictos en el conurbano.

Ayer, de hecho, volvió a hablar de un tema tabú para su marido: la inseguridad. «Muchasveces la brecha social es lo que aumenta y potencia a la inseguridad», dijo y, de corrido, se relativizó al sostener que «no solamente» eso explica la escalada delictiva.

A veces lineales, los intendentes del conurbano salieron en malón a defender la idea de Daniel Scioli de bajar la edad de imputabilidad que empezó a diluirse. Simple: se dicen arrollados por el delito. Y sobre ese tema, Kirchner jamás acepta hablar.

Kirchner sigue jugando al truco con la hipótesis de ser candidato y, como parte de eso, quizá se suba -sobre la hora- al helicóptero que llevará a su esposa a Mar del Plata donde la espera Gustavo Pulti, Moreno con Andrés Arregui y Bahía Blanca, con Cristian Breistenstein.

Obsesión

Pero, en el día a día, el patagónico se dedica a otros menesteres: se enfocó, obsesivo, a puntear los votos que tiene el oficialismo en Diputados para aprobar, este jueves, la eliminación de las AFJP. Le transmitió, luego, a su esposa que puede estar tranquila.

En Olivos, Kirchner plantea esa votación como el Día D que cambiaría, afirma -y desea- la mala racha que persigue a su esposa desde que asumió en diciembre pasado cuando apenas 48 horas después le estalló en la cara el affaire de la valija chavista.

Suele conformarse, el ex presidente, con una frase confesional. «No es lo mismo ser senadora que presidente. Pero Cristina ya aprendió», se anima a sí mismo. El aprendizaje se devoró tres sucesos que, alguna vez, en Olivos se proyectaron como «cambio de época».

Ayudamemoria: el envío de la 125 al Congreso que suponía que se clausuraba la crisis del campo; el pago al Club de París que abriría el crédito al país; la reapertura del canje que devolvía a la Argentina a la galaxia no defaulteada. Este jueves se empieza a escribir el destino del expediente AFJP.

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