Cristina Kirchner cambió: ahora los mercados no son detestables

Por: Alcadio Oña.

Suena raro enterarse, y por sus propias palabras, de la repentina estima que los mercados han despertado en Cristina Kirchner.

Dice que son una "vara", un metro sobre el acierto de sus decisiones. Habla de lo bien que reaccionaron cuando se lanzó el Fondo del Bicentenario, o sea, la garantía de que se va a pagar deuda externa con reservas. Y también del vuelco que pegaron, a partir de la resistencia de Martín Redrado y los cuestionamientos legales de la oposición.

Los mercados son hoy lo que fueron siempre. Van detrás del dinero cuando piensan que no hay riesgos, igual que quienes compran dólares con la certeza de que subirá. Juegan con los riesgos. Y se retiran de la mesa, si la incertidumbre barre con cualquier atisbo de seguridad.

Aníbal Fernández, que se considera a sí mismo un peronista de ley, calca el relato de la Presidenta sobre los mercados. Como si los apostadores, la especulación lisa y llana, pudiesen ser buenos o malos según lo que a uno le convenga.

El cambio de discurso es llamativo, quizás con aportes de Amado Boudou al guión. Que para algunas cosas ha trocado sus ideas de ex ucedé por otras a tono con la línea heterodoxa que declama el kirchnerismo, como fue ponerle letra a la estatización de los fondos de las AFJP. Y en otras, siempre con plafond oficial, todavía le asoma la hilacha.

El ministro de Economía, el Gobierno al fin, se juega mucho con el canje de la deuda. Más precisamente, con un resultado que arroje cuanto menos un grado de adhesión de los bonistas del 70 %.

Atado a las expectativas que el país despierta en el exterior, el canje se mueve al vaivén de una película interminable. Bajo esa lupa, no es precisamente auspicioso lo que pasó con Redrado, con los fallos de la Justicia local y el embargo de las reservas en Nueva York, transitorio pero aún amenazante. Más lo que ahora ocurre con la suerte del Fondo del Bicentenario, improvisado y sacado de apuro, y con el Banco Central.

Quiérase o no, todo contó con abundante colaboración kirchnerista y nada de lo que hay arrima confianza. Nuevamente, el juego de los mercados.

Así, la fecha de lanzamiento del canje se corre de mes en mes. Por más que la Presidenta afirme que no hay cambios y que los funcionarios de Economía fatiguen capitales del primer mundo, como cuadra en una operación así y también en el afán por seducir bonistas remisos. En el mientras tanto, la caída de los bonos argentinos lima el atractivo de la oferta.

Por un primer fallo judicial ratificado por otro de Cámara, se atascó una pieza clave en la estructura oficial: el Fondo del Bicentenario. Ahora el Gobierno intenta que la misma Cámara le conceda un recurso suspensivo, o sea, que dé marcha atrás con su propio fallo.

Según ex abogados del Estado, es una movida demasiado pretenciosa. Tanto porque la Cámara caería en una contradicción como porque no está habilitada para aprobar un recurso suspensivo.

Es probable, en cambio, que habilite el camino a la Corte Suprema. Pero eso es otra cosa. Tan otra cosa, dicen, que los jueces del máximo Tribunal difícilmente se pronuncien cuando está a tiro el tratamiento, en el Congreso, del Fondo del Bicentenario. Final del argumento: no es posible usar ya las reservas para pagar deuda.

Obviamente, no es igual un canje con que sin Fondo del Bicentenario. Tampoco lo es para los acreedores: beneficiarios directos del DNU, celebrarán si no se toca el Fondo.

Y no sólo festejarán este año, sino todos los por venir. Según el decreto presidencial, la facultad sobre las reservas es para siempre. Habrá más de 17.000 millones de dólares a mano en 2010. Y la cadena de la fortuna continuará en 2011, cuando el aumento de los activos reponga parte del faltante. Este bienio es, en verdad, lo que interesa al kirchnerismo: disponer del recurso ahora, para remontar sus alicaídas chances electorales.

No es bueno que el Central y el uso de las reservas estén todo el tiempo en la tapa de los diarios. No lo es aquí, para el Gobierno, porque eso mete dudas y refuerza la idea de que busca intervenir el BCRA y manejar las reservas al gusto K. Y tampoco para los mercados, aunque hayan crecido en la ponderación de la Presidenta.

En este revoltijo, una paradoja. Entre adelantos transitorios, utilidades y dólares que le llegaron del FMI, en 2009 el Banco Central le giró al Tesoro Nacional un monto equivalente al que aportaría el Fondo del Bicentenario.

Salvo la plata del FMI, los mismos recursos seguirán disponibles este año y encima agrandados. Porque serán mayores tanto las utilidades como los adelantos transitorios.

Todo eso, más las reservas, el Banco Nación y la ANSeS abastece la gran apuesta fiscal y política del Gobierno. Lo de siempre: disponer de una buena caja para cooptar voluntades.

El problema es si todo eso alcanza para dar vuelta la caída del kirchnerismo, aunque por ahora la oposición ayude. Y el riesgo, la desconfianza de los benditos mercados.

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