Un año de Cristina Fernández, 365 días de Kirchner

Un año de Cristina Fernández, 365 días de Kirchner
La Presidenta finalizó un año lleno de contingencias y a la sombra de su marido. Críticadigital consultó a un encuestador, un sociólogo, un semiólogo y un publicista, para entender los cambios de estilo y sus implicancias.
El 10 de diciembre de 2007, asumía como presidenta de la Argentina Cristina Fernández de Kirchner. El 43,9% de los votantes decidió acompañar las promesas de más institucionalidad, de más diálogo con la oposición y el paradójico lema del “cambio en la continuidad”. A poco más de un año de esa asunción, Críticadigital consultó a referentes de la sociología, del campo del análisis discursivo, de la publicidad y a un especialista en sondeos de opinión, para entender las diferencias de estilo con la anterior gestión y sus implicancias en el ejercicio del poder.

Para los analistas más críticos, el eje central para comprender las peculiaridades de este segundo gobierno kirchnerista es la problemática del llamado “doble comando”, que encarnan Cristina y su marido Néstor Kirchner. Ese núcleo viene cargado con desigualdades y complementariedades que todavían parecen no haberse resuelto, y que se expusieron a partir de la denominada Guerra Gaucha.

“Él tiene más tradición y experiencia en el Ejecutivo que ella. Primero, por los cinco años de Presidente y además por su carrera en la provincia de Santa Cruz. Antes, él tenía esa posición y ella un rol menor”, evaluó el sociólogo Torcuato Di Tella. "Al cambiar las cosas, al tener ella el rol formal mayor —continuó—, hay un situación distinta; y esto es un poquito complicante. No es que él manda y ella está pintada. Ella considera que él es necesario. Es una pieza fundamental. Es como en el ajedrez. Se necesitan a todos”.

Heriberto Muraro, sociólogo especialista en sondeos y titular de la encuestadora Telesurvey, dice que en las elecciones presidenciales de 2007, la opinión pública se encontró metida en una trampa:

“Al comienzo, para la gente era una garantía de tranquilidad el hecho de que Néstor estuviera cerca de ella y apareciera como un asesor. Y gracias a esa confianza, que ponían en la continuidad, nadie cuestionó demasiado el hecho de que en realidad no haya habido una verdadera selección política de la candidata, sino que fue cooptada directamente por el marido. Pero posteriormente, lo que aparecía como algo muy bueno, ahora se lo vive como si ella no hubiera terminado de asumir en los puntos más críticos del proceso político y económico. Y la está transformando en una figura subsidiaria con respecto a un marido, que aparece muy duro y obstinado, a juicio de la gente”.

Esta incertidumbre respecto del real liderazgo de la Presidenta tomó volumen a partir del conflicto que mantuvo el Gobierno nacional con las entidades patronales del sector agropecuario y la oposición más reaccionaria. En ese entonces, el ex presidente, ahora amparado en su nuevo rol de jefe del Partido Justicialista, tomó las riendas de la batalla pública contra el lock out agrario.

La presencia del santacruceño en el podio oficial permitió un “reparto del discurso que no se daba cuando él era presidente”, asegura el decano y titular de la cátedra de Análisis del Discurso de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Austral, Damián Fernández Pedemonte.

“Donde había un discurso del poder, ahora hay dos. Él se sigue especializando en los discursos duros, de barricada, de manera que la Presidenta pueda reservarse los anuncios y las palabras diplomáticas”, señaló el académico.

Desde su punto, para Di Tella, hubo “un mal manejo” del conflicto con las entidades del agro: “Los Kirchner están convencidos que lo que ellos creen está bien. Y esto es una característica muy universal; pero en este caso, ellos podrían tener un poco más de duda”.

DEL ESTILO K AL LOOK DE CFK. Más allá de esta (sub) división de poderes de los Kirchner ¿hay en la Presidenta rasgos de imagen que la diferencien de su marido en el ejercicio público del poder? ¿Introdujo cambios comunicacionale significativos?

Para Fernando Braga Menéndez, el famoso publicista creador de la simbología “K”, Cristina tiene estilo propio. “Tiene una capacidad oratoria extraordinaria y lo que dice siempre lo enmarca en un contexto conceptual”, sintetizó, pese a que no considera que haya introducido “un cambio comunicacional significativo respecto de su predecesor”.

Desde otra posición, Pedemonte asegura que, pese a esa capacidad oratoria, no nota en la Presidenta “ningún esfuerzo por adaptarse al auditorio”. “Es en eso más distante y menos eficaz que Néstor: no logra acercarse a la clase media, como pretende, a la par que se aleja de los sectores bajos a los que el ex presidente se dirigía desde un punto de enunciación más próximo”. A esta diferencia, agrega otra: “En ámbito público, Cristina acude siempre al discurso, allí donde Kirchner contaba también con otros recursos, como los gestos y el humor, por ejemplo”.

“Ella intentó cambiar el estilo, como al dar una conferencia de prensa. Pero eso se frustró porque tomó esas medidas después de que se produjo ese colapso de las expectativas de mayor apertura e institucionalidad que tenían los sectores medios”, consideró Muraro, y recalcó que su “estilo estuvo determinado en que a ella le tocó bailar con la más fea. Tuvo contingencias muy duras. Como el conflicto con el campo, el proceso inflacionario o la serie de acontecimientos de Atonini Wilson”.

LA OBSESIÓN POR EL DECIR. En todo esquema de dominio, el poder de la nominación es fundamental y eso parece no escapársele a la Presidenta. El ímpetu por la rotulación de fenómenos, como el “efecto jazz” para la crisis financiera internacional o los “piquetes de la abundancia” para el lock out agrario, fue una constante en los más de 300 discursos oficiales que pronunció en este año de gobierno.

Fernández Pedemonte destaca que este rasgo denota que ella “tiene aún más confianza que él en el poder de su propio discurso” y sabe que el “poder de enunciar es condición de posibilidad de su gobierno”.

Incluso Braga Menédez, quien políticamente siempre se paró del lado oficial, resume esta idea con simpleza: “Él es un excelente hacedor y ella excelente expositora”.

LA FRAGMENTACIÓN DE LA OPOSICIÓN. Pese a estas ambiguedades y a la pérdida de popularidad de la gestión K (Muraro habla de una caída de 20 puntos), la Presidenta se encontró con una oposición fragmentada e incapaz de articular un discurso que seduzca a los sectores desilusionados.

La Coalición Cívica, la Unión Cívica Radical, el socialismo, el justicialismo de derecha, entre otros, no se han “involucrado en las demandas de la sociedad. Durante la crisis del campo, se plegaron para sacarse una foto. No fueron gestores ni actor prominentes”, explica Muraro y sentencia: “En este momento, los factores de cambio de la sociedad argentina pueden ser dos: o las iniciativas del gobierno o la de los movimientos sociales”.

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