Cristina esquivó los piquetes en helicóptero

Los trabajadores despedidos de la empresa Mahle y la Corriente Clasista y Combativa, en apoyo a los reclamos de Kraft, protestaron en las cercanías de la automotriz, pero no pudieron acercarse a la Presidenta.
"Me tocó manejar el Ágile y es un autazo. Los argentinos invertimos bien la plata". Con esa frase, la presidenta Cristina Fernández cerró la presentación oficial del nuevo modelo de Chevrolet, que se comenzó a fabricar en la planta de Rosario con el aporte de 259 millones de pesos de un crédito de la ANSES, que la automotriz comenzará a devolver cuando empiece a exportar este vehículo. En su discurso en la planta de General Motors, Cristina Fernández aprovechó para enviar un mensaje a los gremios al poner "como ejemplo" a SMATA, sindicato que conduce en Rosario Marcelo Barros, un dirigente que se ganó un par de palmadas en la espalda de la Presidenta y que fue clave en las negociaciones durante el conflicto que estalló en la terminal el año pasado, cuando la empresa amenazó con despedir a más de 200 trabajadores.

SMATA se mantuvo siempre encuadrado en el marco de las negociaciones que fueron supervisadas por el Ministerio de Trabajo y, tras un acuerdo que incluyó suspensiones rotativas del personal, logró atravesar el peor momento de la crisis del sector. Pero Cristina apuntó fuera de General Motors, más precisamente al conflicto de Kraft, al asegurar: "Aquel que grita no siempre tiene razón. Es preciso saber cómo se ingresa y cómo se sale de un conflicto y para qué, porque siempre el pato terminan pagándolo los trabajadores".

A unos cinco kilómetros de la planta de GM, unos 500 militantes de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), que tuvieron una participación protagónica en el conflicto en la ex Terrabusi, esperaron a la Presidenta con un piquete en las dos manos de la autopista Rosario-Buenos Aires, donde reclamaron la puesta en marcha del plan de Ingreso Social con Trabajo, que –según el anuncio oficial– preveía una inversión de 1.500 millones de pesos para la creación de 100 mil nuevos puestos de trabajo a cooperativas. Eduardo del Monte, referente de esa agrupación en Rosario, aseguró que "acá no llegó absolutamente nada. Y queremos que nos expliquen por qué va todo al conurbano bonaerense".

Desde su helicóptero, Cristina también pudo divisar otro piquete frente a la planta de GM, que instalaron trabajadores despedidos de la autopartista Mahle, que reclaman la reapertura de la fábrica de aros de pistón desde el 27 de abril pasado.

El 4 de junio pasado, cuando Cristina pisó por primera vez la fábrica de autos para anunciar que el Estado argentino aportaría 259 millones de pesos –a través de un crédito a 120 meses con fondos de la ANSES–, un grupo de trabajadores de Mahle le entregó un pulóver que habían tejido las mujeres mientras esperaban las negociaciones con el Ministerio de Trabajo de la Nación, que hasta ahora no llegaron a buen puerto. Unos 40 operarios de Mahle ayer estaban del otro lado del alambrado y sobre la ruta como continuidad de ese reclamo.

Fuera de las protestas y las internas gremiales, la Presidenta defendió el crédito que el gobierno nacional otorgó a GM –que empezará a devolver cuando se empiece a exportar a Brasil el nuevo modelo–, que "generó tantas críticas", según se ocupó de resaltar. Y el titular de la automotriz, Edgardo Lourencon, le mostró el producto terminado y hasta le pidió a Cristina que diera una vuelta.

Lourencon, quien dejará en los próximos días el cargo a Sergio Rocha, fue el encargado de dar las "buenas noticias". Detalló que desde que recibieron los fondos estatales –unos 300 millones aportó la propia empresa–, sumaron más de 575 nuevos puestos de trabajo, en una planta que posee un plantel total de 4.000 empleados.

El presidente de GM también anunció que por primera vez en octubre la terminal quebrará la tendencia negativa al producir 8.000 vehículos, una marca que –según el ejecutivo– "es récord mensual en 2009".

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