Cristina espera que el yuyo la saque del pantano fiscal

Por: Jorge Oviedo.

Aunque quiso presentarlo como repaso y anuncio de los supuestos éxitos de la política oficial en materia económica, la presidenta Cristina Kirchner hizo en la semana que pasó una ampulosa y verborrágica presentación pública en la que celebró el rotundo fracaso de una de las políticas que más firmemente defendió.

La titular del Ejecutivo sostuvo, como si se tratara de una verdad revelada, que se espera -aunque ella la dio por segura- una excelente cosecha de soja. Ella es la misma Presidenta que se propuso, afortunadamente sin éxito parece ahora, la desojización del país. Nada dijo de la peor cosecha de trigo en más de dos décadas, producto de la menor área sembrada en más de cien años.

El "yuyo", como lo llamó despectivamente en 2008 en plena batalla por el aumento de la presión tributaria a los productores, es ahora la única esperanza para salir del pantano fiscal en el que los Kirchner se metieron con su política de gasto enloquecido, al que denominan "redistribución". En 2009, los menores precios de exportación hicieron caer los ingresos fiscales del Tesoro y la solución que los Kirchner encontraron fue apropiarse de los recursos destinados a pagar haberes y servicios de salud a los jubilados para financiar, incluso, proyectos más que discutibles, como el denominado "fútbol para todos".

La esperanza para 2010 es que los derechos de exportación aporten a partir de abril muchos más recursos que en el año último, básicamente por la venta de la cosecha del "yuyo". Habrá que verlo, porque el Gobierno necesita, y muchos sectores económicos esperan, que no sólo haya buena producción de soja y buenos precios, sino también que los productores vendan lo que producen en lugar de atesorarlo en silos, como pasa en los momentos de gran incertidumbre política y económica. El clima que han creado los Kirchner con las temerarias maniobras para dilapidar las reservas del Banco Central y destituir al presidente de la autoridad monetaria por un procedimiento viciado de autoritarismo no ayuda para nada.

Otras políticas oficiales han generado también importantes problemas y riesgos. La Presidenta se ufanó del fuerte superávit comercial de 2009 y lo consideró un logro de sus políticas. El récord de saldo favorable superó al de 2002, un año en el que la recesión y la devaluación redujeron las importaciones a su mínima expresión.

Pero en 2009 no sólo la muy importante recesión redujo la demanda de bienes externos. También las prohibiciones del Gobierno, a veces explícitas y en otras no escritas, jugaron un importantísimo rol. El Gobierno dice que quiso defender el trabajo argentino, pero el hecho de cerrar las fronteras a bienes que no se fabrican aquí muestra que, en realidad, no quería perder más divisas que las que le restaba la fenomenal fuga que se aceleró muchísimo por la confiscación de los ahorros acumulados en las AFJP, y que duró hasta la segunda mitad del año.

Uno de los sectores más afectados fue el de neumáticos. El desabastecimiento de productos que no se fabrican aquí para toda clase de vehículos perdura, a pesar de que el Gobierno ha prometido solucionar la cuestión, manteniendo las licencias no automáticas, pero haciéndolas "casi automáticas". Los empresarios de los sectores involucrados todavía "quieren ver" el funcionamiento del esquema mejorado que les prometió la ministra Débora Giorgi. Sin embargo, es probable que las restricciones sean mucho menores que hasta ahora por un argumento de peso: las quejas y contramedidas que aplicó Brasil. El final de la paciencia de los funcionarios del vecino país significó que muchos camiones con exportaciones argentinas quedaran en la frontera durante días sin poder ingresar.

Aunque las cosas se normalicen, ahora hay quienes aseguran que no hay suficientes existencias para atender una demanda de neumáticos para camiones, que se espera crecerá fuertemente en marzo, cuando comiencen los aprestos para levantar precisamente la cosecha del "yuyo". Es probable que, por entonces, dicen en el sector, haya desabastecimiento y comiencen las quejas públicas por sobreprecios. Entonces, tal vez, sirva de poco que no haya trabas a las importaciones, ya que las fábricas brasileñas dicen estar muy cerca de ocupar toda la capacidad de que disponen, ante una demanda en alza. Sucede que en el principal socio del Mercosur también esperan una cosecha récord de soja.

La Argentina puede pagar el precio de haber sido uno de los países que más aumentó las protecciones contra las importaciones en el mundo, dicen en la Unión Europea, y afirman que cuando se reanuden las negociaciones con el Mercosur será un punto para tratar, porque ha generado numerosos inconvenientes.

Pero en materia de comercio exterior, lo más negativo de los últimos días fue que el gobierno de los Kirchner volvió a considerar a la política exterior como una mera extensión de segundo orden de importancia de la política doméstica. La suspensión del viaje presidencial a China parece un error muy importante, de los tantos que ha cometido la administración kirchnerista en los pocos días del año en curso. El gigante de Asia será pronto la segunda economía del mundo y las posibilidades de hacer tratos provechosos es enorme.

No hay trenes a China todos los días

Además, entenderse con países culturalmente tan diferentes no es algo que se haga en un día y la oportunidad de una visita de Estado no es algo que deba dejarse pasar. Francisco Macri contó alguna vez a un interlocutor ocasional las dificultades que afrontó al asociarse con chinos. "Son muy amables y corteses, podés pasarte una entrevista entera hablando con un funcionario o empresario e irte muy contento de lo bien que te fue, para darte cuenta en el segundo encuentro que habías hablado con el chino equivocado", relató Macri. "Si le planteás a alguien un tema que no es de su área, jamás te lo dirá en un primer encuentro, porque para sus normas de educación y cortesía, sería un acto de rudeza inaceptable, sólo si volvés con la misma cuestión te aclaran cómo son las cosas. Y como ese detalle, podés tropezar con miles de diferencias", relataba Macri, en una recepción con sus socios chinos. La escena transcurría en una galería de arte y un asistente le avisó al empresario argentino que sus socios harían una recorrida para admirar las colecciones y le preguntó si quería acompañarlos. "Fueron recién y yo los acompañé", razonó en voz alta, ante su interlocutor. "Si fueran argentinos, estaría excusado de ir de nuevo con ellos, pero con los chinos podría ser tomado como una descortesía, o no, así que por las dudas voy", dijo, pragmático.

La Argentina puede tener algunas oportunidades poco mencionadas con China. Martin Hoelz, principal consultor a nivel mundial de Deloitte para la industria automotriz, predice que para 2020 uno de cada tres autos nuevos será eléctrico, porque China está impulsando esa tecnología. Sus grandes yacimientos de litio le permitirían abaratar un componente muy costoso: las baterías.

La Argentina tiene yacimientos de litio y ya la japonesa Toyota se aseguró poner un pie en el negocio local. Pero, sin decisión política, será otra de las muchas ocasiones perdidas por el kirchnerismo y su adicción a innecesarias batallas.

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