Cristina, entre el merengue y la salsa

Por Martín Dinatale

¿Podrá Cristina Kirchner convertirse en una equilibrista caribeña? ¿Logrará la Presidenta bailar merengue o salsa con Dios y con el Diablo al mismo tiempo sin mareos ni contratiempos? ¿Podrá Cristina Kirchner convertirse en una equilibrista caribeña? ¿Logrará la Presidenta bailar merengue o salsa con Dios y con el Diablo al mismo tiempo sin mareos ni contratiempos?

Algo de esto deberá demostrar en las próximas horas la jefa del Estado en las visitas oficiales que desde anoche emprende por Cuba y por Venezuela.

A pesar de todos los pronósticos y anuncios realizados, Cristina Kirchner no visitará ni recibirá en La Habana a Hilda Molina, la médica cubana disidente que no puede viajar a la Argentina donde tiene a sus dos nietos.

En lo formal, el gobierno argentino dirá que por tratarse de una visita oficial se deben respetar las pautas impuestas por Cuba. Desde La Habana se dijo que la última visita que hizo el entonces presidente de México, Vicente Fox, a Cuba, donde se reunió con disidentes de la isla, generó un gran revuelo que las autoridades cubanas no están dispuestas a repetir.

Cristina Kirchner suele hacer una fuerte autopropaganda por el discurso de defensa a los derechos humanos que prevalece en su administración y en la de su antecesor Néstor Kirchner. Este es un item de su gestión que le acaba de reconocer la organización no gubernamental más importante en el mundo en materia de derechos Humanos, Human Right Watch. Esta organización emitió un extenso documento la semana pasada donde hizo un duro cuestionamiento a la ausencia de derechos humanos tanto en los Estados Unidos como en Cuba y en otra veintena de países. Ubicó a la Argentina como uno de los países con mejor política de derechos humanos. Pero le reclamó a la Presidenta que en su viaje a Cuba lleve este mismo afán de defensa de una de las claves de su política a las autoridades cubanas.

De confirmarse, el anuncio de la delegación argentina que admitió que no habrá reunión con Hilda Molina ni con ningún disidente cubano que clama por los derechos humanos en la isla se desnudará una abierta contradicción del discurso presidencial. Se expondrá claramente que hay una política de derechos humanos hacia adentro del país y otra hacia fuera. Allegados a la Casa Rosada sostienen que en la reunión que la Presidenta mantendrá con Raúl Castro hablarán del tema Hilda Molina y habrá un reclamo formal por la médica cubana. Pero la diplomacia es una vidriera de gestos y no será en La Habana donde Cristina Kirchner podrá cristalizar su política de derechos humanos que tanto defiende. Hilda Molina tendrá que conformarse con nuevas promesas y con la información que la prensa pueda dar de la reunión entre Cristina Kirchner y Raúl Castro.

A la vez, la Presidenta llega el miércoles a Venezuela donde tampoco la espera una agenda fácil. Se dispone a mediar en un conflicto entre la siderúrgica Ternium-Sidor, de mayoría capital argentino, y el gobierno de Hugo Chávez que acaba de nacionalizar la compañía. En la empresa esperan que Cristina se involucre y defienda al capital nacional. No será tarea sencilla sobre todo si se tiene en cuenta que hace unos días el vicepresidente de Venezuela, Ramón Carrizales, calificó de "prepotente" y "colonizadora" a la empresa ante el fracaso de negociaciones sobre contratos colectivos de trabajo. Carrizales dijo que Venezuela tomará el control de la acería y negociará la indemnización a Techint, principal accionista de Ternium-Sidor. ¿Podrá la presidenta argentina hacer frente a tamaña decisión de Chávez? Y en el caso de que avance con esas negociaciones cómo explicará la política estatizadora que desplegó con su esposo en los últimos años en la Argentina. ¿Cómo hará para cuestionar esa modalidad en el exterior?.

Otra contradicción aparece en el horizonte de la política interna y externa del mundo kirchnerista.

Bailar salsa y merengue con Dios y con el Diablo no parece ser una tarea sencilla.

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