Cristina, entre el cholulismo y la dura realidad.

Por Fernando Laborda.

Las imágenes registradas la tarde del miércoles pasado en la sede diplomática argentina en La Habana quedarán grabadas por mucho tiempo en la memoria de los allí presentes.

Acababa de llegar la presidenta de la Nación y la algarabía de los miembros de la comitiva oficial era indisimulable. ¿Qué justificaba tamaño alborozo? ¿Acaso la primera mandataria regresaría a su país con la doctora Hilda Molina a su lado en el Tango 01? ¿O se avendría el gobierno cubano a negociar su vieja deuda con la Argentina? Nada de eso. El júbilo tenía otra explicación: Cristina había podido saludar personalmente a Fidel Castro y hasta había una foto del histórico encuentro que, 48 horas más tarde, daría la vuelta al mundo. El objetivo estaba logrado.

¿Dejó la gira por Cuba y Venezuela algo más que la mera satisfacción del cholulismo presidencial? Para la mayoría de los analistas en política internacional, prácticamente nada. Para los expertos gubernamentales en construcción del relato, mucho más de lo que cualquiera pueda imaginar.

Ante todo -señalaron voceros de la Casa Rosada- el viaje dejó plata . Aludían a que una empresa argentina obtuvo una licencia para comercializar los famosos habanos Cohiba en América latina y que otro grupo nacional logró una representación para vender productos medicinales cubanos en la región, al tiempo que se incrementarán las compras por parte de Venezuela de arroz y de vacas argentinas. Si es que éstas sobreviven a la sequía, claro está.

El optimismo que intentan derramar los funcionarios kirchneristas no concluye allí. Según su particular visión de las relaciones internacionales, la Argentina puede convertirse en un puente entre los Estados Unidos y varios países de la región, como Cuba, Venezuela y Bolivia, que tienen mejores relaciones con los Kirchner que con el gobierno brasileño.

La reunión del G-20, prevista para el 2 de abril próximo en Londres, de la que participará la Argentina, comienza a provocar entusiasmo en la Casa Rosada, donde varios funcionarios recitan a coro uno de los principales mensajes de Barack Obama en su asunción: El mundo ha cambiado .

¿Qué cambiará para la Argentina? Por empezar, existe confianza en el gobierno de Cristina Kirchner en que, a partir del encuentro del G-20, comenzará una nueva era del capitalismo que incluirá reformas sustanciales en el FMI y el Banco Mundial, con el fin de que los organismos internacionales de crédito tengan políticas procíclicas y no contracíclicas y asistan más debidamente a los países en desarrollo. Funcionarios argentinos y brasileños tienen previsto reunirse hacia mediados de febrero para avanzar en una posición común en ese sentido. Si todo marcha como el Gobierno espera, podría presagiarse que 2010 encontrará a la Argentina trabajando de nuevo junto a un remozado FMI.

¿Qué cambiará en Cuba? El gobierno argentino aguarda confiado que, con el cierre de la cárcel de Guantánamo y con probables acercamientos para que se ponga fin al embargo norteamericano, las autoridades cubanas flexibilicen sus posiciones. El futuro de Hilda Molina y de sus nietos que la esperan en la Argentina dependerá más de esas negociaciones que del lobby de la cancillería argentina.

¿Por qué los disidentes cubanos que solicitaron una entrevista con Cristina Kirchner fueron ninguneados por la Presidenta? Accedimos a un pedido de las autoridades cubanas. Raúl Castro quiere administrar él mismo el proceso de apertura y no estábamos dispuestos a ensuciarlo políticamente , respondió un vocero de la Casa Rosada. Por la misma razón, la Presidenta no se reunió con Hilda Molina.

Parece exagerada la cautela de un gobierno que, desde que asumió en 2003, enarboló la bandera de la defensa de los derechos humanos y de una jefa de Estado que, un año atrás, al recibir en la Casa de Gobierno al presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, le cuestionó en público y ante las cámaras de televisión las violaciones a los derechos humanos en ese país. Ustedes cuentan con inmensos recursos hidrocarburíferos en un mundo donde la energía, el petróleo y el gas son indispensables. Pero no puedo dejar de expresarle, señor presidente, nuestra honda preocupación por la situación de los derechos humanos en su país , le dijo Cristina Kirchner al sorprendido mandatario africano.

Un gesto similar ante los hermanos Castro hubiera merecido mucho más reconocimiento en el mundo hacia la Argentina que la simple foto que muestra a nuestra presidenta junto al anciano dictador en jogging .

La deuda que Cuba contrajo con la Argentina en 1973, en tiempos de Ber Gelbard, es hoy incobrable. Eran originalmente 600 millones de dólares, destinados a la compra de automóviles y otros bienes argentinos; algunos de los Ford Falcon y de los Peugeot 404 adquiridos en esa época aún circulan por la isla caribeña. Según fuentes gubernamentales, actualizada, esa deuda ascendería a 2700 millones de dólares. Sin embargo, no hubo ninguna gestión para recuperar parte de ese dinero durante la visita presidencial a Cuba. En algún momento se barajó la idea de canjearla por beneficios impositivos para inversiones argentinas en turismo, pero un convenio firmado entre cubanos y españoles complicaría esa posibilidad, sumado al hecho de que España no está hoy en condiciones de abrir el juego por su recesión , aclaró un funcionario argentino.

Con aquel crédito de los años 70, la Argentina rompió el bloqueo impuesto a Cuba por los Estados Unidos. Poco después, en medio del acoso de las organizaciones guerrilleras, tanto Juan Domingo Perón como su esposa tomaron distancia del régimen castrista y la deuda continuó impaga. Más curioso aún es que el gobierno militar establecido en 1976 tampoco se preocupara por esa deuda, aunque quizás a cambio logró que Cuba bloqueara, en 1980, una resolución propuesta por los Estados Unidos para denunciar el drama de los desaparecidos en la Argentina en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Son las paradojas de la historia: el mismo líder cubano que apoyó al régimen militar argentino recibió el saludo y la admiración de Cristina Kirchner.

¿Atraerá el país más inversiones de la mano de fotos de la Presidenta con Chávez y Fidel?

El escenario económico nacional da cuenta de acciones defensivas por parte de empresas y familias. La postergación de inversiones o de gastos importantes es la característica central. El único sector que puede crecer es el de la obra pública. Aumenta el número de locales vacíos en alquiler en el área metropolitana. Se cierran restaurantes. Quien tiene el dinero para comprar un inmueble no lo hace porque espera que bajen los precios. Y la sequía empieza a arruinar al sector más dinámico de la economía y también las cuentas públicas.

El Gobierno le reclama a la gente que consuma. Pero los sectores medios, antes que por comprar electrodomésticos o cambiar el auto, parecen más inquietos por poder pagar las tarifas eléctricas, las expensas y el colegio de los chicos.

En el medio de todo esto, se aproxima la discusión salarial. Habrá techo , afirman en el Gobierno. Las autoridades apuestan al 13 por ciento, aunque admiten que la realidad podría imponer el 15. De otra forma, la variable de ajuste será el empleo , conjeturan. No le temen a Hugo Moyano. Sí a los docentes bonaerenses: una demanda desmedida, además de conflictividad, arrastraría al sector público y pondría en riesgo las cuentas fiscales.

Por ahora, el kirchnerismo se regodea con el discurso de Obama y su convicción de que el mercado actúa muchas veces con irresponsabilidad y necesita un ojo vigilante , una frase que habrá sonado como música para los oídos de Cristina Kirchner. El cholulismo del poder debería dejarle ver que la irresponsabilidad con que puedan actuar los agentes del mercado nunca será más grave que la irresponsabilidad con la cual pueden actuar los agentes de un Estado en el que no existen los controles y donde los gobernantes tienden a concentrar el poder.

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