Cristina echó al defensor del Estado por la crisis

Cristina echó al defensor del Estado por la crisis
Por su desacuerdo con la estrategia de profundizar el enfrentamiento judicial, la Presidenta desplazó al procurador del Tesoro. El martes había declarado contra Redrado en el Congreso.
La estrategia judicial que asumió el gobierno nacional en la crisis por el Banco Central se cobró anoche la primera victima oficial con la renuncia del procurador general del Tesoro, Osvaldo Guglielmino. El jefe de los abogados del Estado, que fue clave en las presentaciones del Poder Ejecutivo contra Martín Redrado, la jueza María José Sarmiento y diputados de la oposición, será reemplazado por Joaquín Da Rocha, ex representante de la Casa Rosada en el Consejo de la Magistratura.

Guglielmino se fue en desacuerdo con profundizar la política de confrontación que el Gobierno decidió llevar adelante para responder a lo que Néstor Kirchner denomina "las chicanas del partido judicial". En eso coincidieron ayer fuentes oficiales y allegados al ex funcionario. "Se fue porque se negó a embarrar más la cancha en la presentación contra Sarmiento", aseguró a Crítica de la Argentina un abogado que lo conoce bien.

El procurador oficia además como principal asesor jurídico del presidente. El fin de semana pasado, fue sorprendido en Pinamar por un llamado en nombre de Cristina Fernández de Kirchner que le exigía la renuncia. El último acto de sus seis años de gestión fue la declaración que brindó el martes pasado ante la comisión bicameral que analiza la destitución de Martín Redrado del Banco Central. Tras su intervención se negó a hacer declaraciones. Ya en ese momento, tenía en el bolsillo la dimisión que presentó en Balcarce 50 apenas abandonó el Congreso.

Con su salida, el Gobierno descargó sobre un funcionario de menor exposición las responsabilidades por una estrategia judicial que redundó en más problemas que soluciones. Así, el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, se libera por un tiempo de los cañones que, incluso en el seno del Gobierno, apuntaban hacia él. Zannini acompaña a los Kirchner desde hace veintitrés años y es uno de los pocos hombres que accede a la intimidad de la residencia de Olivos.

Pese a que evitó un pronunciamiento público, Guglielmino nunca coincidió con todas las presentaciones judiciales que le tocó realizar y lo hizo saber a sus superiores. Según reconoció a Crítica de la Argentina un miembro del gabinete que trabajo en las presentaciones judiciales que hizo el Ejecutivo desde que estalló la crisis, el ahora ex funcionario no estaba conforme con la denuncia contra la jueza en lo contencioso administrativo Sarmiento. "Es un error enfrentar al Poder Judicial. Esto nos va a llevar a un escenario más complicado", argumentó. "¿Por qué tenés tanto miedo?, ¿te estas candidateando para volver a ser juez?", fue la respuesta que recibió de un dirigente alineado de manera incondicional con el matrimonio presidencial.

De alguna manera, Guglielmino alertaba sobre la carencia de interlocutores que le quedan al gobierno nacional en los tribunales, un frente descuidado desde la salida del ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, el hombre que había convocado al ex procurador. Hasta que asumió su cargo en 2004, en reemplazo de Horacio Rosatti, Guglielmino se había desempeñado en el mismo fuero que Sarmiento y mantenía con ella un buen vínculo.

El ahora ex procurador tampoco acordaba en denunciar al macrista Federico Pinedo –a quien lo unía una larga relación– y a Juan Carlos Vega por "estafa procesal". Estaba incómodo en el rol de punta de lanza que le había asignado el matrimonio presidencial en la batalla contra Redrado, los jueces y la oposición. De alguna forma, consideraba un error alimentar la judicialización que tanto irrita a Kirchner desde que estalló la crisis por el Fondo del Bicentenario. Ayer al mediodía, casualmente, Guglielmino se cruzó con Pinedo y con Jorge Triaca (h) en un restaurante porteño e intercambiaron algunas palabras. Desde que asumió en 2004, Guglielmino se presentó como un técnico que no llegaba a la función pública por su compromiso con el proyecto kirchnerista. "Ahora soy el abogado de la Argentina", dijo en su debut como funcionario. Quienes lo frecuentan coinciden en que este experto en derecho administrativo es dueño de un caracter temperamental que lo lleva a discutir incluso con sus superiores. "Yo no soy un hombre así", solía repetir. Esta semana, esa firmeza le costó el cargo.

Quería ser ministro de la Corte

"No soy kirchnerista, ni siquiera sé si soy peronista, sólo sé que soy un patriota", fue la primera declaración de Osvaldo Guglielmino cuando asumió su cargo hace cinco años y medio. Su sueño de mínima era emular a los procuradores de comienzos de siglo que trascendieron más de un gobierno, más allá del color político. Sentía orgullo de ser abogado del Estado, especialmente cuando viajaba a París o Washington a defender al país en los juicios internacionales que accionistas de empresas privatizadas entablaron ante el tribunal del Banco Mundial (CIADI) tras la devaluación.

Pero su gran aspiración era llegar algún día a la Corte Suprema de Justicia. Mantenía con esmero un vínculo estrecho con la comunidad jurídica. Su pasado como juez en lo contencioso administrativo creía que le podía jugar a favor a la hora de lograr respaldo para el máximo sillón al que aspira cualquier funcionario del Poder Judicial. Siempre recordaba que el ex presidente Néstor Kirchner lo llevó a la Procuración del Tesoro por haber fallado en contra de los bancos en plena locura del corralito financiero. "Llamé al presidente de BBVA y le dije que si no devolvía los ahorros lo metía preso", solía recordar. Hombre de principios y carácter fuerte, con la ley bajo el brazo.

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