Cristina, a los decretazos hasta el final

Por Jorge Oviedo

Néstor Kirchner prometió dejar "un país normal". Ni siquiera se cumplirá durante el mandato de su esposa. La Argentina terminará los dos mandatos del matrimonio tal como cuando llegaron los santacruceños a la Casa Rosada: en emergencia económica.

Los Kirchner pueden decir sin faltar a la verdad que durante las dos presidencias hubo un fortísimo crecimiento económico, que creció el empleo, que aumentaron las reservas del Banco Central que hasta pudieron ser dilapidadas en pagarle por anticipado y sin quita al FMI, que crecieron las exportaciones y hubo superávit de la balanza comercial.

Lo que no parecen poder responder es por qué un país tan próspero como el que ellos dicen presidir requiere la permanencia de la emergencia económica.

Los consortes no reconocen que la Argentina tiene un problema de inflación enorme, que la crisis energética tiene al país desde hace años caminando por la cornisa de una catástrofe, que pese al supuesto superávit fiscal nunca se regularizó la situación con el Club de París ni con los bonistas que no ingresaron al canje, ni se dice cuál es el verdadero índice de precios para reducir el pago de deuda.

Los Kirchner tampoco reconocen que han tenido el importante instrumento legal de la emergencia para poder renegociar todos los contratos de los servicios públicos privatizados y en más de seis años no pudieron completar el trabajo. No sólo eso, están caídos contratos que el mismo matrimonio presidencial hizo, que finalizaron y no han sido renovados. Es el caso de los corredores viales por peaje.

La necesidad de la emergencia sólo se explica por la permanente voluntad de los Kirchner, que estudiaron abogacía, de moverse por fuera del normal desempeño de las instituciones. Son ellos los que se han garantizado que no ocurrirá, si de ellos depende, lo que prometieron. Que no discutirán el presupuesto con el Congreso, que lo modificarán cuantas veces quieran, que no buscarán consensos y acuerdos políticos sobre medidas trascendentes. Lo de ellos es el anuncio rimbombante y a los demás, entre quienes se encuentran sus ministros y legisladores, sólo les queda alabar. Y cuando un proyecto va al Congreso, debe ser aprobado sin cambiar una sola coma.

La emergencia es la excusa perfecta, pero los Kirchner disimulan mal. ¿Hay necesidad y urgencia para incluir en el presupuesto los gastos derivados por un aumento salarial a las Fuerzas Armadas o la movilidad de las jubilaciones dispuesta por el propio Congreso?

El presupuesto, llamado "ley de leyes", debe ser confeccionado por el Congreso y el Ejecutivo está fuertemente limitado para modificarlo. Pero los que prometen "país normal" son una máquina de acumular superpoderes, excepciones, atajos, como si en lugar de funcionarios de una democracia se tratara de titulares de una monarquía absoluta.

Si una catástrofe económica y financiera permite entender que se actúe con normas de excepción, los Kirchner podrían explicarle a la sociedad por qué razón tienen más facultades excepcionales que las que tuvo incluso Eduardo Duhalde, a quien le tocó una época ciertamente más complicada que la que los Kirchner hayan afrontado jamás.

No importa que Cristina haya hecho campaña diciendo que habría un "cambio dentro del cambio". La única cosa que cambió es que en lugar de firmar muchos decretos de necesidad y urgencia para modificar el presupuesto, como hacía su marido, la Presidenta prefiere lanzar uno solo, que en realidad, rehace a su voluntad toda la ley. El "país normal" no llegará durante su gestión.

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