Cristina comanda la estrategia política en un Senado complicado

Por: Eduardo van der Kooy

Los teléfonos suenan ahora en Nueva York, no en Olivos. Cristina Fernández sigue en la Asamblea de la ONU y Néstor Kirchner en su refugio residencial. La ley oficial de medios es el gran objetivo político del matrimonio en este tiempo. Pero los papeles, al menos por un rato, parecen haberse trastocado. ¿Por qué razón? Porque la Presidenta es una profunda conocedora de los reglamentos y los vericuetos del Senado, donde el kirchnerismo y la oposición están empezando la segunda batalla de esta prolongada confrontación.

Aquel conocimiento viene de los años tormentosos en que Cristina ejerció como senadora, en especial durante el ciclo de Carlos Menem. Miguel Pichetto, el jefe del bloque de senadores oficiales, marcó ayer varias veces el número del teléfono que la Presidenta lleva encima en Manhattan. El legislador rionegrino es su interlocutor de confianza. Esa confianza se fue granjeando, curiosamente, en los tiempos menemistas, cuando Pichetto llevaba la batuta menemista y Cristina oficiaba de opositora o disidente.

Tantas veces Pichetto debió hablar a Nueva York que provocó incomodidades y fricciones.

Los radicales se cansaron de los cabildeos oficiales ante cada diferencia que plantearon sobre las comisiones a las cuales deberá girarse el proyecto oficial de medios antes de que llegue al recinto principal.

La senadora Chiche Duhalde, en cambio, pareció perder la paciencia en la reunión de labor parlamentaria. Discutió con Pichetto y se retiró. Pero antes de hacerlo dejó un epitafio: "Pensé que iban a acompañar a los Kirchner hasta la puerta del cementerio. Pero es evidente que se quieren enterrar junto a ellos", disparó mientras se perdía en la oscuridad de un pasillo del Congreso.

El cambio de papel circunstancial de los Kirchner de ningún modo modificaría el núcleo de su estrategia. Ese núcleo sigue siendo el de siempre: que la definición del trámite en el Senado se haga antes del regreso de Cristina a Buenos Aires. Así será imposible que Julio Cobos, hasta ese momento a cargo del Poder Ejecutivo, le dé otro destino a la ley oficial de medios.

El vicepresidente ya le estaría apuntando a otra cosa. Hizo pública su posición sobre aquel proyecto. Podría hacer pública, también, una mirada sobre otra ley clave para los meses que vienen: la del Presupuesto 2010. Es una ley, en verdad, que observa toda la oposición, incluidos los aliados de la centro izquierda que le dieron la victoria al oficialismo en Diputados sobre la ley de medios.

Pero para eso habrá todavía que esperar. La oposición pulsea ahora para que la ley de marras pueda discutirse en más de dos comisiones, como los Kirchner ordenaron que se haga en el Senado.

Los opositores recurrieron a un antecedente para meter un aguijón en el cuerpo kirchnerista: recordaron cómo Jorge Capitanich, hoy gobernador del Chaco, había dispuesto en el 2001, cuando era senador, girar a cuatro comisiones y no sólo a dos un proyecto de radiodifusión enviado por Fernando de la Rúa.

La oposición parece querer recuperar en el Senado, siquiera en parte, la homogeneidad que perdió en Diputados. Allí se abrió una brecha entre los socialistas, los radicales y la Coalición Cívica de Elisa Carrió. El voto a favor del proyecto de nueve de los diez diputados del socialismo detonaron aquel distanciamiento.

El socialismo se vio, desde entonces, sometido a una presión política intensa que tuvo dos usinas: el interior del propio partido donde no todos comulgaron con la estratégica decisión de acompañar al Gobierno; el PJ de Santa Fe que, alineado en su mayoría con Carlos Reutemann, pretendió demostrar la connivencia de los socialistas con los Kirchner. Los socialistas también habían arrojado lacras sobre el senador cuando su ex ladera, Roxana Latorre, firmó el dictamen que ayudó a que los Kirchner obtuvieran las facultades delegadas.

En esa porfía mugrienta siempre sería atinado tener en cuenta algo: el próximo fin de semana hay elecciones provinciales en Santa Fe, en las cuales el socialismo debe afianzar su poder si pretende conservar en el 2011 la gobernación. Un podio al que los peronistas santafecinos, de cualquier signo, desean volver.

Aquella porfía podría explicar también, quizá, las condiciones que ha interpuesto Rubén Giustiniani para votar el proyecto oficial de medios. ¿Qué condiciones? Que se estire el plazo para la desinversión que deberán hacer los grupos mediáticos afectados por el proyecto de ley. De un año a tres. Que se modifique, además, la composición del órgano de control. Ambas cuestiones fueron rechazadas por los socialistas en en Diputados: pero esa votación en particular quedó minimizada por la aprobación de la ley, a cuya contundencia numérica colaboraron los socialistas.

Giustiniani hizo otra diferenciación respecto de los diputados partidarios. Respalda sin fisuras la estrategia opositora de enviar el proyecto oficial de medios a la mayor cantidad posible de comisiones parlamentarias.

El órgano de aplicación de la supuesta nueva norma sería una cuestión que la oposición no terminaría nunca de desentrañar. El Senado tiene en sus manos el proyecto aprobado por Diputados que diría, en ese sentido, cosas desconocidas hasta ahora. ¿Cuáles? Por ejemplo, determina en su artículo 32 que la prolongación de las licencias de la TV abierta y radios AM y FM en ciudades de más de 500 mil habitantes correspondería, en forma directa, al Poder Ejecutivo y no al órgano de aplicación que asoma en el centro de las disputas. Una demostración más, quizá, de la chapucería que habría rodeado la aprobación en Diputados.

La oposición enfrenta el desafío de la ley oficial de medios, pero también el de su futura articulación política. Se habla de una articulación parlamentaria, no electoral: hay escasos, casi nulos, indicios que señalen la posibilidad de que radicales, socialistas y la Coalición compartan una misma geografía electoral en el 2011. Cobos es número puesto para la UCR: pero ni Binner ni Carrió aparecerían dispuestos a acompañar al vicepresidente.

La esperanza de aquella articulación transita la ley de medios y apunta al Presupuesto y a otras normas impositivas que se acercan al Congreso. El IVA y el impuesto al cheque son, apenas, un par de ellas. En medio de las conversaciones por el proyecto oficial de medios permeó en el Senado, entre el oficialismo y la oposición, un objetivo similar: el impuesto al cheque debería formar parte, en adelante, de la coparticipación.

No sería esa una buena noticia para los Kirchner, cuando el dinero que ingresa al Estado está en un tobogán. Amado Boudou, el ministro de Economía, confesó que el superávit fiscal cayó casi un 85% en un año.

Los Kirchner no ignoraban esa realidad. De allí se explicaría que Cristina atienda su teléfono para instruir sobre la ley de medios mientras intenta seducir en Nueva York a un mundo económico y financiero que, desde hace rato, parece haberle perdido confianza.

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