Cristina cobra según la cara del cliente

Por Jorge Oviedo

Imagine que el pasajero sube al colectivo e indica al chofer su destino. El conductor lo mira y dice: tiene celular y caro, zapatos y ropa de primera marca, todos los tonos combinados, pelo cortado en peluquería fashion..... ¡son cinco pesos! El siguiente le refiere el mismo destino, y el chofer escudriña: pinta de jubilado del Estado.... zapatos gastados, ropa que ya debería haber remplazado y fuera de moda, discúlpeme, pero los colores no combinan tampoco, maestro.... ¡Bueh, un peso veinte!

¿Le parece una locura, no? ¿Y entonces qué le parece que se diga que no se le va a cobrar el impuesto al gas a quienes consuman mucho, pero no tengan televisión por cable ni celular?

Ahora comenzará una discusión sobre si es signo de riqueza tener celular o TV por cable y la verdad es que no siempre es así. Lo mismo que tener necesidad de consumir mucho gas cuando era barato no es un indicio de capacidad de pagarlo cinco veces más. ¡Ese no es el tema!

El tema es el desquiciado sistema de precios "justos" inventado por el kirchnerismo, que no podía terminar en otra cosa que lo que ha terminado: un desastre.

Los Kirchner primero inventaron, dejando congelados los valores en niveles ridículos, que el gas era un regalo que los productores transportistas y distribuidores debían hacerle a los usuarios. Hicieron populismo y de paso impidieron que las provincias donde gobernaban mandatarios que nos eran sumisos cobraran regalías y tuvieran recursos propios para no tener que humillarse mendigando en la Casa Rosada.

Luego apelaron a los subsidios. Le pagaron a Bolivia y a Trinidad y Tobago entre el triple y catorce veces lo que se pagaba a los productores locales. Es decir: los inventores del modelo productivo y supuestos adoradores de la producción nacional prefirieron que el gas fuera carísimo e importado antes que más barato y nacional.

Ahora, cuando explotan los desequilibrios que ellos mismos crearon, queda a la vista que su esquema de precios y tarifas es insostenible. Que es mentira que la energía y los combustibles puedan valer lo que valen, lo mismo que transporte público.

La solución es otro disparate: cobrarle sólo a los que pueden pagar. ¿Qué será lo próximo? ¿Fijar el precio del litro de nafta según el valor del vehículo en que se quiera cargarlo?

El tarifazo, además, es para el Estado, que quiere volver, con los Kirchner, a prestar servicios públicos. Eso sí, encomienda a los privados, como las distribuidoras de gas, que identifiquen quién tiene capacidad o no para pagar los aumentos. Quién es pobre y quién no. El Estado, empresario. Y las empresas privadas, identificando a quienes necesitan subsidio y otorgándoselo. Tal vez la canción de María Elena Walsh, El Reino del Revés, se habría llamado El Reino del Derecho, en el mundo de los Kirchner. Ese mundo donde dos abogados que se enriquecieron asombrosamente con la especulación inmobiliaria no pierden oportunidad de culpar de todos los males del planeta a los especuladores.

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