Cristina buscará en la cumbre del G-20 oxígeno para la economía

La solvencia fiscal y el valor del dólar para lo que resta del año, y el próximo, podrían quedar definidos esta semana, en una serie de reuniones internacionales donde se debatirán distintos caminos para superar la crisis internacional y, fundamentalmente para la Argentina, el financiamiento que las naciones desarrolladas pondrán a disposición de los países en vías de desarrollo.
Aunque la administración de Cristina Fernández concurrirá a estas citas con una posición doctrinaria (ver aparte), las decisiones que se tomen en estos encuentros tendrán una influencia determinante sobre la economía local.

En Medellín, durante la 50º Asamblea Anual de Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se está dando el primer debate y posiblemente condicionante de lo que suceda el miércoles y jueves, en la cumbre presidencial del Grupo de los 20 (G-20) que se desarrollará en Londres.

A la cumbre del G-20, la Argentina llega con una posición testimonial, pero en la práctica se buscará un alineamiento con Brasil y se respaldarán propuestas como la de China, que atacan al dólar como moneda del comercio internacional y refugio en la crisis.

El ministro de Economía, Carlos Fernández, y el presidente del Banco Central, Martín Redrado, intentaron en Medellín lograr una ampliación de los créditos del BID. En Londres la aspiración es mayor; se apuesta a una profunda reforma del Fondo Monetario Internacional (FMI) que facilite el acceso a líneas de crédito.

Como anticipó hace una semana El Cronista, la intención del equipo económico es lograr u$s 1.000 millones extra que ayuden a los Kirchner a transitar un tranquilo proceso electoral: despejar toda duda sobre su solvencia fiscal y capacidad de repago de la deuda que aún perduran para este año y el próximo, y domesticar al dólar.

Sin embargo, no será fácil para el país conseguir esos fondos. Básicamente, porque depende de que las naciones desarrolladas, y principalmente Estados Unidos, estén dispuestas a una capitalización extraordinaria de los organismos internacionales que se deberán sumar a los planes de salvatajes internos.

Además de gestionar los créditos del BID, Carlos Fernández y Redrado (también están los secretarios de Financiamiento, Herrnán Lorenzino, y Política Económica, Martín Abeles) tendrán reuniones con sus pares latinoamericanos y el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, en lo que serán encuentros preparatorios de la cumbre de Londres.

La cumbre del G-20 enfrentará a las dos visiones del G-7 para salir de la crisis: La de Estados Unidos –puso miles de millones de dólares en planes de salvataje con la aspiración de que la foto de la salida de la crisis sea idéntica a la del día previo con los mismos actores y en la misma relación de fuerza– y la de Europa, liderada por Alemania, y Japón, que no están tan de acuerdo en socializar las pérdidas. En primer ministro anfitrión, Gordon Brown, juega al equilibrio mientras nacionaliza bancos y presiona a Barack Obama para que internacionalice los salvatajes.

Pero China irrumpió con la propuesta –a la que adhirió Rusia– de crear una nueva moneda para el comercio internacional administrada por el FMI sobre la base del actual DEG (Derecho Específico de Giro). Brasil también se sumó y la Argentina observa en esta iniciativa una inesperada fuente de recursos.

"Si el FMI emite una nueva moneda va a tener que devolver los aportes de capital a los países y nos podría tocar unos u$s 3.000 millones que se corresponden con los aportes que realizó el país sin necesidad de ir a pedir", graficó un allegado al Palacio de Hacienda.

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