Cristina busca que Cobos pida licencia

Un emisario de la Presidenta sondeó en las últimas horas si el radical está dispuesto a aceptar esa alternativa, que no fuerza la renuncia pero lo corre de la vicepresidencia.
Cristina maldecía.

–¡Basta de Cobos. Soy yo o es él! –se empacó.

Los gritos terminaron con el sopor de un lunes húmedo y caluroso. La agenda no apremiaba, apenas un encuentro con el emir de Qatar, Hamad Bin Khalifa al-Thani.

A esa altura, la suspensión del viaje a China para instalar la idea de una conspiración ya estaba tomada. El escarnio público al vicepresidente se ejecutó días después, en una inusual conferencia de prensa.

La Presidenta había descartado impulsar un juicio político pero escuchó de buena gana la sugerencia de seducirlo con una urgente licencia como salida intermedia.

De esta forma el vice no renunciaría al cargo para el que fue elegido ni saldría por la puerta de atrás de la Casa Rosada. Un emisario de la mandataria, habitual interlocutor del radical, le hizo llegar la propuesta al promediar la semana.

Apocado, y por momentos esquivo, Cobos no le devolvió ni un sí ni un no. Pero el emisario sintió una mirada de reprobación clavada como alfileres de vudú en su cuerpo.

"Me dijo que no estaba haciendo nada malo. Pero él sabe que ya cruzó el Jordán. Además, si no está jugando políticamente, ¿para qué abandonó tan rápido sus vacaciones en Chile? Vino para ser protagonista en el culebrón de Redrado y sumar puntos para su campaña. Así no se puede.

Por eso pensamos que se tiene que tomar ya mismo una licencia. Ya no hablamos de renuncia. Es una salida buena para todos", confesó el enviado de Cristina pidiendo reserva de su nombre.

"Si llega a intentar ser precandidato, si intenta encarar ese camino, podría pedir una licencia. Pero por ahora, y sólo porque a algunos les molesta, él no va a renunciar", pareció contestarle el radical Daniel Katz en una entrevista a Radio 10. El diputado y operador de Cobos admitía así, el último viernes, el camino alternativo de la licencia pero sin dar margen para que le impongan los tiempos.

"HAY QUE SUBIRLO AL RING". Cobos no disimula su fastidio. Esta vez no es sólo el kirchnerismo sino también la oposición quien le marca la paradoja de estar en campaña en contra de un gobierno que a la vez integra con el cargo de vicepresidente. ¿Puede cumplir su rol de representar al Ejecutivo en el Congreso habiéndose lanzado como candidato presidencial de la oposición?

Aquello que Cristina rotula desde hace tiempo como una traición, el antikirchnerismo recién ahora lo califica como una falta de ética. Más que a la defensa de la institucionalidad, las posturas parecen responden a las apetencias electorales.

Al Gobierno le urge afectar la buena imagen de Cobos. La estrategia es la que Néstor Kirchner sondeó un año atrás, en un acto platense, donde castigó duro y parejo al vice.

Los ministros que entonces lo escucharon no salían de su asombro y evaluaron, contrariados, que por cada insulto al radical éste sumaba el doble de adhesiones.

Pero el ex presidente tenía otra teoría. Para explicarla apeló a un parangón con el boxeo, donde los retadores comienzan cada round con 10 puntos y de acuerdo con su performance los mantienen o los van perdiendo. Si nadie fuerza a pelear a Cobos –esgrimía Kirchner–, el vice siempre terminará zafando de los golpes y nunca perderá puntos. "Hay que subirlo al ring, hay que hacerlo pelear", atizaba ante Crítica de la Argentina.

La oposición no radical disfrutaba de todo lo que incomodara al matrimonio presidencial, aunque la evidente dificultad para discernir si los gestos de Cobos abonaban la institucionalidad o la campaña proselitista la obligó a tomar distancia y aquel héroe del voto "no positivo" pasó a convertirse raudamente en un rival a vencer. Acaso el giro discursivo de Mauricio Macri, compadreándolo para que deje la vicepresidencia, haya sido el mejor botón de muestra.

El propio titular de la UCR, Ernesto Sanz, le pidió a Cobos que medite su continuidad en el cargo y le previno que no le creará un "club de fans". Una distancia que también habla de las habas que se cuecen puertas adentro. "Él nos va a hacer ganar las elecciones pero el poder tiene que estar en el partido", marcan la cancha los numerosos radicales que sienten como nunca la posibilidad de volver a la Casa Rosada.

Pero no hay pensamiento uniforme. "Yo sé que Sanz y el propio Ricardo Alfonsín piensan distinto. Pero para mí Cobos se tiene que quedar hasta el final de su mandato. Es el que tiene que garantizar la institucionalidad", reflexiona ante este diario el titular del bloque de diputados de la UCR, Oscar Aguad.

"NO SON DEL PALO". La sombra del eterno Enrique "Coti" Nosiglia aparece detrás de la estrategia cobista, y aquellos que alguna vez expulsaron al vice por asociarse políticamente a los Kirchner hoy se revuelven al verlo convertido en el candidato indiscutido del partido.

Acaso esas hondas diferencias internas le impidan al radicalismo capitalizar de mejor modo las permanentes torpezas del Gobierno. ¿Un ejemplo? Si Cristina hubiese viajado a Pekín, Cobos igualmente no habría podido firmar nada sin el aval de los ministros kirchneristas. Sin embargo, el vice optó por emitir un comunicado casi a la defensiva, mostrándose como un alumno obediente, en vez de desnudar que el propósito de la Presidenta, con la suspensión de la gira, era generarle mayor presión para forzar su salida del gobierno.

Es atendible el reclamo de la mandataria frente a la ambigüedad del mendocino. Pero también es cierto que Cristina explota esa ambigüedad para ponerse en víctima de una conspiración que tiene mucho de cuento fantástico y poco viso de realidad.

La autocrítica está vedada entre los K salvo para refunfuñar por el error que resultó armar un gobierno con aquellos que –utilizando un textual al que suele recurrir en privado la Presidenta– "no son del palo". Cobos, Martín Redrado… y siguen las firmas. El problema es que los propios son cada vez menos.

Acaso esa contracción de voluntades explique el avance de Hugo Moyano –socio dilecto del Gobierno– en cargos estratégicos que exceden el área de Salud y que pueden incluir, como sucedió con el nombramiento de Mariano

Recalde en Aerolíneas Argentinas, direcciones de empresas.

A este joven abogado e hijo del asesor legal de la CGT no sólo le abrieron las puertas del paraíso de Olivos sino que además lo incorporaron a la selección de fútbol K. No es la única adquisición: Amado Boudou también se pone los cortos e intenta hacer alguna fantasía con la pelota delante de las narices de Kirchner.

Debe estar advertido, tomando de ejemplo a Redrado en la saga del Banco Central, de que si alguna vez la sacan la tarjeta roja dejará de ser el aplomado y afable ministro de Economía para convertirse en un despreciable militante liberal de la UCeDé.

En el equipo oficial nadie tiene la titularidad asegurada y esos partidos suelen convertirse en un festival de la hipocresía. Pueden dar cuenta de ello Javier de Urquiza, Alberto Fernández y Sergio Massa, por nombrar algunos de los jugadores que ya no tienen acceso a la Quinta Presidencial. Ni hablar del imperturbable Cobos, a quien Néstor exilió del club y Cristina acusa, como hizo en su última conferencia de prensa, de gritar los goles de Boca estando en la tribuna de River.

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