Cristina es ahora más

Por Jorge Oviedo

La Argentina no debería tener problemas financieros ni cambiarios de significación, dicen en el Gobierno, durante 2009. Para ello deberá mantenerse el superávit fiscal y el balance comercial deberá dejar un saldo a favor de entre 6000 y 8000 millones de dólares. Para que se cumpla lo primero es necesario que la recaudación no continúe en baja o habrá que hacer un ajuste del gasto en pleno año electoral. Para que la balanza comercial sea superavitaria en el Gobierno calculan que necesitarán una cosecha total de los principales productos agrícolas en torno a los 75 millones de toneladas. La sequía pone en duda este último punto.

Podría decirse que el cálculo oficial es conservador, porque espera unos 19 millones menos de toneladas que en la campaña anterior, pero hay cálculos privados que ya prevén una baja mayor. La sequía ha hecho estragos en la producción de maíz y en las pasturas, pero la clave será lo que pase con la soja. "Si se perdiera la cosecha, la situación será muy grave en términos del nivel de actividad y empleo y también para el balance cambiario", señaló un especialista, que explicó que "lo que pueda llover en la zona núcleo de producción en los próximos días será lo que defina la situación del cultivo y en buena medida la del país".

Que las lluvias lleguen y sean suficientes para revertir la preocupante situación es la esperanza del Gobierno, que de otro modo tendrá que adoptar medidas que ningún político desea en épocas de campaña electoral. No parece haber otros sectores capaces de reemplazar una eventual caída grave de la producción de soja. El complejo que gira en torno a la oleaginosa produce uno de cada tres dólares de exportación. Otros fuertes exportadores ya han sufrido fuertes impactos por la crisis mundial, como el siderúrgico, que tiene bajas de hasta el 70% de los embarques respecto de los mejores meses de 2008. O el automotor, con caídas del 50%. Nadie está esperando una pronta recuperación, como lo muestra la caída de las ventas de vehículos comerciales, que es mayor que la de automóviles.

La contrapartida "favorable" es una fuerte baja de las importaciones, que tiende a mantener el saldo comercial positivo. El turismo extranjero ya tuvo una fuerte baja que detectaron hasta las manipuladas estadísticas oficiales. Al romper toda clase de puentes con el mundo, el gobierno de los Kirchner terminó, en medio de la sequía, de atar su suerte a la del sector que aprendieron a detestar: el campo, y en particular la de los productores del cultivo que Cristina llamó "yuyo".

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