Cristina acuerda con Lula para que no fracase la Cumbre de Unasur

Dialogó el miércoles con su colega. Buscan evitar que Uribe dé un portazo y se vaya.
La presidenta Cristina Kirchner tomó el teléfono y lo llamó a Lula da Silva el miércoles por la noche para acordar una estrategia que permita obtener resultados claros en la nueva Cumbre presidencial de Unasur, en Bariloche el 28 de agosto. La jefa de Estado argentina, tanto o más que Lula, quiere evitar a toda costa un fracaso en la cita, en la que ella ofreció el paisaje relajado y confortable de Bariloche por tratarse de un "territorio neutral" en el conflictivo contexto sudamericano .

En la charla telefónica, como ya había ocurrido antes, Cristina y Lula compartieron la misma visión: no dar margen al colombiano Alvaro Uribe para que, bajo la excusa de acoso y exclusión, de un portazo y se retire. Si hay algo que quieren evitar los dos gobernantes es un final lastimero de esa reunión. Allí se debatirán dos temas muy perturbadores: el acuerdo de Uribe con Estados Unidos para ceder un conjunto de bases, especialmente Palanquero; y cómo conseguir que Manuel Zelaya, el hondureño depuesto por un violento golpe de Estado, retorne sin condiciones al poder en Tegucigalpa.

Argentina y Brasil concuerdan en otra cuestión clave: no ofrecer una imagen de divisiones internas en el bloque sudamericano, especialmente frente Washington. En la cancillería brasileña y también en el Palacio San Martín saben perfectamente que en EE.UU. hay sectores "interesados" en fracturar la unidad sudamericana. Colombia fue una especie de punta de lanza que sirvió para azuzar las disputas regionales. Uribe se las ingenió para tensar las relaciones con sus dos vecinos más próximos: Venezuela y Ecuador; aunque como político caribeño que es, por momentos parecía amigarse con su colega Hugo Chávez.

En la conversación que tuvieron el miércoles, Cristina se puso de acuerdo con Lula para hablar con el resto de los presidentes sudamericanos. El objetivo, dijeron, es ajustar bien las propuestas y las formas del debate en la cumbre. Es evidente que entre ella y el brasileño existe un creciente entendimiento sobre cómo proceder. Fue visible en la cita de Quito, el pasado lunes 10, cuando las iniciativas planteadas por Kirchner recibieron reiteradas y espontáneas señales de aprobación de parte de Lula. El brasileño la escuchó con mucha atención.

Con un frente sólido entre Argentina y Brasil se facilitan las soluciones diplomáticas dentro de la región. Eso explica que Uribe, quien inicialmente no pensaba pasar por Bariloche, aceptó concurrir. En ese contexto tienen una importancia relativa sus aclaraciones en relación a que no aceptará "condicionamientos" de sus colegas. Nadie piensa que en este nuevo mundo de consensos en América del Sur haya lugar para estipular conductas. Lo que prevalece es el sentido de la negociación.

Como sea, el presidente de Colombia tendrá que soportar los análisis de sus pares, especialmente en lo que concierne a las bases militares que irá a compartir con Estados Unidos. Uribe conoce la historia latinoamericana y puede entrever su propio destino en caso de aislarse del resto de América del Sur. En 1989 el ex presidente de Panamá Manuel Noriega, un íntimo de los Estados Unidos, sufrió una invasión ordenada por el jefe de Estado norteamericano George Bush padre y su inmediata destitución. El panameño fue preso y condenado en Miami a 30 años de prisión por tráfico de estupefacientes.

Uribe, un político sagaz, pretende equiparar el debate sobre el incremento de la presencia militar norteamericana en su territorio con el armamentismo venezolano. Y lo va a sacar a relucir al señalar que Chávez continúa el proceso de compra de armas en Rusia. Ya posee 24 aviones cazas-bombarderos Sukhoi; medio centenar de helicópteros y fusiles ametralladoras AK. Ahora está por firmar otro acuerdo con Moscú para aumentar la capacidad armamentista de su Ejército, Marina y Aeronáutica.

Brasil, como era de esperar, no se va a quedar atrás. No por acaso ayer se anunció la firma del crédito que permitirá la adquisición de varios submarinos convencionales franceses, la construcción de una base para operarlos y el inicio de la fabricación de un submarino atómico.

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