EL CRISTAL Y SUS COLORES

Los años pasan, las décadas van quedando atrás, pero los problemas siguen siendo los mismos, como ayer como hoy, y ojalá no como mañana.
"Rafaela tiene sed" fue el eslogan utilizado por la ciudad en todo su conjunto -gobierno, organizaciones intermedias y vecinos- allá por 1973 cuando fue creada una comisión especial para gestionar por la construcción de un acueducto.

Inicialmente, en ese tiempo y cuando Rafaela tenía unos 50.000 habitantes, se comenzó pidiendo por un acueducto proyectado desde el río Paraná, que pasara por Rafaela, llegara a Sunchales, Ceres y Tostado. Visión que le dicen, o simplemente aplicación de lógica y sentido común, pero -tal como ahora la historia se repite- la falta de dinero y convicción de los gobernantes, ese acueducto gestionado desde hace más de 30 años se hizo desde Esperanza, captando el agua de pozos y no del inagotable río, terminando además aquí en Rafaela, que fue la ciudad que reclamó y gestionó, dejando al resto para más adelante. Como ahora.

Finalmente, la porfía de aquel entonces -llevada adelante por Clemente Gaggiotti, Agustín Giuliani, Leonildo Alemandi, Pachún Barreiro, Renaldo Actis, Irineo Storero, entre otros, que fueron quienes no se cansaron de ir y venir a Buenos Aires a peticionar- dio frutos y se consiguió el acueducto, cuya inauguración fue en coincidencia con el centenario de Rafaela, en 1981. Hoy, a 27 años de distancia, el acueducto sigue siendo el mismo, cuando la ciudad está cerca de duplicar su población de entonces. ¿Problemas? matemática pura.

Hoy la historia vuelve a repetirse, mejor dicho sólo por algunos hechos coincidentes, ya que la historia viene repitiéndose desde hace muchos años, pues el agua comenzó a ser problema casi todos los veranos, por su escasez. Esa misma que ahora nos revelan que debe ahorrarse, al menos en un diez por ciento, para solucionar el problema. "Es que aquí en Rafaela consumen mucha agua, a razón de 350 litros por persona", nos dejó dicho el ministro del área. Olvidando en cambio que en Rosario el consumo por persona es el doble. Pero bueno, no ingresemos en el farragoso tema de los celos y contrapuntos, que desembocan en lo político, cuya intención no lleva esta columna cristalera, sino simplemente un repaso sobre esta historia que continúa repitiéndose.

Es que ahora, y desde hace casi una década en que volvió a hablarse del acueducto, otra vez reclamamos este conducto transportador de agua, esta vez sí desde una toma en el río y con la amplitud suficiente para traer agua en cantidad suficiente, superando los 1.180 m3/hora que llegan desde los pozos esperancinos.

La licitación está a punto de hacerse, con postergación sobre postergación, pero esta vez parece que sale. Y ojalá no nos suceda como con el Centro de Radioterapia, que estaba todo listo y nos hicieron caer la licitación por una cuestión u otra, todas de muy poco peso e incluso algunas rebatidas en forma contundente. ¿Se acuerdan del dicho que la mentira tiene patas cortas? Lo negativo es que se haría sólo hasta Rafaela, quedando otra vez postergadas todas las localidades de aquí hasta Tostado (Sunchales, Ceres, etc), relegadas para una nueva etapa. Se imaginan que si esta primera viene tan trabada ¿cómo será la segunda?

La cuestión es que, si todo marcha sobre rieles, habrá que esperar aún unos 5 años para que el acueducto alcance condiciones de funcionalidad, y entonces sí dar por solucionado el problema. Aún nos quedan por delante padecimientos surtidos, salvo que nos dispongamos a ese alentado ahorro de agua. Que muchas veces fue reclamado desde aquí, y pocas veces, o nunca escuchado.

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