Crispado, el PJ amaga con limitar a Kirchner

Por: Pablo Ibáñez

La antigua sede de Matheu 130 despertó: olvidada, despreciada por Néstor Kirchner que jamás quiso habitarla, ayer volvió a palpitar entre las murmuraciones y el secretismo cuando Daniel Scioli la reabrió para el primer acto de reorganización del peronismo post-28-J.

La oficina del PJ, reducida a burocrática mesa de entradas para anotar boletas, recuperó el tumulto de otros tiempos: volvió a ser el palacio de las conspiraciones.

Tras la fuga del patagónico, Scioli -como heredero- usó la sede de la porteña calle Matheu para una cita con Mario Das Neves y hoy la abrirá para otro raid: pasarán el tucumano José Alperovich, el salteño Juan Manuel Urtubey, el sanjuanino José Luis Gioja y el riojano Luis Beder Herrera.

Un reflejo de la ebullición que se apoderó del peronismo luego de la derrota K en Buenos Aires.

Más fino: marca el regreso de los gobernadores a la escena y remite a las cumbres incendiarias del CFI de épocas de Fernando de la Rúa. Kirchner era, por entonces, uno de los caciques agitadores. Ahora está del otro lado del mostrador: es el imán de los reproches.

Para el patagónico, la fuga de la jefatura del peronismo, que delegó en Scioli, fue un respiro efímero. Apenas le permitió anticiparse al coro crítico que el lunes, con Carlos Reutemann como vocero, pediría que abandone el PJ como padre de la derrota.

No sirvió para frenar el menú de reclamos. Con el patagónico enclaustrado, Das Neves expresó la dureza que los demás se niegan a gritar por TV. «Hay que ir con calma; hay que esperar que decante. En caliente se cometen errores» dijo, anoche, un aspirante a 2011.

Más allá de las formas, todos los gobernadores se pusieron de acuerdo en un protocolo para revitalizar el partido, proceso que debería tener como expresión concreta la convocatoria a una reunión del Consejo del PJ. No hay fecha fija, pero podría ser antes de agosto.

Con otro calendario, Alberto Balestrini proyecta una cumbre del PJ bonaerense para la semana que viene. Los caciques del conurbano no tienen tanta paciencia: anoche, en Berazategui, un puñado de alcaldes se enfrascaron en el reparto de las culpas.

Scioli promete hasta lo que no tiene. Hasta retruca con la oferta de proyectar un cronograma de internas para la presidencial con fecha tentativa en marzo de 2011. El eje Gioja-Beder-Jaque, con empatía con Gildo Insfrán, plantea la instancia del consenso.

«Si no se logra un acuerdo, sería bueno que haya internas simultáneas y obligatorias», puntualizó, ayer, el sanjuanino Gioja.

Replanteo

En soledad, Das Neves dinamita todo y quiere que, en tres meses, se haga un replanteo de la conducción partidaria. Scioli, ayer, lo frenó con un argumento administrativista: «Yo asumí porque era el segundo y no porque me haya puesto Kirchner con el dedo».

Encargado de las formalidades, el apoderado del PJ, Jorge Landau, ayer salió a vocear ese argumento. Lo hizo unos minutos después de verse con Scioli, que saturó su agenda con contactos con dirigentes del PJ: visitó a Hugo Moyano en la Federación de Camioneros y recibió, por la noche, a Jorge Capitanich en el Banco Provincia.

Los matices, sin embargo, son profundos. La parsimonia de Reutemann despierta inquietud. Jorge Busti, que se prepara para desanudar su pacto temporal con Sergio Urribarri, dijo que espera la orden del Lole para empezar a trabajar por su candidatura. Reutemann no se siente llamado a participar de esta nueva etapa del PJ. «En el partido soy menos que el portero», ironizó.

Pero el ex piloto reparte mensajes de calma. La antítesis del lanzamiento explícito, el atardecer del domingo, de Das Neves. Otros orejean: Urtubey y Gioja, al igual que Alperovich y Capitanich, sondean climas y texturas antes de dar el paso definitivo.

Hay más disidencias. Mauricio Macri habló con algunos jefes del PJ, y otros pidieron que se invite a Francisco de Narváez. El espacio de PRO es discutido: «Ganó la elección en provincia, pero que no venga con el cuchillo abajo del poncho», avisó Gioja.

Libro abierto

Pero la regla no escrita es que está abierto el libro de pases y acuerdos. Hay contactos hasta con Alberto Rodríguez Saá, gobernador de San Luis, que también pide pista para ser considerado -con razón- uno de los ganadores de la elección del domingo.

Pero el capítulo más explosivo circula con pleno acuerdo y en extremo silencio: antes que la reorganización del PJ y un régimen de internas, los gobernadores quieren apurarse a confeccionar un mecanismo les limite a los Kirchner el control brutal de la caja.

Ése es, justamente, el único punto el patagónico, enclaustrado en Olivos, pero con pronto despacho hacia El Calafate, no acepta discutir. «Una cosa es entregar el partido; otra entregar el Gobierno», dicen a su lado.

Por eso, el enigma a descifra es lo que harán los Kirchner cuando liberen a Massa -en Casa Rosada dicen que el jefe de Gabinete «quiere irse ya»- y quede vacante esa butaca. El patagónico no dio ningún indicio de que ese despacho pueda ser cedido a los gobernadores.

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