La crispación

Por Mariano Grondona

Anteayer, mientras el Gobierno comprometía el 14 por ciento de las reservas del Banco Central para el pago de la deuda externa y el desempleo cruzaba en varias ciudades la barrera de los dos dígitos, un informe oficial daba cuenta de que el viernes último voces desconocidas interfirieron las comunicaciones del helicóptero presidencial, lanzando gruesos epítetos contra la titular del Poder Ejecutivo.

También en el día de ayer, refugiada en el Congreso, la Asamblea de la UBA renovó sus autoridades en medio de una lluvia de piedras arrojadas por estudiantes de la FUBA, en tanto el presidente de la Asociación de Magistrados denunciaba al jefe de Gabinete Aníbal Fernández por auspiciar "un golpe de Estado" contra el Poder Judicial. Mientras la Presidenta dictaba el primero de sus vetos contra el nuevo Congreso, adelantando en un año la "reforma política", que intenta asfixiar a los partidos nuevos o chicos, del "lejano" 2012 al "cercano" 2011, un motín de presos dejaba un saldo de varios muertos en una comisaría de Lomas del Mirador. El de anteayer fue, por lo visto, un "día de furia".

¿Qué nos está pasando? Al comentar el atentado que viene de sufrir el primer ministro Silvio Berlusconi en Milán, el periodista Pierluigi Battista del Corriere della Sera afirmó que "el odio envenena a la sociedad". ¿Diríamos lo mismo de "nuestra" sociedad? Sin llegar al patético diagnóstico de Battista, podríamos afirmar en cambio que la Argentina atraviesa un "estado de crispación". Tomando del diccionario la metáfora según la cual la crispación consiste en "la contracción repentina del tejido muscular", lo que corresponde analizar aquí no es tanto en qué consiste gramaticalmente la crispación sino las causas por las cuales ella está afectando a nuestro tejido social.

Para averiguar lo que nos está pasando, sería útil comparar la crispación que acompaña los años finales de los Kirchner con los finales de otros tres presidentes vecinos como Tabaré Vázquez, Michelle Bachelet y Luiz Inacio Lula da Silva. Mientras los Kirchner tensan cada día más la cuerda de nuestra vida política y social, Vázquez, Bachelet y Lula terminan sus mandatos, al contrario, en un clima de aprobación popular. Quizás este contraste se deba a que ellos "se van" al término de sus mandatos y a que los Kirchner intentan "quedarse" en 2011 y aún más allá. Kirchner se parece en este sentido a un atleta que se hubiera propuesto saltar no ya dos sino veinte metros a la garrocha, tensando de ahí en más, con miras a este objetivo de cumplimiento imposible, sus relaciones con el resto de la sociedad. Los Kirchner pretenden instalar una lógica dinástica en medio de una república democrática, y todo lo que están logrando a través de esta desmesura es suscitar una reacción en cadena no sólo de sus opositores sino también del resto de los argentinos.

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