En crisis, sólo suben los regulados

La retracción en la demanda provocó un freno en los precios internos y una deflación de los importados, incluso en un mes en el que subió el dólar. El Gobierno pudo ajustar el tipo de cambio y las tarifas sin costo inflacionario.
De atenerse al cuadro de situación de precios que dio el Indec para el mes de enero, la caída en la demanda estaría actuando como un freno a los aumentos de los bienes de consumo masivo, particularmente en el caso de los alimentos (ver nota aparte). El indice general de precios al consumidor aumentó en el primer mes del año 0,5 por ciento, pero mientras los bienes permanecieron prácticamente invariables, los servicios tuvieron una suba del 1,4 por ciento respecto del mes anterior. Aunque la sequía empiece a hacer sentir sus efectos sobre la oferta de ciertos productos –no todavía en forma apreciable en las góndolas–, la retracción del consumo por ahora puede más. En ese estado de cosas, el Gobierno no debió pagar ningún costo en materia de inflación por aplicar, simultáneamente, una política de aumento del tipo de cambio –para favorecer al sector exportador y, a la vez, tender algún marco de protección sobre la producción nacional frente a la competencia importada– y poner en práctica un ajuste en tarifas de servicios que venía postergada desde hace, al menos, un año y medio.

Un dato revelador de la incidencia de la menor demanda sobre el nivel de precios quedó reflejado en el índice de precios mayoristas. En enero volvió a bajar, al igual que viene ocurriendo, como tendencia desde antes de mediados del año pasado. Lo más significativo es que esta tendencia está impulsada por la baja en el precio de los importados, que en enero fue del 1,7 por ciento, pese a que se trató de un mes con recuperación en el valor del dólar.

Esta vez, la redistribución para los sectores productores de bienes, especialmente en los rubros con oferta más concentrada, no vino por el lado de los precios. Los alimentos en general observaron rebajas en las diferentes líneas de productos, conforme a los registros del Indec, parcialmente compensadas por las subas en la indumentaria.

Solamente el aumento en el rubro Transportes, del 4,6 por ciento, sostuvo un índice que, de otro modo, hasta podría haber reflejado deflación en el primer mes del año. No sería plausible hablar de estabilidad de precios frente a un impacto de freno en las subas por retracción de ventas. Otros servicios que también aumentaron en forma significativa en el mes fueron Turismo, en un 3 por ciento, y Diarios y revistas, con el 2,3 por ciento.

La medición que realiza el Indec, bajo metodologías y una nueva conducción de las áreas específicas, en ambos casos cuestionadas por el personal técnico “histórico”, sigue alcanzando exclusivamente a la Capital Federal y el conurbano. Desde antes de mediados del año pasado, se abandonó la idea de avanzar hacia un índice a nivel nacional, con participación de las provincias cuyos organismos de estadísticas estuvieran mejor preparados. Las discrepancias en los resultados –inflación creciente en las provincias, estancamiento en la Capital, que seguía midiendo el Indec– nunca llegaron a ser explicados, pero se discontinuó la información recogida por cada distrito.

Las características de la evolución de precios que releva el índice y la política oficial en materia de tarifas del transporte llevó también a que los precios denominados “regulados” aumentaran por encima de los estacionales y los del resto del IPC. La suba en enero fue del 3,1 por ciento en el caso de los regulados, el 0,9 por ciento en los estacionales y el resto sufrió una caída del 0,2 por ciento promedio. La diferencia entre los regulados y el resto podría haber sido mayor de haberse computado los ajustes de los precios en electricidad y gas. Pero, siguiendo el mismo criterio establecido por el Ejecutivo para explicar los aumentos, el Indec no los tomó en cuenta, considerando que afectaron “sólo” a los hogares de mayores ingresos.

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