La crisis de la salud promete agravarse esta semana

Sin acuerdo a la vista, los autoconvocados decidieron intensificar el plan de lucha habilitando una sola puerta de entradas en los centros asistenciales. El esquema de mando está al borde de la ruptura, y la atención de los pacientes, que representan la capa más pobre de la sociedad, depende de a buena voluntad.
Los autoconvocados de la salud y el Gobierno inician hoy una nueva semana en la larga disputa salarial que mantienen desde abril, sin que asome en el horizonte la posibilidad de una solución para el conflicto que amenaza con paralizar la atención en los centros asistenciales públicos.

Las dos partes hablan de priorizar el diálogo sin que ninguna sepa, a esta altura del partido, muy bien con quién tiene que entablar una negociación. Por el lado de los agentes estatales, aseguran que sólo se sentarán en la mesa con el gobernador José Alperovich, quien bastante desgastado está luego de meses de quites de colaboración como para dar ese paso sin la certeza de que alumbrará un acuerdo.

Cuestión de credibilidad

Los ministros que el titular del Poder Ejecutivo mandó a la mesa, Pablo Yedlin (Salud Pública), Edmundo Jiménez (Gobierno y Justicia) y Jorge Jiménez (Economía), perdieron credibilidad a los ojos de los combativos autoconvocados.

En este complicado panorama, hoy se comenzará a implementar una serie de medidas con la intención de profundizar el plan de lucha. Cerrar las puertas de los principales hospitales, no improvisar camas ni lugares de atención, presionar sobre los directores de los hospitales y seguir la pulseada en la calles son las principales armas de médicos, enfermeros, técnicos y administrativos del Sistema Provincial de Salud.

Apostar al desgaste, esperar la inminente llegada del período de vacaciones y direccionar a la opinión pública en su contra, asoman como las apuestas de Poder Ejecutivo.

Los más perjudicados

¿Cómo reaccionará la gente?. Esta es la pregunta del millón, las nuevas medidas amenazan con impactar de manera directa sobre el sector más empobrecido de la sociedad, el mayor usuario de los hospitales y centros de atención primaria. Los centros asistenciales pueden colapsar, sólo un milagro impidió que se vivieran situaciones desafortunadas en los últimos meses.

Los autoconvocados están concientes de que están actuando al límite. Desde el Gobierno esperan el más mínimo error para lanzar un feroz contragolpe con todo el aparato mediático a su disposición con el objetivo de quitarle legitimidad al reclamo.

La doctora Estela Di Cola, una de las delegadas del Hospital de Niños, planteó la situación en los siguientes términos: "Ya no vamos a atender improvisando camas con los sillones, sillas, en escritorios o en el mismo piso. Que la sociedad sepa quién es el responsable de toda estas falencias, que es el Estado manejado por un gobierno soberbio y caprichoso".

Desde la Casa de Gobierno respondieron confirmando a todos los directores en sus cargos y garantizando la atención a toda la población. El propio ministro Yedlin mantuvo una reunión ampliada de su gabinete para explicar la estrategia oficial y cerrar filas.

La situación tiende a volver anárquica, con los autoconvocados que no responden a las autoridades, ya que también anunciaron como medida de protesta tampoco cargarán datos informáticos, ni emitirán certificados, sumado al quite de colaboración que paraliza la atención ambulatoria y las cirugías programadas.

Nadie manda

El Gobierno asegura que nadie se quedará sin ser atendido, pero no tiene cómo manejar a los mandos medios y menos a los eslabones primarios.

El escenario indica que el organigrama del Sistema Provincial de Salud es una ficción en la cual el Estado sólo tiene presencia simbólica. La atención de los pacientes, que como se dijo representan a las capas menos favorecidas de la sociedad, depende de la buena voluntad de los agentes sanitarios. Hoy nadie puede decir, y menos garantizar, lo contrario.

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