Por la crisis, Rodríguez Zapatero sube al ring

El jefe de gobierno español acudió a la cita en el Congreso con un paquete de medidas contra la crisis económica, uno más del gobierno socialista, que la totalidad del arco parlamentario coincidió ayer en calificar de insuficiente. Su rival del conservador PP le criticó que gasta mucho.
Ayer dio comienzo en España el debate sobre el estado de la nación más esperado y a la vez más tenso de los últimos años. El premier socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, atraviesa uno de los momentos más delicados de su segundo gobierno, agobiado por una crisis económica descomunal que no sólo ha erosionado su popularidad, sino que además lo ha dejado en una preocupante soledad parlamentaria que muchos creen puede llegar a transformarse a lo largo del próximo año en una crisis política de envergadura con probabilidades de concluir con una moción de censura exitosa, algo que no se ha visto nunca en la historia democrática del país.

Rodríguez Zapatero acudió a la cita con un paquete de medidas contra la crisis económica, uno más de los tantos que el gobierno socialista ha puesto sobre la mesa desde que asumió su segundo mandato a principios del pasado año, que la totalidad del arco parlamentario coincidió ayer en calificar de insuficiente. Mariano Rajoy, líder del principal partido de la oposición, atacó con dureza la administración socialista a la que acusó de no tener credibilidad para conducir al país fuera de la recesión en la que se encuentra.

"Hay más de cuatro millones de parados (desocupados) –arremetió Rajoy–, ése es el verdadero estado de la nación." El líder del Partido Popular achacó a Zapatero que su gobierno no hace más que gastar: "Es el que más dinero ha gastado en todo el mundo, salvo Arabia Saudita", afirmó, sosteniendo que lo ha hecho con poca eficacia, ya que no ha podido detener la sangría en la destrucción de empleo. De hecho, en el primer trimestre del año más de 800 mil personas han perdido su trabajo en la península, aportando más del 50 por ciento de la destrucción total de puestos de trabajo de toda la Unión Europea. Un ritmo que no se observaba en todo el continente desde los aciagos años de la Alemania previa a la llegada del nazismo al poder, en los años treinta.

Rodríguez Zapatero, por su parte, acusó a Rajoy de tener "interés en servirse de la crisis para ganar posiciones políticas" y trató de mostrarse optimista asegurando que la situación económica empieza a repuntar o, al menos, ya no cae a la velocidad de los últimos meses. El presidente socialista ha tratado de mantener un optimismo desmesurado desde que comenzó la debacle económica al estallar la burbuja inmobiliaria a comienzos del pasado año y esta actitud le ha hecho perder credibilidad entre la opinión pública.

El gobierno español ha hecho previsiones fallidas durante todo este año y ha tenido que ir corrigiéndolas a la baja a medida que los datos de la realidad se demostraban más duros de lo esperado. Ayer Rajoy aprovechó ese filón para recordarle a Zapatero que no dejará de llover "por más que usted se empeñe en anunciarlo todos los días".

Las propuestas del gobierno socialista para detener la "tormenta perfecta", como la llaman ya muchos analistas económicos, son, según Rajoy, "aisladas y fragmentarias". Rodríguez Zapatero propone rebajar temporalmente el impuesto de sociedades a las pequeñas empresas, incentivar la compra de vivienda para tratar de que las empresas constructoras vendan la enorme cantidad de casas vacías que ha dejado la crisis, propone extender el seguro de desempleo para aquellos que ya han agotado su prestación y completa el paquete económico con una serie de ventajas para los desempleados, como la posibilidad de realizar masters universitarios gratuitos, obtener descuentos para comprar coches y un largo etcétera.

La oposición, por su parte, exige una reforma laboral para abaratar el despido, algo que los socialistas consideran inaceptable. "Ya es barato", afirman al unísono "si no fuera barato, las empresas no estarían despidiendo a tanta gente". Y arremeten contra el Partido Popular afirmando que se ha puesto de acuerdo con la Confederación de Empresarios (CEOE) para tratar de tumbar al gobierno.

El fantasma de la caída del gobierno socialista sobrevoló ayer el intenso debate parlamentario, ya que el PSOE pudo comprobar cómo era atacado por izquierda y derecha del arco parlamentario, incluyendo a los partidos nacionalistas que son los que pueden inclinar finalmente la balanza, como ya lo advirtió días pasados Artur Mas, el líder de Convergencia I Unió, el partido catalanista con la cantidad de diputados suficientes para derrotar en una moción de censura al gobierno si así lo desea.

Con el escenario de las próximas elecciones europeas por delante, que se llevarán a cabo a finales de junio, Rodríguez Zapatero se juega mucho en este debate. Durante los últimos cinco años lo ganó sin dificultades, gracias a la mala imagen que tiene Mariano Rajoy entre los ciudadanos y a su gran capacidad de convencer a la opinión pública, pero esta vez hasta los analistas más cercanos al socialismo coinciden en que lo tiene difícil.

Según las últimas encuestas, el PSOE perderá por la mínima estos comicios frente al PP, una derrota que no haría sino acentuar la sensación de "fin de época" que se vive en la agitada España de la crisis económica más potente que se ha visto en el último medio siglo.

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