La crisis puso en ruta de colisión a Europa y EE.UU.

PARIS (De nuestra corresponsal).- Los dirigentes europeos insisten en reclamar una mayor regulación financiera internacional para combatir la crisis, desoyendo a los mercados, al FMI, a Estados Unidos y a sus socios del G-20, que piden esfuerzos financieros adicionales para reactivar la economía mundial.
Mientras las protestas se extendían en Francia, los líderes de los 27 países de la Unión Europea (UE) iniciaron ayer un encuentro de dos días para intentar enviar un mensaje de determinación frente a la crisis y hallar una posición común antes de la cumbre del G-20, el 2 de abril próximo, en Londres.

"Estoy totalmente en contra de que los europeos sigamos los deseos norteamericanos de adoptar programas de reactivación todavía más masivos", dijo el primer ministro luxemburgués Jean-Claude Juncker, poco antes comenzar la cumbre de Bruselas.

"Algunos países todavía no han puesto en marcha sus propios planes de reactivación nacional. En consecuencia, no tiene sentido comenzar a adoptar nuevos paquetes de estímulo", declaró por su parte el primer ministro checo Mirek Topolanek, cuyo país ejerce la presidencia pro témpore de la UE.

Para la canciller alemana, Angela Merkel, los planes de reactivación adoptados recientemente "son suficientes, y es necesario, antes que nada, dejarlos producir sus efectos".

Los europeos consideran que han hecho suficientes esfuerzos en aras del estímulo, al consagrar cerca del 3,3% del producto bruto interno (PBI) del bloque (400.000 millones de euros) para 2009 y 2010.

Al término de la cumbre, la UE insistirá en desplegar con urgencia nuevos esfuerzos para mejorar la reglamentación y el control de las instituciones financieras, dos objetivos resistidos por Estados Unidos. Al margen del reclamo global al G-20, pedirá a la Comisión Europea (CE) y al Consejo Ecofin que redacte con urgencia una nueva legislación para Europa en materia de registro de agencias de calificación, fondos especulativos, fondos de inversión y estructuras remunerativas en las finanzas.

Incluso Gran Bretaña, que en un comienzo pareció alinearse con la posición norteamericana, ahora inició un acercamiento a sus socios europeos e insiste en que Europa presione durante el G-20 para obtener sus objetivos en materia de regulación.

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, y Angela Merkel, principales promotores de esa política, se han declarado "decididos a obtener resultados concretos en el G-20" y estiman necesario conseguir "un mecanismo efectivo de sanciones" contra los paraísos fiscales.

Estados Unidos, por el contrario, milita por una mayor reactivación mundial y espera que esa sea la conclusión prioritaria del G-20. La Reserva Federal (Fed) norteamericana anunció anteayer que su programa destinado de préstamos a particulares y a las pymes podría ser incrementado de 200.000 millones a un billón de dólares.

El FMI apoyó ayer la posición estadounidense, al exhortar al G-20 a hacer mayores esfuerzos para impulsar el crecimiento. El organismo volvió a corregir sus previsiones sobre el PBI mundial, y anunció un crecimiento negativo de entre el -0,5% y el -1%. Esto significa que, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, la recesión abarcará todo el planeta.

La izquierda europea coincide con Estados Unidos en solicitar un mayor esfuerzo financiero. "Necesitamos un plan de reactivación más ambicioso", afirmó el presidente del Partido Socialista Europeo, el danés Nyrup Easmussen. "Si no hacemos nada, tendremos 25 millones de desempleados a comienzos de 2010", advirtió.

La resistencia de los líderes europeos a adoptar nuevos planes de reactivación contrasta con la situación de la economía europea.

Para protestar por el deterioro acelerado de la situación económica y social, tres millones de personas salieron ayer a las calles en Francia (ver aparte). La tasa de desempleo del bloque podría superar el 10% antes de fin de año. Según la organización empresarial europea Business Europe, unos 4,5 millones de europeos perderán su puesto de trabajo en 2009 a causa de la crisis.

En medio del escepticismo general, los europeos están decididos a convencer a los mercados de que harán los esfuerzos necesarios llegado el momento. En ese marco, ratificarán su intención de ayudar, caso por caso, a los nuevos Estados miembros de Europa del Este que se encuentren en dificultades graves.

Uno de los puntos fundamentales que llevarán al G-20 será su decisión de contribuir con aportes de 75.000 a 100.000 millones de dólares a fin de duplicar los recursos del FMI para elevarlos a 500.000 millones.

Salvo un cambio imprevisto de último momento, los preparativos de la próxima cumbre de Londres parecen indicar que Europa y Estados Unidos están lanzados en una trayectoria de colisión sobre la forma de renovar -o no- el sistema financiero mundial.

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