La crisis populista no nos exime de las crónicas reincidencias

Por Daniel Gustavo Montamat

Economista

Con metas de corto plazo, las distintas variantes del populismo intentan fijar políticas de cantidades ignorando los precios, y exacerban el ciclo de recuperación con políticas expansivas de gasto insostenibles cuando cambia el ciclo

Los indicadores de la parálisis económica ya no se pueden disimular ni negar. Otra vez el desengaño del ‘stop‘ y la necesidad del ajuste en una sociedad con una de las estructuras distributivas más desiguales de la región. ¿Funcionará el aprendizaje por prueba y error en esta oportunidad?

La caída interanual de la economía de la Argentina que los primeros meses del año se proyectaba entre 2 y 3%, ahora se proyecta entre el 5 y el 6%. Recordemos que el año pasado crecimos a una tasa del 5/6% para tener una idea de la magnitud del desplome del nivel de actividad (semejante al del 2002). Si sirve de consuelo, tal vez estemos tocando fondo, pero la recuperación que nos espera es más compleja que lo que muchos imaginan. A menos que nos conformemos con otra reactivación transitoria (‘go’) para cebar una nueva bomba de tiempo cuya explosión nos vuelva a hundir (‘stop’) en pocos años, agravando la espiral descendente de décadas de frustración social.

Este círculo vicioso de recuperaciones endebles y abruptas caídas se da en un plano inclinado de deterioro sistemático y de pérdida de posiciones en el concierto mundial. Durante décadas hemos estado desafiando las leyes de gravedad económica con políticas populistas por derecha y por izquierda. Esto es lo que requiere un punto de inflexión.

John Stuart Mill, el gran sistematizador del pensamiento económico clásico, y heredero de la tradición mecanicista del análisis económico, sostuvo que las leyes de producción son naturales y universales, como las leyes físicas; en tanto las de distribución de la riqueza son parte de las instituciones humanas. La revolución ‘marginalista’ primero, y más tarde el pensamiento neoclásico, extendieron la identificación con las leyes de la física a todo el proceso económico, distribución incluida (los factores se remuneran de acuerdo a su contribución marginal a generar el producto). Desde entonces, la teoría económica que racionaliza la organización económica capitalista sobrevivió a sus contendientes alternativas, pese a sus muchos traspiés; el último asociado a la incapacidad de prever la actual crisis por la adhesión dogmática al axioma de racionalidad. Nassim Taleb, autor del best seller ‘El cisne negro’, nos invita a ser más cuidadosos con la aleatoriedad del mundo real, y, en especial, con la mayor aleatoriedad de los fenómenos sociales respecto a los físico-naturales. Muchas ‘certezas económicas’ no son más que dogmas. Pero eso no significa un ‘vale todo’ en política económica. La disciplina económica tiene dos fundamentos inconmovibles: la ley de la oferta y la demanda (relaciona precios y cantidades) y la ley de los ciclos económicos (‘vacas gordas’ y ‘vacas flacas’). La primera está en los cimientos de todo el andamiaje microeconómico; la segunda dio fundamento a las políticas de estabilización macroeconómicas. Tampoco hay que olvidar la advertencia de Mill: la distribución de la riqueza generada es desigual y la cohesión social depende de la articulación de mecanismos redistributivos.

Cualquier política económica que violente estas leyes de gravedad está condena a sufrir las consecuencias de quien arroja una piedra al aire para recibir el impacto de su caída en la cabeza.

Con metas de corto plazo, las distintas variantes del populismo intentan fijar políticas de cantidades ignorando los precios, y exacerban el ciclo de recuperación con políticas expansivas de gasto (pro-cíclicas) insostenibles cuando cambia el ciclo. Confían la redistribución a estas distorsiones, y a la captura temporaria de rentas, con un ascensor social descompuesto. Tras el espejismo, la desilusión y el nuevo ajuste. ¿Evitaremos nuevas distorsiones de precios?, ¿aprenderemos a ahorrar en ‘vacas gordas’ y a institucionalizar mecanismos igualadores de oportunidades? Si no empezamos por despejar estas dudas va a ser difícil avanzar en los mínimos consensos que impondrá la nueva etapa económica que se avecina.

Comentá la nota