La crisis política agravó las penurias económicas

Caen las ventas y la llegada de turistas en un país ya empobrecido
TEGUCIGALPA.- Una mujer que se encarga de seis nietos ya no puede darse el lujo de comprar leche. Un albañil acostumbrado a trabajar seis días a la semana es afortunado si ahora trabaja dos. El encargado de una tienda que depende de comisiones para mantener a su familia ha visto sus ganancias evaporarse.

Casi cuatro meses después de que el ejército expulsara al presidente Manuel Zelaya, en Honduras se han agravado las penurias económicas de los habitantes de uno de los países más pobres de América.

"Todo ha subido desde el golpe", dijo Leticia Medina, una hondureña de 50 años que caminaba por una calle sin asfaltar de Tegucigalpa. "Era duro antes, pero ahora se puede comprar aún menos.´´

Honduras no se encontraba en buena forma económica antes del golpe del 28 de junio. La recesión global redujo la demanda para exportaciones y las remesas de las que dependen muchas familias. El caos político de ahora, con protestas, toques de queda, calles bloqueadas y aislamiento internacional ha empeorado mucho más las cosas.

Los turistas evitan las playas del país, las ruinas mayas y las selvas, y los compradores se mantienen alejados de las tiendas. Países de todo el mundo exigen el retorno de Zelaya, y muchas naciones han suspendido su ayuda para aislar al gobierno de facto. Estados Unidos suspendió unos 40 millones de dólares en asistencia no humanitaria, mientras que el FMI canceló el acceso a sus préstamos.

Estas y otras medidas tienen un efecto dominó en Honduras, donde más del 70% de la población, de aproximadamente 7,7 millones, es considerado pobre y más de 1,5 millones de personas sobreviven ganando un dólar al día o menos.

Susan Trimino, de 65 años, forma parte de los hondureños que sufren estos efectos. Trimino se encarga de sus seis nietos, al estar ausente su hija, y no puede permitirse comprar leche con el bajo sueldo de su marido, que trabaja en el campo. En lugar de eso, alimenta a sus nietos con atole, una bebida de agua y maíz.

El dinero no alcanza

Luis Palma, un albañil, dijo que la falta de trabajo es tan grande que en la actualidad gana menos de ocho dólares al día. "Ahora hay menos trabajo. Antes trabajaba 6 días a la semana; ahora, con suerte trabajo dos. Con lo que me pagan no me alcanza ni para la comida de la familia. Tienen que trabajar varios miembros de la familia para poder salir adelante", dijo.

"En mi barrio hay un montón de gente desempleada. Vecinos, amigos... a un hermano mío lo despidieron y no ha conseguido empleo", dijo Palma, de 24 años. "Y encima, con los toques de queda, no se puede trabajar, no hay forma de que la policía lo deje en paz a uno´´, agregó.

Augusto Reyes dirige una tienda de cristal y cerámica en el barrio de Palmira, en la capital, y estima que las ventas han caído un 90% desde que Zelaya regresó al país, el mes pasado, y se refugió en la cercana embajada brasileña.

El que era antes un activo distrito comercial se ha convertido ahora en una zona militarizada, lo que ha forzado a Reyes a cubrir sus ventanas y su puerta principal con un contrachapado. "Me preocupa por la economía, por las familias. En mi caso, si no hay ventas, no hay comisiones. El ingreso baja", dijo.

Enrique Núñez, presidente de la Asociación Nacional de Medianas y Pequeñas Industrias, dijo que los pequeños fabricantes de todo tipo de cosas, de pasteles a botas de cuero para el mercado local, han eliminado más de 18.000 puestos de trabajo debido a un "alarmante" descenso de la demanda. La cifra representa un 65% del total de empleados que son miembros de la asociación.

"Lo que esta crisis nos da más que nada es incertidumbre", dijo Norman García, un asesor del Consejo Hondureño de la Empresa Privada. "¿Qué va a pasar en el futuro? Las inversiones que quizá pudiera haber están detenidas porque no se sabe si va a retornar la normalidad."

El presidente de facto, Roberto Micheletti, y sus partidarios insisten en que actuaron de forma legal según la Constitución del país para expulsar a un presidente que consideraban inepto, corrupto y demasiado cercando al líder venezolano Hugo Chávez. Al margen de la disputa, la crisis continúa y los que están en lo más bajo de la escala social sólo quieren ver que termine.

"Lo que queremos es que se resuelva de la manera más pacífica posible", dijo Miguel Alvarez, encargado de una tienda de productos electrónicos en Tegucigalpa. "No podemos operar en estas condiciones."

Comentá la nota