Con la crisis se pincharon las ganancias

El dólar se mantuvo en $ 3,83, pero se intensificó la demanda de los inversores minoristas. Por culpa del terremoto político, los bonos llegaron a perder 9% en tres días. También se deprecian las acciones. Los escenarios sobre los cuales especulan en la City porteña.
Los mercados cerraron una semana con altibajos y con incertidumbre. Lejos de las marcas históricas registradas el lunes y martes, el conflicto entre el Gobierno y el Banco Central revirtió aquella tendencia positiva. Todos los bonos cayeron ayer y en algunos casos descendieron hasta el 5 por ciento. El índice de acciones líderes MerVal perdió el 1,5 por ciento. El dólar cerró sin modificaciones en las casas de cambio de la City y finalizó a 3,83 pesos.

La jornada de ayer estuvo determinada únicamente por la puja entre el Poder Ejecutivo y Martín Redrado. La rueda fue inestable, con inversores temerosos que se desprendían de los papeles ante el temor de cómo continuará este conflicto, y con otros más arriesgados que aprovechaban para comprar.

Las pizarras porteñas ofrecieron el dólar a $ 3,83 al cierre de la jornada. Aunque durante las primeras horas del día el billete verde mostró una baja de un centavo, y repuntó gracias al incremento de la demanda minorista. Al mediodía el Central salió a vender para evitar que la divisa subiera aún más. El dólar mayorista cerró con un alza de tres milésimas, a 3,798 pesos.

Los financistas están convencidos de que la cotización del dólar no variará en las próximas semanas. Ellos plantean tres escenarios posibles:

– El primero con Redrado en el sillón de Reconquista 266. En ese caso no se espera que el economista modifique la estrategia.

– El segundo con Miguel Pesce, que ocuparía el papel de presidente de forma interina. En este escenario el economista radical continuaría con la misma línea.

– El tercero con Mario Blejer como reemplazante de Redrado. El ex funcionario del FMI se mostró en más de una oportunidad a favor de la política monetaria implementada por Redrado.

La disputa entre el oficialismo y el Central impactó principalmente en el mercado de los bonos. El interrogante central es si se concretará o no el Fondo del Bicentenario. Los tenedores de títulos de deuda pública ven con muy buenos ojos que el Gobierno abra una cuenta y les garantice que ya dispone de 6.500 millones de dólares para pagar los vencimientos de este año. En este escenario temeroso, el cupón PBI en dólares cayó ayer 4,7%, y los Par en pesos y en dólares descendieron el 3 por ciento. En los mercados esperan que la volatilidad se repita durante la semana próxima, y que continúe la tendencia a la baja.

OPINIÓN

La trampa del Bicentenario: dunga dunga o muerte

Alejandro Bercovich

La base del interés que se cobra por los créditos es el riesgo. Todo lo que hizo Amado Boudou desde que es ministro fue para convencer a la City y a Wall Street de que el "riesgo argentino" no es tan alto como ellos pensaban. Es decir que el Gobierno les pagaría a los acreedores a cualquier costo. Su objetivo declarado: abaratar los intereses que les cobran al Estado y a las empresas argentinas.

Ahora bien, una cosa es la metralla de "señales" que les ofreció Boudou a los acreedores al principio (reapertura del canje para los holdouts, negociación con el Club de París, diálogo con el FMI) y otra muy distinta es el denominado Fondo del Bicentenario. Todas benefician a los acreedores de la deuda –en su mayoría bancos– y perjudican (al menos en lo inmediato) a los contribuyentes, que sufren el drenaje de recursos que podrían servir para paliar la pobreza y el desempleo o para reindustrializar el país. Pero el Fondo es directamente un regalo a esos acreedores.

Veamos por qué. Colocar u$s 6.569 millones de las reservas como garantía de pago del ciento por ciento de los vencimientos en dólares de 2010 equivale a abonarlos por adelantado. En moneda dura y con riesgo cero. Y, como sabe cualquiera que haya pedido prestada plata, quien precancela un crédito se suele ahorrar los intereses que pagaría si lo hubiese cancelado en el plazo previsto.

En este caso, los Kirchner proponen pagar los vencimientos íntegros, con intereses que arañan el 12% anual en dólares en promedio. Es como poner u$s 100.000 a plazo fijo en un banco y dejarlos como garantía de un crédito de u$s 100.000 que se pida al mismo banco. El prestamista no se arriesga y cobra los intereses igual.

Incluso sin salir de su lógica y sin discutir la legitimidad de la deuda, algo que Kirchner jamás se atrevió a hacer, el Gobierno podría haber ofrecido recomprar con esa misma plata los bonos que vencen este año, con algún descuento por el pago adelantado. Como hizo el Tesoro varias veces en los últimos dos años. Y como hace el propio Banco Central cuando compra títulos a un precio menor que el que costaría cancelarlos a su vencimiento.

Pero los acreedores ahora quieren más, y por eso no aceptan la precancelación con quita. Por eso también les encantó el plan de Boudou, a quien le dio letra Mario Blejer, el candidato ortodoxo de la Rosada para reemplazar al también ortodoxo Redrado.

Los kirchneristas dicen que si no pagan con reservas, habrá que ajustar más el gasto. Gastar menos en salud, en educación y en planes sociales. Dunga dunga o muerte. La mayoría de los opositores que dicen cuidar las reservas (incluso Redrado) concuerdan con que la disyuntiva es ésa, pero eligen el ajuste. Y, según él mismo deslizó antes del escándalo, Blejer pretende las dos cosas: ajuste y pago con reservas.

Cegada por esa entelequia llamada "institucionalidad" o jugada a beneficiar a la banca, casi toda la oposición evita hablar de la deuda en este debate. Y el oficialismo disfraza de progresista su regalo a los acreedores. Conviene correrlos a todos para ver los intereses que se mueven detrás, sigilosos.

Comentá la nota