La crisis que paralizó la región

Representantes de las Cámaras de Comercio de La Plata, Berisso y Ensenada se refirieron al descenso del nivel de compra de la gente y a la situación de los comerciantes, que se hallan en una encrucijada entre la disminución de las ventas y el cada vez más difícil mantenimiento de su actividad
El 15 de septiembre pasado, Alicia y Raúl, que viven de un taller de electricidad de autos, escucharon una noticia que les resultó poco menos que un jeroglífico, cuyas consecuencias no pudieron ni siquiera imaginarse. “Quebró el banco Lehman Brothers”, repetían sin cesar los diarios, la radio y la televisión. Nunca habían escuchado ese nombre. Pero aún hoy ven cómo, no sólo en los medios sino también en la calle, en las charlas más cotidianas, se sigue oyendo la noticia.

Desde el primer momento pensaron que era una crisis que se limitaría a esos recintos llenos de hombres de traje que corren desesperados, con teléfonos, lapiceras y calculadoras en mano, mirando unas pizarras con números que suben y bajan continuamente. Lo percibían como un fenómeno lejano, ocurrido en esos lugares aparentemente aislados de la vida cotidiana y concreta, un acontecimiento cuyos efectos no traspasarían los límites de ese mundo casi irreal.

Pero hoy, un mes y medio después, no sólo siguen escuchando hablar de “la peor crisis desde el crac de 1929”, sino que también comienzan a vivirla en carne propia, y desde dos ángulos: como consumidores y como comerciantes.

Desde hace un mes, se puede caminar más tranquilo por el negocio de Raúl. Ya no hay peligro de ensuciarse ni de rasgarse la ropa. Antes, las máquinas en funcionamiento producían fuertes ruidos, pero hoy se puede hablar casi sin levantar la voz. Es que ya no se registra el movimiento de antes: “La gente ya no trae tanto los autos, y las ventas de repuestos bajaron bastante”, dice.

“Hay mucho revuelo, la sensación es negativa en todo lados”, afirmó a Hoy Juan Carlos Piancazzo, presidente de la Cámara de Comercio e Industria de La Plata, refiriéndose a la actualidad de la población en general.

Alicia y Raúl aún no terminan de entender ni la crisis ni la mayoría de las cosas que se dicen de ella. Pero saben que hay revuelo porque, desde hace días, ya lo viven en su día a día, producto de una reducción en las entradas familiares y de un obligado recorte de gastos.

El diagnóstico

Piancazzo indicó que, si bien hasta el momento no dispone de estadísticas sobre el nivel de compra en la región, puede percibir en sus contactos con comerciantes y consumidores, que el nivel de ventas se ha reducido. Y a la hora de mencionar rubros afectados, declaró que las consecuencias de la crisis alcanzaron, en mayor o menor medida, a todos.

Aclaró que, desde hace un tiempo, “la gente, siempre que puede prorrogar gastos, lo hace”, por la inseguridad e inestabilidad del contexto económico actual. Y agregó que la falta de crédito y la desaparición de las cuotas han detenido el consumo, y atribuyó a ello buena parte de la parálisis del comercio. “Muchos de los negocios están funcionando a menos de la mitad de su capacidad”, aseguró.

Por su parte, Roberto Batelli, titular de la Cámara de Comercio e Industria de Beri-

sso, comentó a Hoy, que en caso de permanecer la situación, todo desembocará en una deflación para el año que viene”.

Desde Ensenada, Héctor Tentoni, secretario de Prensa de la Cámara local, dijo que “la crisis se nota en la región. Los comerciantes están cada vez más preocupados y alarmados”.

Piancazzo vinculó la menor capacidad de compra con la precaria situación en que se encuentra una gran cantidad de trabajadores que no saben si de un momento a otro pueden ser despedidos, y comentó que, por eso, el achique de gastos ya no se da sólo en las empresas sino también en la gente común.

En busca de las causas

Los entrevistados no buscan responsabilidades sólo en la crisis desatada con la quiebra del banco Lehman Brothers. Para ellos, tanto la situación de los comerciantes como la de los consumidores, comenzó a resentirse con el conflicto entre el Gobierno y el campo, iniciado en marzo de este año.

Piancazzo advirtió que la menor capacidad de compra de la gente no debe ser atribuida sólo a la crisis financiera iniciada a mediados de septiembre: “Nosotros todavía estamos arrastrando el tema del campo, el problema financiero recién ahora está haciéndose sentir, y sus coletazos se mezclan con el conflicto anterior, de modo que no se puede distinguir si lo que pasa es consecuencia de una u otra cosa”.

Coincidió con esta idea Roberto Batelli, de Berisso, quien afirmó a Hoy que “desde el conflicto con el campo las ventas se encuentran atomizadas”.

Entre las razones que desde Ensenada encuentra Tentoni para explicar la reducción del poder de compra de la gente y la consecuente merma en las ventas de los comerciantes, destaca que “la situación es insostenible por la inflación” y opina que una de las medidas que el Gobierno debe tomar inmediatamente es “una actualización salarial de acuerdo con los niveles inflacionarios”, para recuperar el poder adquisitivo y poner en funcionamiento a la economía.

Los entrevistados manifiestan su desacuerdo con la medida del Gobierno de reestatizar los fondos previsionales. Para Piancazzo, “la desaparición de las AFJP no ayuda en nada, ya que de la mano de ellas se pierde también la financiación de los créditos”.

La misma opinión sostiene Batelli, que dijo que la medida es perjudicial, ya que no sólo “termina con el sustento de los créditos”, sino también porque vuelve poco confiable al país, y agrega que por eso la Argentina quedó afuera de la ayuda que el FMI envió a países emergentes en la última semana.

Dos versiones del futuro

Tanto Piancazzo como Tentoni tomaron recaudos a la hora de hablar de las consecuencias a corto plazo en caso de que el conflicto continúe por esta senda. El comerciante platense dejó clara su posición al decir que “todo se reactiva con crédito, y por el momento no lo hay”, lo que hace pensar en una profundización del problema en tanto no se tomen medidas apropiadas. En el mismo sentido opinó Tentoni: “Una de las cosas que se tienen que hacer es abrir los créditos, ya no hay cuotas porque falta credibilidad en todos los niveles”.

Pero Batelli se mostró más optimista al recordar la noticia de la inminente instalación de una empresa en el puerto de La Plata y reconoció que se encuentra “muy esperanzado” en que genere puestos de trabajo en la zona. “Estamos muy ilusionados, porque si hay empleo hay consumo”.

A la espera de la reactivación

Hay algunos a quienes la crisis golpea de un solo lado: o como consumidores que deben limitar los gastos y ven recortada su capacidad de compra por ausencia de créditos y la incertidumbre constante; o como propietarios de negocios, desde pequeños a grandes, que se enfrentan con una baja en la demanda y una inflación que encarece los costos y los obliga a reducir gastos, suspender o despedir empleados, o adelantar vacaciones.

Pero Alicia y Raúl, como tantas otras familias que viven de un comercio, ven agravada su situación, ya que sufren la crisis desde los dos ángulos complementarios. Raúl explica que debieron inclinarse por las segundas marcas, con el fin de equilibrar los gastos con las entradas.

Su deseo es que la situación se revierta y se recobre la confianza para invertir, “porque si la gente tiene más, gasta más, y todos vivimos mejor”, concluye Raúl.

Los problemas de unos son los de todos. Los perjuicios alcanzan a los consumidores que disponen de menos dinero y no gozan de capacidad crediticia, lo que hace que deban comprar menos. Y esto, a su vez, repercute directamente en los comerciantes, que ven reducidas sus ventas y ganan menos. El desenlace es un enfriamiento, una parálisis de la economía que no favorece a nadie.

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