La crisis opaca las fiestas en Europa: en Italia, las ventas caen un 20%

Creció el desempleo. Y a un 30% de las familias les cuesta llegar a fin de mes.
"Llega el Natale y me deprime" dice Gloria, que es de San Luis, hace veinte años que está en Italia y es de cajón que hable en cocoliche. Ha perdido el trabajo en un call center, esas centrales con tanta gente que gana el mínimo y atiende el teléfono para los que hacen reservas o se quejan o llaman a las compañías telefónicas.

Gloria tiene un marido que ya era un nuevo pobre, una tipología sociológica de las clases medias que están al borde de caerse en la escala social. Celso, brasileño y también ciudadano italiano, está en regla con todo menos con las mieles de la sociedad de los dos tercios, como llaman a los países ricos, donde sólo el tercio de abajo penaba. Para Gloria y Celso el mejor regalo que les puede traer Papá Noel "es la supervivencia, el poder arreglarnos".

Celso tiene un subsidio de desocupación y podría recuperar su empleo de obrero especializado si reabre la fábrica donde trabaja en una ciudad vecina a Roma. Pero los propietarios extranjeros prefieren maniobrar para lograr la deslocalización, término económico que quiere decir irse de Italia a producir en los países con bajo costo de mano de obra. Ya hay más de dos millones de desocupados que crecen sin cesar; casi 600 mil se han agregado en 12 meses.

Estas fiestas difíciles del 2009, tristes para muchos, en la peor y más larga recesión vivida en la posguerra, que deprime más porque es global y mortifica el menor optimismo, vienen acompañadas de números poco amigos. Emma Marcegalia, la presidenta de la central de empresarios, la Confindustria, dijo que algunas cifras comienzan a mejorar. "Lo peor ya pasó", afirmó hace unos días. "Pero para recuperar el PBI a niveles anteriores a la crisis serán necesarios cuatro años y para emparejar los resultados de producción de 2007 habrá que esperar ocho años, si todo va bien". El 30% de las familias italianas tiene dificultades para llegar a fin de mes, un dato por encima del promedio de los 27 socios de la Unión Europea. De los ocho millones de pobres hay tres millones mal alimentados, en la indigencia. Uno de cada cinco italianos no tiene ni para pagar los tickets del servicio sanitario nacional. No va al dentista ni paga a los especialistas. Hay un "boom" de los hospitales públicos aunque las esperas se hacen interminables. Hay que hacer amansadora de ocho meses para una tomografía.

Para peor, lo que era ya el Natale más difícil de la crisis global se ha convertido en un descalabro climático. Hasta hace cinco días, nieve, hielo y lluvias castigaron como nunca a Italia y al resto de Europa. En Milán, Turín, Génova, y otras ciudades, los comerciantes denuncian que están perdiendo millones porque a la gente le aconsejan quedarse en sus casas.

Se calcula que el 91% de los italianos se quedó en casa a celebrar la Nochebuena. Los regalos disminuyeron en cantidad. La asociación de consumidores Codacons dijo que las ventas cayeron un 20% en Navidad respecto del año pasado y se espera hasta un 30% de caída en enero. Además, los italianos son grandes hormiguitas ahorradoras cuando hay crisis, incomparables en el llamado "arte de arreglárselas". Están de moda los negocios y los productos chinos, que cuestan mucho menos. "No hacemos regalos sino 'pensierinos' que sirven para demostrar afecto con poco costo", dice María G., 83 años, con marido e hija, que apenas si puede pagar el alquiler y se saltea las expensas del condominio porque "o comemos o pagamos la calefacción y el portero". Los "pensierinos" quieren decir al que lo recibe: "pensé en vos", y es mejor que nada porque cuestan poca plata.

Este año la economía se ha contraído un poco menos del 5% y se espera que el año próximo trepe un raquítico 1%. En 2011 tendría que ir apenas mejor: un 1,3%. Según el Censis, que es el mejor instituto de investigaciones sociales del país, la sociedad italiana sabe que "nada será como antes".

En Europa, Italia está considerada una sociedad en decadencia, envejecida, que cuenta cada vez menos, con un gobierno inamovible y una oposición política desprestigiada. Las pequeñas y medianas empresas, claves de un eventual nuevo milagro con su "cuarto capitalismo", con una capacidad de adaptación formidable, han cargado sobre sus espaldas la prosperidad de este país. En el Véneto, con una empresa o empresita cada diez habitantes, la devastación ha sido grande. Varios empresarios se han suicidado de vergüenza cuando llegó la hora de despedir al personal y bajar la cortina.

María G. y su marido salen de casa. Están en un grupo de jubilados que recorren los supermercados buscando la oferta del día. Cuanto más son, más descuentos reciben. Y en los negocios, donde está prohibido vender saldos antes de enero, te ofrecen el 20, 30 y hasta el 50% real de descuento porque la gente camina, camina, entra, mira, pero compra muy poco.

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