La crisis mudó las oficinas a la playa y muchos jefes no dan vacaciones

La crisis mudó las oficinas a la playa y muchos jefes no dan vacaciones
Diseñadoras, contadores, abogados, vendedores de seguros, todos llevan a los paradores sus computadoras personales. Los turistas no descuidan sus ocupaciones. La generación tecno beach rinde culto a Facebook.
“Lo único te falta es la corbata, botonazo”, lo cargan sus amigos desde la orilla del mar. Pero Ricardo, un contador de 35 años que no descansa ni en sus vacaciones, no tiene tiempo para responder a las bromas. Nervioso, sacará su notebook del bolso, la protegerá de la arena, chequeará sus mail y hará cuentas en un programa especial diseñado por su empresa. La compañía de seguros para la que trabaja en el microcentro porteño no le da respiro: le dejó tomarse una semana en Mar del Plata a cambio de que terminara un balance contable. “No me queda otra que cumplir. Hubo compañeros a los que les dieron licencia para no pagarles el sueldo”, dice el contador. Al menos 20 balnearios ofrecen conexión inalámbrica a internet y computadoras para navegar. Este verano hay dos grupos de internautas: la generación tecno beach, que rinde culto a Facebook y vive pendiente de sus mp3, y los que están permanentemente conectados para no descuidar sus trabajos. “Por la crisis, todos necesitan estar conectados. Abogados, contadores, financistas, bancarios. Hay muchas personas que chequean sus mails cada diez minutos porque de eso depende que sigan trabajando o no. Algunos trabajan desde la playa. Hace diez años, cuando pusimos internet acá dijeron que estábamos locos, que le gente venía a descansar. El tiempo nos dio la razón”, dijo Jorge González, dueño de La Caseta, una de las playas de moda del sur de la ciudad. Esta temporada apostó fuerte a la tecnología: inauguró un deck de Speedy que ofrece en forma gratuita wi-fi y diez notebooks para los turistas que no se desenchufan nunca. Hacen cola para conseguir una máquina por 15 minutos. “Por día nos visitan más de 50 personas. Muchos miran las noticias y mandan mails para estar al tanto de lo que pasa con sus trabajos”, dijo una promotora de ese sector ubicado a 50 metros del mar.

“No soy un workaholic. Mi jefe no me quería dar vacaciones porque había mucho trabajo. Me dijo que si me iba tenía que contratar a otra persona. Si me quedaba en el laburo, mi esposa me dejaba. Y si me iba a la costa, me echaban. Al final quedé bien con todos: mezclo placer con obligación”, dice Ernesto, empleado de un estudio jurídico de Lomas de Zamora. Pide no ser fotografiado para preservar su puesto.

Pero no todos los turistas que navegan en la web desde la playa lo hacen por trabajo. Hay cibernautas que se conectan por diversión, moda o costumbre. Es el caso de Natalia. Mientras descansa en un jacuzzi y toma un daiquiri de frutilla enciende su notebook para chequear los mails y programar la salida nocturna con amigas. A pocos metros, recostados en camastros ubicados frente al mar, una pareja de novios se saca fotos con un blackberry. Al lado, un grupo de jóvenes bajan temas para sus mp3 y un oficinista que trabaja en Retiro chatea con su jefe para pedirle dos días más de vacaciones.

Las empresas Movistar, Personal, Claro y Nextel instalaron puestos en algunas playas. “Lo primero que nos piden los turistas para alojarse es que haya internet y conexión inalámbrica. Lo piden porque tiene problemas laborales y necesitan estar atentos. El otro día vino un chico desesperado a ver su correo porque en su empresa habían suspendido a 20 empleados. Como no había máquina disponible se puso a llorar. Las vacaciones sin celular e internet quedaron en el pasado”, dijo Patricia Garonisi, encargada de un hostel de Playa Grande.

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