La crisis, en medio de los cálculos K para el año electoral que ya se viene

La imagen que pretende de sí mismo el Gobierno frente a la crisis global pasó de la supuesta invulnerabilidad del "modelo" a una larga sucesión de medidas para enfrentar los efectos locales que ya nadie se anima a subestimar. Ese cambio, evidente, empieza a perfilar además un elemento ya no de gestión sino estrictamente de campaña: el discurso apuntará a instalar que sólo el oficialismo estaría en condiciones de resistir la tormenta o, dicho de otra forma, que la salud de la economía depende del éxito político -electoral, el año que viene- del proyecto kirchnerista.
En su última escalada de actos públicos, Néstor Kirchner expresó sin vueltas lo que algunos dirigentes oficialistas venían sugiriendo en privado. "Miren si con esta crisis estuviese gobernando la oposición. Dios nos libre", ironizó. Al margen de la chicana, el ex presidente empezó a dar señales de una apuesta diferente a la sugerida cuando se hablaba de "efecto jazz" en contraposición con fortalezas propias. Se espera, en todo caso, que el temor frente al panorama oscuro de la economía termine mejorando las chances electorales del oficialismo. No es un dato menor.

El Gobierno busca así coronar varios objetivos. En primer lugar, apunta a que los anuncios que casi a diario vino haciendo Cristina Fernández de Kirchner le permitan recuperar el terreno perdido en materia de imagen y de iniciativa. La clave, política y económica, es generar confianza. Y los resultados se medirán recién en el mediano plazo, cuando puedan verificarse los efectos reales del amplísimo conjunto de medidas.

Pero todos saben, claro, que generar confianza es además un prerrequisito: la suerte de los planes suele depender también de la credibilidad que generen desde el arranque. Razón más que suficiente, junto a otras, para que el fin de año llegue con un intensa producción de encuestas.

Al menos dos trabajos encargados por el oficialismo y que trascendieron en los últimos días indagan sobre el efecto de los anuncios en la imagen de la Presidenta, pero también sobre la percepción de los encuestados sobre el paquete en sí mismo.

El encargo de tales relevamientos indica por dónde transitan las inquietudes propias sobre la gestión presidencial. Los resultados, dicen, fueron buenos, aunque no recomendables para lecturas lineales: las expectativas sobre la evolución de la economía siguen siendo cautas, cuando no pesimistas. Y en ese renglón asoma de manera nítida el temor al desempleo, en un escalón que antes dominaba la inflación.

La cuestión de la imagen presidencial es materia de controversia si las miradas se concentran en las encuestas, que desde hace tiempo circulan como material de orientación sobre los humores sociales pero también como elementos de campaña. Eso explica seguramente las contradicciones entre relevamientos de los últimos días.

Así, en la otra vereda de la política se mencionan trabajos específicos de algunos distritos, como Córdoba y Santa Fe, donde el Gobierno sigue arrastrando serios problemas, sobre todo a partir del conflicto rural.

En todos los casos, el oficialismo observa de cerca también la evolución de los porcentajes referidos a la imagen de Kirchner. Y, sobre todo, se mide la provincia de Buenos Aires, donde el peronismo continúa sin definir candidaturas mientras se mantiene, sino abierta, al menos entornada la puerta a la competencia del ex presidente. Hay quienes sugieren que, por ahora, los números no cierran para encarar una movida electoral que, en rigor, sería una apuesta a todo o nada.

El lugar de jefe político asumido de manera expresa y excluyente por Kirchner es a la vez un problema para el oficialismo. ¿Cómo mejorar la imagen presidencial si hasta algunos funcionarios dejan trascender el juego decisivo de Kirchner en cada medida de Gobierno, en las más notorias y en las menos trascendentes? No se trata sólo de trascendidos: la embestida contra Julio Cobos reforzó la percepción sobre el papel central del ex presidente y, en la práctica, hasta le disputó protagonismo a varios de los anuncios de Cristina Fernández de Kirchner.

De todos modos, está claro que el discurso oficialista tiene su máxima expresión, la más clara y casi siempre la más dura, en las apariciones de Kirchner. Por eso, las cargas contra la oposición marcaron en estos días el virtual lanzamiento de la campaña del Gobierno, con la crisis ya instalada como tema ineludible.

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