Crisis institucional y deuda externa

Por Miguel Teubal.

No se ha discutido lo suficiente la conveniencia de volver a los mercados financieros y a una política de endeudamiento con los condicionamientos del FMI.

Una cuestión que tiene que ser objeto de debate porque está en el transfondo de la actual crisis institucional es el futuro de la política de endeudamiento externo. Hasta ahora el gobierno argentino, de la mano de su ministro de Economía, Amado Boudou, ha emprendido una operación tendiente a recomponer lentamente su relación con el FMI.

Se trata de renegociar los denominados holdouts, y así "resolver" un problema que impide la "vuelta" a los mercados financieros internacionales y el acceso a nuevo endeudamiento externo. Claro está, presumiblemente no se emprenderían los ajustes y condicionamientos de antaño. No se querría volver a políticas de los turbulentos años 1990 y 2000, que nos llevaron a la crisis más importante de nuestra historia.

Se crea el denominado Fondo del Bicentenario integrado con parte de las reservas acumuladas en años recientes. Tendría por finalidad "darles señales a los mercados" respecto de la intencionalidad del gobierno.

Es un fondo sugerido por Mario Blejer, un hombre del FMI a quien también se le ofreció la jefatura del BCRA. ¿Significa esto una nueva adhesión a las versiones más ortodoxas del neoliberalismo económico, después de emprender una suerte de neodesarrollismo en los años posteriores a la crisis del 2001-2002? De todos modos, tras los recientes acontecimientos y movidas por parte de jueces y abogados nacionales e internacionales el Fondo puede que no sea concretado.

Lo que no se ha discutido lo suficientemente es la conveniencia de volver a los mercados financieros internacionales y con ello a una política de endeudamiento que conlleva a los tradicionales condicionamientos del FMI.

El Gobierno ahora plantea que, con ello, se tendría acceso a un financiamiento a tasas de interés más bajas, lo cual permitiría impulsar el desarrollo del país. No es algo que se pregonara hace algunos años, cuando se hizo patente que dicho endeudamiento y sus condicionalidades constituían elementos esenciales del neoliberalismo económico aplicado a rajatabla en el país.

Frente a esta política lo que debe discutirse es una política de desendeudamiento. Achicándose la deuda se reduciría los servicios de la misma, y los superávit fiscal y del comercio exterior podrían ser utilizados para otras finalidades. Claro que todo ello supone un cambio de modelo.

En la actualidad una política de desendeudamiento entraña diversas cuestiones: en primer lugar, retomar nuevamente la investigación realizada por Alejandro Olmos y que derivó en una sentencia del Juez Jorge Ballestero, declarando que gran parte de la deuda era "odiosa" (contraída durante una dictadura militar) e "ilegítima" al comprobarse múltiples irregularidades en los préstamos otorgados. Al prescribir la acción penal las actuaciones fueron transferidos al Congreso en donde a todos sus efectos prácticos quedaron cajoneadas.

Es el momento para que se revea esta cuestión: seguramente se establecería un monto de deuda mucho menor a la que se maneja en la actualidad. También está la posibilidad de recomprar los títulos de la deuda en los mercados internacionales, especialmente en momentos en que éstos se hallan fuertemente devaluados. Es algo que hizo recientemente Ecuador.

Surge entonces nuevamente la pregunta: ¿por qué seguir endeudándose? El país creció mucho más sin nuevo endeudamiento externo. Cabría pensar en acciones conjuntas con otros países latinoamericanos, para reducir al máximo sus respectivas deudas externas. Durante la reciente crisis el G-20 reafirmó su confianza en el FMI y le otorgó nuevos fondos. No hubo por parte de ese organismo ningún cambio sustancial de política.

*Economista, Investigador Superior del Conicet en el Instituto Gino Germani de la UBA.

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