La crisis humanitaria, una bomba de tiempo para los militares paquistaníes

La crisis humanitaria, una bomba de tiempo para los militares paquistaníes
Los desplazados se apiñan de manera caótica en campos de refugiados que carecen de recursos.
Son un mar de gente que avanza por la ruta que los lleva a Mardan con colchones, frazadas, cacerolas, con las mujeres cubiertas en rigurosas burkas. Representan la imagen de la desolación y el desamparo pero son los que pueden transformar la actual operación militar paquistaní contra los talibán en un fracaso y en un boomerang de impredecibles consecuencias. En Pakistán los han bautizado "desplazados de guerra internos", que huyen de los bombardeos del Ejército, de la artillería y de los combates contra los talibán en el valle de Swat.

Este millón de personas en marcha, desesperados y sin recursos, no sólo son los hijos de la guerra sino de una improvisación logística caótica del gobierno para recibir al éxodo más grande de la historia paquistaní, desde la fundación del país, en 1947. El riesgo es que su frustración se transforme en furia incontrolable en los 60 campos de refugiados que se han habilitado para recibirlos, que funcionan sin infraestructura adecuada y sin medios. La situación en los campos es explosiva y no se ha instrumentado aún un mecanismo sólido para recibir la ayuda provincial y federal.

Esta falta de planificación en la evacuación previa a los bombardeos y la ausencia de una organización para recibir tamaño éxodo es la mayor amenaza para el gobierno y para la popularidad de la operación militar, que ha comenzado a ser cuestionada. Las organizaciones humanitarias piden donaciones y en los mercados de Karachi, Islamabad y Lahore se acumulan bolsas de comida, carpas y ropa para los desplazados.

Bajo el sol atroz en Mardan, llegan en ómnibus, en techos de camiones, a dedo, en burro o a pie. Con el afán de anotarse, los refugiados esperan hasta tres horas para que les digan que deben trasladarse a otro campo y otras tantas para buscar agua escasa o conseguir comida. Muchos han caminado 100 kilómetros para llegar con familias enteras, incluidos ancianos y chicos, y no alcanzan las instalaciones sanitarias para tratar a los heridos por los bombardeos, a los deshidratados y aquellos traumatizados por los helicópteros en combate y el miedo durante la huida.

Mussarrat Hilali, vicepresidenta de la comisión de Derechos Humanos de Pakistán, denunció que los campos de Mardan han dejado de registrar a los que llegan porque sólo tienen lugar para 56.000 personas. Exactamente 315.603 personas están en el área y la mayoría debe dormir a la intemperie, sin carpas ni comida. En el Campo Jalala, en Takht Bhai y en Sheik Shahzad y Sheik Yaseen, en Mardan, no hay ginecólogas ni médicas mujeres para tratar a las mujeres pashtún, que mantienen una estricta purdah o confinamiento. Tampoco hay ambulancias ni unidades médicas móviles. Las oficiales del gobierno admiten que el éxodo interno en Pakistán excede el de los 2,5 millones refugiados afganos, que llegaron a Pakistán en 10 años. En 10 días, 1,4 millones de personas han huido de la guerra. Muchas familias se han separado en la desesperada huida y al menos se han detectado 1.077 chicos que han perdido a sus padres. Sin electricidad, sin agua, sin camas y sin la menor posibilidad de estar a la sombra bajo el sofocante verano paquistaní, la vida para estos desplazados es miserable. Han partido con lo mínimo y no tienen ni dinero ni trabajo ni familiares cercanos para poder mejorar sus condiciones. La policía les pega con sus bastones para organizarlos en una distribución de alimentos que no alcanzan y que se hacen con el agotamiento del escaso personal superado por la crisis humanitaria.

A los desplazados, se sumarán miles más porque la operación recién está avanzando en menos de la mitad del área a ocupar militarmente. Una transferencia ordenada de los desplazados será indispensable si el gobierno quiere controlar los campos y los disturbios potencialmente explosivos que puedan producirse.

Todos los partidos políticos apoyan la operación militar. El premier Yousouf Gilani acordó llamar a una conferencia para diseñar conjuntamente una política de seguridad. Pero el partido Jamiat Ulema Islam Fazl se disoció de este grupo. "El gobierno esta alimentándonos con información equivocada. Muchos inocentes -no sólo militantes- resultaron muertos en esta operación", dijo Maulana Fazlur Rehman, su líder. Si la tragedia humanitaria se agrava, los talibán van a reclutar miles de refugiados desencantados para su jihad o Guerra Santa y el gobierno podría sufrir consecuencias. El premier Gilani ha dedicado una fortuna para los desplazados pero no ha llegado a ellos, como tampoco llega ayuda internacional. Esta crisis es producto de las políticas de las superpotencias en la región. Los desplazados deberán recuperar una vida digna si el gobierno no quiere ser acusado de haberlos abandonado a su suerte.

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