La crisis golpeó fuerte en la clase media y hay más empleo en negro

Entre los jóvenes creció la precarización laboral. Incluye a los profesionales.
Por el impacto de la crisis global, hubo un mayor desempleo y una fuerte precarización laboral afectó especialmente a los sectores medios. Así, durante el año pasado no solo muchos trabajadores perdieron el empleo y quedaron desocupados. Una franja importante de obreros, empleados, cuentapropistas o profesionales pasó de tener una ocupación estable a un empleo precario. Y eso porque, por la menor actividad, debieron trabajar menos horas o hacer simplemente changas o dejaron de pagar las contribuciones sociales y se desempeñaron "en negro".

Estas conclusiones surgen de la última Encuesta, del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, que indica que la desocupación subió del 10,6% en 2008 al 11,3% en 2009, el subempleo inestable -- ocupados en trabajos temporarios de bajos salarios o con planes de empleo-- se mantuvo con pocos cambios (de 10,4 al 10,8%), mientras el empleo precario subió del 37,5 al 41,5% de la población activa, el mayor porcentaje de precarización laboral desde 2004.

El mayor deterioro se verificó en el empleo precario y los que más sufrieron este proceso, fueron los jóvenes de hasta 34 años, los mayores con más de 60 años y los trabajadores con secundaria completa pertenecientes a los estratos medios del mercado de trabajo.

Con esta nueva realidad, en 2009 apenas el 36,5% de la población activa --estimada en 16.500.000 personas-- tuvo un empleo pleno cuando en 2008 había registrado el 41,2%. Así la crisis, golpeó de una u otra manera a 775.500 personas activas.

De acuerdo a Agustín Salvia, Director - Investigador Jefe del Programa del Observatorio, "la crisis que comienza a disiparse no sólo incrementó el desempleo sino que también generó un mayor deterioro de las condiciones de trabajo, lo cual implica una serie no siempre reconocible de efectos nocivos sobre las capacidades laborales. Para muchos trabajadores que se desempeñaban por cuenta propia o asalariados ocupados antes de la crisis en empleos precarios, el deterioro significó la pérdida del empleo o su transformación en changas o en subempleos de indigencia. Este efecto operó sobre todo en los sectores populares y más pobres del mercado de trabajo".

Salvia sostiene que la crisis tuvo otro efecto sobre los trabajadores de los sectores medios: "Para muchos trabajadores calificados, la crisis no implicó necesariamente desempleo abierto sino una precarización del trabajo. En el caso de los asalariados a través de una suspensión temporaria, una disminución de las horas trabajadas o el pase a la extralegalidad al dejar el empleador de hacer los aportes correspondientes a la seguridad social. Al mismo tiempo, en el caso de los trabajadores autónomos o pequeños empleadores con empleos estables y legales, la crisis implicó una disminución importante del nivel de actividad y, por lo tanto, de los ingresos, lo cual significó no sólo reducir horas de trabajo sino también reducir personal o gastos, compensar pérdidas dejando de hacer las contribuciones. Todo lo cual implica una precarización de hecho de las condiciones de trabajo, sin que ello implique un desempleo abierto".

Salvia concluye que "toda crisis produce consecuencias nocivas no sólo económicas sino también en materia de capital humano, pero sin duda las segundas resultan más costosas que las primeras, sobre todo cuando los mercados no disponen de instituciones laborales ni los gobiernos de políticas activas".

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