La crisis global complicaría la emisión de nueva deuda

Fuentes oficiales afirman que el canje se hará, pero admiten que será difícil obtener "dinero fresco
Con el telón de fondo del diluvio en Buenos Aires y de la renovada tormenta financiera en el exterior, los organizadores del canje de la deuda confiaron ayer en que la operación aún puede lograr una adhesión del 60% en marzo, pero admitieron que se puede complicar la emisión de nueva deuda por unos US$ 1000 millones.

Fuentes familiarizadas con el canje, que pidieron mantener sus nombres en reserva, indicaron a LA NACION que si no aparecen nuevas complicaciones regulatorias, a fines de febrero se lanzaría el demorado intercambio de los bonos en default y afirmaron que los trámites en Estados Unidos, Europa y Japón "están terminados en un 90 por ciento".

La Comisión de Valores de EE.UU. podría enviar una nueva ronda de preguntas más acotadas sobre la inflación o las reservas, mientras que en el Ministerio de Economía confían en que el trámite de aval a la oferta sea más sencillo en Tokio, Luxemburgo y hasta en Italia. En esas plazas financieras, aseguran, sólo habrá interrogantes sobre la consistencia de la propuesta y no sobre la situación local.

"El canje se hace sí o sí; habrá que ver qué pasa con la nueva emisión. Pero la prioridad clara es avanzar con la normalización financiera del país", indicaron las fuentes, tras el aval público de la presidenta Cristina Kirchner a la operación.

El ministro Amado Boudou lo ratificó ayer en declaraciones tras su reunión con funcionarios brasileños: "Luego del gran paso que dimos en 2005 [con el primer canje], este año vamos a dar un paso definitorio". Además, afirmó que "la medida de fondo para terminar con los embargos es realizar el canje", al ser consultado sobre las posibles consecuencias de usar las reservas del Banco Central para pagar deuda con el Fondo del Bicentenario. Pese al deterioro registrado en los títulos soberanos en el último mes, la confianza del Palacio de Hacienda y de los bancos organizadores no ha menguado respecto de la participación de los grandes inversores, que asegurarían hasta US$ 12.000 millones de aceptación.

"Los fondos que compraron títulos a muy bajo precio siguen viendo esto como una buena oportunidad, aunque los términos de la oferta empeoren por cuestiones ajenas a la Argentina", estimó una de las fuentes consultadas.

Aunque baje el valor de la oferta, al mismo tiempo también bajará el precio de los títulos en default que tienen estos inversores en Nueva York y en varias capitales europeas, por lo que la diferencia a su favor sigue intacta. Sobre todo, si es verdad que Economía volvió a pensar en incluir en la oferta los pagos atrasados por el cupón atado al PBI.

El factor externo que complica las perspectivas de la emisión de la deuda nueva es el peligro de default que envuelve a algunos países europeos como Grecia y, más tenuemente, a España y Portugal. Aunque la mayoría del mercado afirma que habrá rescate para esos gobiernos, también cree que si esa solución se demora podría generar un menor apetito por los bonos de los países en desarrollo.

Si el timing del salvataje es inadecuado y los datos de recuperación en EE.UU. siguen siendo débiles, habrá que repensar la operación en su conjunto, admitieron. "Si el mundo vuelve a estar como en la caída de Lehman, estamos hablando de otro escenario", confesaron.

A este terremoto externo se le agrega en el plano interno la incertidumbre generada por el Fondo del Bicentenario, la pelea por la autonomía del Banco Central y por el uso de reservas, que ahora el Gobierno quiere acelerar por la vía de la Corte Suprema (ver primera sección). En esa sintonía, los analistas afirmaron que el riesgo país subió más que el de otros mercados emergentes. Por esta razón, aunque existe tanta seguridad sobre la viabilidad del canje entre sus organizadores, la sensación cambia en forma notable respecto del "dinero fresco" que estaba previsto pedirles a los grandes inversores por unos 1000 millones de dólares. "Con estas tasas de interés, es imposible suscribir un nuevo bono, tanto para la Argentina, como para otros emergentes más prolijos", dijo una fuente del sector privado.

En el mismo sentido, en algunos despachos oficiales consideran que salir al mercado externo en este contexto sería contraproducente, tanto en términos económicos como políticos.

Sin embargo, esta definición deja de lado una premisa: los Kirchner habían aceptado el canje a cambio de que ingresaran fondos frescos. Si esto no ocurre, se aceleraría el apetito para gastarse las reservas del BCRA. Al respecto, el ex secretario de Finanzas Daniel Marx sostuvo que "no es imposible que el Gobierno pueda salir al mercado, pero la secuela que dejó toda la pelea por las reservas es que se perdió un buen momento para hacerlo y que deberá recuperar terreno para lograrlo".

Un nuevo bono de la Argentina a 10 años, según Marx, podría tener una tasa de interés cercana al 13 por ciento.

Un informe de la consultora ACM dice que "la duda principal que cabe es si el Gobierno seguirá adelante con la transacción, o si pretenderá tener definida antes la cuestión del Fondo del Bicentenario". Además, advirtió que demorar los tiempos "genera algún tipo de riesgo" por la crisis europea que, si se agudiza, "complicaría la concreción de la transacción".

En este caso, "el más afectado sería el ministro de Economía".

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