La crisis dispara otras vocaciones

Por: Osvaldo Pepe

Hace dos semanas, en una carta publicada en Clarín, un ingeniero de 73 años, de cuna humilde, contó cómo pudo burlar su destino de previsible pobreza gracias a la capacitación que recibió en sus años jóvenes en las llamadas "escuelas-fábrica".

A través de ellas aprendió el oficio de tornero, que le permitió ir financiando sus estudios. Con el tiempo, el hombre llegó a ser profesional y fundador de su propia empresa. Su biografía es una síntesis perfecta de la movilidad social ascendente de una Argentina de otro tiempo. La "escuela-fábrica" cumplió la función social de darle conocimientos para ingresar al mercado laboral y él puso el resto para graduarse. Por décadas las carreras tradicionales (medicina, abogacía, arquitectura, ingeniería) dominaron las tendencias de la sociedad. Más un modelo aspiracional que real: se recibían pocos, se frustraban muchos, el país malgastaba recursos y a la vez no calificaba a su fuerza de trabajo.

Hoy, por la crisis, esas tendencias vienen en proceso de cambio y se observa una expansión de aquellos estudios más acordes a una salida laboral rápida. Así, los de transportes, radiología, turismo, comercio exterior, balística, criminología, enología, entre otros, tuvieron mayor crecimiento porcentual que las carreras tradicionales, según datos del Ministerio de Educación.El cambio tecnológico y las innovaciones productivas llevan hoy a demandar otro tipo de saberes y esbozan un nuevo perfil de la mano de obra. Las vocaciones se han vuelto más utilitarias. Importa más tener un trabajo que una graduación vacía, versión aggionarda de las antiguas "escuelas-fábrica". No es poco en un escenario donde los pronósticos más optimistas y los más agoreros coinciden en una mala noticia: el desempleo crecerá este año entre los argentinos.

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