Por la crisis, la compra-venta de joyas vive su propio boom

Creció un 30% la cantidad de gente que se está desprendiendo de alhajas.
La visión del local de Alvear 1572 desconcierta. La joyería, de escasos 20 metros cuadrados, está atiborrada de gente. Las cuatro sillas de espera, ocupadas. En la primera, una mujer de unos 40 años tiene las dos manos cerradas con fuerza sobre su cartera Louis Vuitton. Más allá, dos hombres y otra señora que se aferra a su bolso como si tuviese dentro varios miles de dólares. Y tal vez los tiene. ¿Cómo una joyería está llena en la época del consumo en caída libre? El cartel que la identifica responde: al lado de "venta" dice "compra".

Esas cuatro son parte de las diez personas que cada día, en los últimos dos meses, se acercaron al lugar para ofrecer alguna alhaja. La actividad aumentó un 30% en relación al año pasado, contó Paul Paker, que no da abasto para atender a toda la clientela. Después del 20, cuando las cuentas apuran, llegan todavía más: "Al finalizar el mes vienen un montón. Es la época de pagar deudas... ". Parece que la crisis internacional y el buen precio del oro -que no cayó tanto como otros activos, porque sigue siendo un refugio de valor para épocas de turbulencia- empujó a los porteños a sacar de la cómoda sus joyas.

En mayo de 2008 nadie compraba nada, recordaron en las 10 joyerías que visitó Clarín. Ahora todos quieren vender. En calle Corrientes, la recepcionista apura a terminar la frase "fue abrupta la cantidad de consultas en las últimas semanas", para atender a una señora que entra mostrando un reloj, en simultáneo con un llamado telefónico que interroga por una cotización. Mientras, los tres tasadores están ocupados con otros casos. Cerca de ahí, Augusto Cruz cuenta que en Leiva Joyas hubo "más asistencia directa al local". Y no sólo eso: hasta le pidieron que vaya a tasar los bienes en una caja de seguridad de un banco, lo que "habla del tipo de gente que están vendiendo".

Además de la concurrencia, varió el motivo de la venta en relación al año pasado. Para Cruz, las razones son "el aumento del oro" y la intención de "obtener un rédito financiero". La gente, especifica, "está vendiendo mucho para comprar dólares, antes lo hacía para comprar otra cosa".

En otras zonas de la ciudad la tendencia se confirma. Desde un local de calle Libertad, Daniel Pugliese asegura que "un 20% más" se arrima para "tasar las cosas de la abuela".

En lo más alto de la pirámide, los ABC1 le pasan el trapo a los vidrios firmados, pinturas y demás antigüedades para mostrárselos a Paul, el de la joyería de Alvear, a ver cuánto pueden sacar de eso. Pero la joyita es la joya, y lo que más rinde hoy en día parecen ser los brillantes: "10.000 dólares el quilate", cotiza Parker. ¿El mayor pago de Cruz en la última semana? Un anillo de algo más de 25.000 dólares. El "efecto pobreza" que se coló en las clases medias altas, todavía puede esquivarse gracias a la abuela.

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