¿Crisis o colapso?

Por Rosendo Fraga

Roberto Lavagna dijo una vez cuando era ministro, que el problema de la Argentina consistía en que durante 60 años había sufrido una crisis económica cada cinco y en consecuencia, si el país lograba una década sin crisis, podía cambiar su historia de alta volatilidad macroeconómica ciclica.

Cuando muchos creían que ahora ello era posible, la dura realidad plantea que ha comenzado una décimo tercera crisis en 63 años.

En mi opinión, de la docena de crisis sufridas, dos fueron colapsos: la hiperinflación de 1989 y el estallido de la convertibilidad y el default de 2001-2002.

En el medio, tuvo lugar la crisis de 1995, conocida popularmente como el efecto Tequila.

Las crisis de 1982, 1985 y 1995, son percibidas en la memoria social como tales, pero no como colapso, que es el registro que han dejado las de 1989 y 2001.

En las últimas, la violencia social en las calles, precipitaron la renuncia de los presidentes, Alfonsín en el primer caso y De la Rúa en el segundo. Ninguna de las dos situaciones se dio en 1995. Es más, ese año Menem fue reelecto con el 49% de los votos, aunque el PBI caía el 4% y el desempleo llegaba al récord histórico del 18%.

Para la generación que hoy promedia los cuarenta años -que tiene un rol decisivo en la gestión de la economía- el problema es que en las tres crisis que le ha tocado vivir, se encuentran los dos colapsos.

Como la economía se maneja por expectativas y estas tienen como referencia la historia -a veces relativizada por la codicia- para lo que suceda en las próximas semanas en la Argentina, va a ser fundamental si la gente percibe lo que ha comenzando, como una crisis o un colapso.

Si se teme lo último, las expectativas agravarán los efectos de una situación que comenzó como los efectos locales de la mayor crisis financiera del mundo desde 1929 y ahora ha sumado una grave crisis local por las consecuencias del proyecto de estatización de las AFJP. El fenómeno es popularmente conocido como la profecía autocumplida y si no se maneja adecuadamente, agravará los efectos que han comenzado a producirse por el freno de la economía.

Las analogías históricas son útiles para entender y para visualizar riesgos, aunque no necesariamente para pronosticar.

La realidad muestra que pese a la dura combinación de crisis mundial y local, el escenario de 2009 es mucho más semejante a la situación de 1995, una fuerte recesión con importante aumento del desempleo, que a la hiperinflación de 1989 o el default de 2001.

Paradójicamente, plantear que el escenario probable es el de 1995 hoy reduce los temores en vez de aumentarlos, dado que en la memoria social están muy presentes los dos colapsos.

Desde el análisis político, no hay ninguna causa macroeconómica para que la crisis que ha comenzado se transforme en colapso, salvo que el matrimonio Kirchner insista recurrentemente en generar conflictos innecesarios, como sucedió con el campo en el primer semestre y con la estatización de las AFJP en el segundo.

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