Crisis en el BCRA

Crisis en el BCRA
El Gobierno lanzó con bombos y platillos el bono del Bicentenario, a través de un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) ordenó al Banco Central conformar un fondo de 6.500 millones de dólares de las reservas para generar confianza en el mundo financiero y garantizar el pago de los vencimientos por la deuda externa de 2010.
Martín Redrado, actual presidente, de formación liberal, nunca se sintió cómodo en la función, sin embargo su gestión fue relativamente tranquila, y no debió establecer políticas que vulneraran la carta orgánica del Banco Central. A pesar de ello, se sabe que últimamente había decidido renunciar a su función por algunas cuestiones técnicas y políticas que lo molestaban. Además sufría las presiones de algunos funcionarios K que pretendían distender las medidas del banco a favor de flexibilizar las normas del sistema

monetario.

Cuando Kirchner ordenó amortizar los 10.000 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional, el Banco Central acató la decisión, ya que existía casi un consenso absoluto en los sectores políticos y sociales y el Senado de la Nación aprobaría sin dudas la medida, de fuerte contenido político, para desembarazarse de la severa vigilancia del FMI.

Sin embargo, la situación presente es absolutamente distinta. En primer lugar, la decisión surgió de un DNU cuya aprobación por el Senado es totalmente dudosa, ya que desde el 10 de diciembre cambió la composición con un equilibrio casi a favor de la oposición y con Cobos, con lo que esto significa. En segundo lugar, el presidente, cuyo mandato vence en septiembre, está avalado por el Senado, por lo que nadie puede obligarlo a renunciar y, bajo las circunstancias actuales, hasta Mario Blejer, amigo del Gobierno, rechazó en principio la aceptación al cargo.

Así, el Gobierno se encuentra en una encrucijada, ya que, frente a la debilidad fiscal que muestra la tesorería nacional, la intención del Poder Ejecutivo era liberar fondos para mantener la política del gasto público, de los subsidios y la asistencia social, olvidándose de las obligaciones que debían financiarse con el Tesoro Nacional.

Por otra parte, la oposición, que en nada colabora a resolver los problemas de la Nación, y con un criterio absolutamente liberal, se niega a aceptar que se utilicen la reservas, ya que ello beneficiaría al oficialismo para expandir el modelo populista y mantener esperanzas para las elecciones de 2011. Y como si esto fuera poco, esta situación genera una señal extremadamente negativa en el mundo de las finanzas internacionales, por lo que seguramente bajarán los bonos, habrá mayor incertidumbre y menor confianza.

Lo cierto es que el Gobierno no da el brazo a torcer e insiste con sus métodos de coerción sin un proyecto a mediano y largo plazo, en el entendimiento de que los dólares que ingresarán por la cosecha de la soja y la demanda en general de Brasil y China brindarán a nuestro país un crecimiento que derramará para el bienestar de todos los argentinos.

Independientemente de este conflicto institucional, lo que no se entiende es por qué el Gobierno K insiste en una actitud de confrontación, sin objetivos, ya que de tenerlos y consensuarlos con el resto de los sectores políticos y sociales, podría afectar estos 6.500 millones de dólares de las cuantiosas reservas del Banco Central y muchos más para establecer una política de

desarrollo nacional.

La oposición reniega de todo lo que sea informal, pero no aporta absolutamente nada para mejorar la situación de debilidad y desequilibrio económico y social que atraviesa la Nación. Y por otra parte apuesta al deterioro del Gobierno con vistas a 2011. Y el Gobierno solamente insiste en el eslogan de la distribución del ingreso, cuando la inversión reproductiva, que es el motor de la producción, ha caído a niveles casi insignificantes. Este diferendo muestra la ausencia de los sectores políticos y sociales de la Argentina para encarar seriamente una política que erradique la pobreza y la indigencia e inicie un camino serio, responsable y veloz de políticas públicas, con objetivos claros y transparentes.

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