La crisis apura el paso

Los países más poderosos y los emergentes que integran el G-20, entre ellos Argentina, debaten en Londres salidas a la crisis. Las proyecciones son cada vez más pesimistas y obligan a acelerar definiciones. El rol del FMI y de las calificadoras.
Los ministros de Economía y Finanzas y los presidentes de los bancos centrales del Grupo de los 20, entre ellos los argentinos Carlos Fernández y Martín Redrado, iniciaron ayer en Londres las sesiones preparatorias de la cumbre de presidentes que tendrá lugar en esa ciudad el 1º y 2 de abril. Ante la agudización de la crisis, existe una creciente expectativa de que de ese encuentro empiecen a surgir respuestas concretas que sirvan para ponerle un piso a la caída. El escenario es cada vez más preocupante. El Fondo Monetario Internacional hizo saber informalmente a los ministros que revisará otra vez sus proyecciones para este año, entregando pronósticos todavía más pesimistas. Será la tercera corrección a la baja, con caídas más pronunciadas de los países centrales. El temor a caer en una fase de depresión económica global aceleró las discusiones de los funcionarios, según revelaron a Página/12 fuentes oficiales.

Uno de los ejes de las discusiones es justamente el rol que se les asignará al FMI y a los demás organismos internacionales de crédito. El tema se debate en uno de los cuatro grupos de trabajo en que se dividieron las tareas. Todos parecen coincidir en que, tal como viene funcionando, el FMI no le sirve a nadie. También hay consenso en que necesita más recursos para asistir a los países en problemas. El gobierno de Estados Unidos ya expresó que hay que capitalizar al FMI. El problema es que todavía no hay acuerdo sobre si debe persistir el esquema de condicionalidades que aplica hasta ahora el organismo para conceder los préstamos de ayuda. Alemania y otros países europeos son los más inflexibles.

La posición argentina en la reunión viene siendo muy clara: el FMI tiene que auxiliar a los países sin inmiscuirse en decisiones internas de política económica. También reclama una reformulación de su estructura de funcionamiento, otorgando a los países en vías de desarrollo mayor poder de voto. Otra cuestión es qué hacer con la burocracia actual, identificada con la desregulación financiera y las políticas neoliberales que llevaron al mundo al actual estado de crisis.

En su intervención ante el cónclave de ministros, Carlos Fernández incorporó otros dos temas que ya se vienen debatiendo en el G-20 desde la última cumbre, de mediados de noviembre en Washington: el rol de las calificadoras de riesgo y el “combate” a los paraísos fiscales. En el primer caso, el ministro argentino enfatizó la importancia de crear mecanismos de control estatales que supervisen el funcionamiento de las calificadoras. Argentina fue víctima los últimos años de las arbitrariedades de esas empresas evaluadoras de riesgo, que les pusieron la misma nota a los títulos de deuda del gobierno nacional que recibían a mediados de 2001, cuando el país estaba a punto de caer en default. Fernández advirtió por “la falta de transparencia de los métodos de calificación”.

A través de un comunicado, el Ministerio de Economía también indicó que el ministro planteó la necesidad de “combatir coordinadamente a los paraísos fiscales”. Las sesiones de ministros terminarán hoy y se difundirá un documento con las conclusiones del encuentro.

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