La crisis agudiza el malestar

En épocas de bonanza económica, la desigualdad social pasa más desapercibida, pero en las crisis es motivo de irritación de quienes menos tienen.

Un ejemplo reciente es lo que sucede con los salarios y premios de quienes en los EE.UU. trabajan en el sector financiero.

El malestar es tan grande que el mismo presidente Barack Obama intervino para satisfacer el reclamo de la opinión pública, respecto de que los directivos de las entidades financieras, que en su mayoría hoy arrojan pérdidas, no sigan cobrando los salarios y premios que en realidad correspondían a una etapa en la cual su gestión parecía exitosa.

Algo similar sucede en la política. Cuando las cosas andan bien, los ciudadanos no se fijan demasiado en cuanto ganan sus representantes, pero cuando comienza el desgaste y aparece la insatisfacción de la gente, entonces la opinión pública se torna crítica o incluso hipercrítica con los salarios y beneficios que cobran los funcionarios y representantes; los que además son pagados con dinero público proveniente de los impuestos que pagan todos, incluso los más pobres, por el IVA que pagan los alimentos básicos.

El desgate político y la crisis económica hacen, en consecuencia, que en la Argentina las personas se hayan puesto más criticas sobre los aumentos salariales de funcionarios, legisladores y concejales.

El político que ocupa el cargo puede argumentar que en el ámbito privado, por funciones relativamente equivalentes, los salarios que se están pagando son mayores. Pero comparados con los que cobra el promedio de la sociedad, igualmente son mucho más altos.

Además, resulta cada vez más evidente que en la mayoría de los casos, el salario nominal es solo una parte del ingreso, que se ve engrosado en dos o tres veces más, con pasajes, viáticos, reintegros y otro tipo de suplementos.

Es así como resulta muy difícil tener una idea clara sobre le monto real que están cobrando los funcionarios de mayor jerarquía, y ello está sucediendo en casi todos los ámbitos.

Los aumentos que se publicitan por lo general son sólo del ingreso básico. Pero aún así, para el salario promedio de la gente, resultan muy altos.

En conclusión, resulta fundamental sincerar el ingreso real que están cobrando los funcionarios políticos de todos los niveles. La falta de transparencia en esta materia, no hará más que aumentar el escepticismo de la gente y profundizar el descreimiento en la llamada “clase política”.

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