La crisis afectó la cadena de pagos de empresas y comercios

Admiten que se estiraron de 60 a 90 días los plazos para cobrar; se prevén más dificultades
La fuerte contracción monetaria que registró la economía en los últimos meses de 2008, cuando los pesos se hicieron más escasos por la marcada dolarización de ahorros y carteras de inversión y la fuga de capitales, está poniendo a prueba la resistencia de la cadena de pagos.

En las empresas coinciden en señalar que los plazos de las cobranzas se están estirando sustancialmente y reconocen que la necesidad de asegurar el ingreso de efectivo (sin tener que recurrir al crédito, que se volvió más caro, escaso e inestable) los lleva a ofrecer descuentos a los compradores que prometen pagar al contado contra entrega.

Los analistas que siguen la evolución del riesgo crediticio, básicamente el comercial, advierten que la situación se irá agravando en los próximos meses y podría mostrar su punto culminante a mitad de año, cuando el número de quiebras y cheques rechazados duplique los niveles de 2008, que ya habían sido altos por el freno en la actividad que produjo el conflicto entre el Gobierno y el campo y las prevenciones que provocó el contagio de la crisis global.

"Los compradores me piden más plazo para pagar. Te diría que el 25 por ciento nos hizo llegar este pedido y otra porción similar se lo tomó de hecho, es decir: nos pagó con un cheque a 90 días sin avisar, y cuando los llamamos para sugerirles que lo cambiaran, nos dijeron que no podían. Así, lo que veníamos cobrando a 60 días ahora lo percibimos a un promedio de 75 días. Y ese diferimiento, como no nos queda otra, se lo trasladamos a nuestros proveedores", reconoció Guillermo Rimoldi, gerente financiero de la empresa de golosinas y cereales Georgalos.

La puja por no asumir el costo financiero del diferimiento se agudizó por el brusco aumento que mostró en la última parte de 2008 el costo del crédito. "Nos llegaron a pedir tasas del 40 por ciento anual", recuerda Rimoldi, constatación que lo convenció de lo que en la jerga se conoce como "pararse sobre la caja".

Práctica común

No fueron los únicos; lo hicieron todos. "Es lo que recomendamos a nuestros clientes de consultoría: reducir el nivel de exposición, la «plata en calle», trabajar con menos stock (porque nadie sabe cómo va a seguir esta película) y tratar de reducir los plazos de cobro, aunque eso implique ofrecer descuentos, porque el costo financiero de un diferimiento es mayor", explicó Pablo Lavigne, economista jefe de Datarisk, compañía especializada en evaluación de riesgo crediticio.

Lavigne es uno de los que pronostican que el clima comercial y crediticio (aumento de quiebras, concursos y cantidad de cheques rechazados) se deteriorará progresivamente en los próximos meses porque "la crisis macro llega a lo micro", dice, en relación con que la recesión ya se filtra en los números de las empresas.

En este sentido, los indicadores de enero se parecen mucho a una señal de alerta. Según contabilizó Fidelitas, otra empresa dedicada a la compilación de datos comerciales, en el primer mes del año fueron rechazados 128.712 cheques por haber sido librados sin fondos.

"Se trata de compromisos de pago por 641,7 millones de pesos que no fueron honrados, una cifra 87 por ciento superior a la registrada en igual mes de 2008", señaló Roberto Mónaco, director comercial de esa empresa.

Para Juan Prgich, presidente del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), no hay dudas de que el estiramiento en los plazos de pago es un problema con el que las empresas comenzaron a convivir a fines de 2008 y al que tendrán que amoldarse durante buena parte de 2009. "No se puede hablar de una rotura en la cadena de pagos. Pero es evidente que cobrar se hizo más complicado y el contexto cambió", sostiene.

La mayoría de las empresas relacionadas con el consumo consultadas por LA NACION admiten que dejaron de emitir cheques de pago diferido para entregar el documento de pago casi exclusivamente contra factura "y calzado con la cobranza pendiente que uno tiene en calle".

Merma en los créditos

Esta situación se reflejó de manera directa en la merma del 0,7% que registró el stock de créditos bancarios a empresas durante enero, cuando retrocedió en $ 488 millones, básicamente afectado por la disminución de $ 871 millones registrada en las financiaciones concedidas contra documentos, según mostraron las cifras relevadas por el Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina (Cedif-AR), oficina de estudios financiada por la banca pública y cooperativa.

La virtual parálisis del mercado crediticio no hace más que agravar la situación. El desencuentro entre oferta y demanda de crédito no sólo está determinado por la tasa de interés, sino también por las condiciones de financiación que ofrecen los bancos.

"Sería necio no reconocer que las tasas bajaron mucho en las últimas semanas, aunque sin volver al nivel que teníamos en el ejercicio pasado. El problema es que es difícil dar con bancos que te abran líneas a más de 7 días", dice Rimoldi, un ejecutivo que no puede evitar cierta nostalgia por las bondades de algunos años pasados.

"En los últimos años, mediante el leasing [operaciones de alquiler con opción a compra], reequipamos la compañía. Compramos empaquetadoras, envolvedoras, etcétera. Todo equipamiento que prácticamente se pagó con lo producido. Pero ahora tampoco se puede porque la oferta de leasing es mínima o nula", señala.

En los bancos adjudican la retracción del leasing a un efecto no deseado ni calculado por el Gobierno al impulsar el final de las AFJP. "Con ellas desapareció el inversor institucional de largo plazo, que nos permitía calzar este tipo de operaciones", concedieron en dos entidades privadas.

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