Una crisis que afecta a todos

La crisis hídrica es actual, tangible y dramática. Un tercio de la humanidad sufre escasez extrema de agua

Casi como ocurrió en gran parte del territorio nacional, la crisis hídrica fue el tema que atravesó de punta a punta la semana y trajo seria y onda preocupación también en La Rioja, en donde las primeras medidas, especialmente en localidades del interior provincial no se hicieron esperar.

Y es que al igual que ocurrió en primer lugar con el dengue y posteriormente con la gripe A, la crisis que se desató por la falta de agua despertó todos los alertas, aunque como ocurre en la mayoría de los casos, las soluciones van detrás del problema, en una muestra más de la improvisación con que se manejan los gobiernos, tanto el central como los provinciales.

Claro que, con la crisis hídrica, estamos ante un problema global y que, aún conocido por todos, de alguna manera excede al Gobierno de turno, más allá de las medidas eventuales que se deberían ir concretando, especialmente en infraestructura y obras.

No obstante, la crisis hídrica es actual, tangible y dramática. Un tercio de la humanidad sufre escasez extrema de agua. En éstas zonas, un cincuenta por ciento de la mortalidad de niños de cero a cinco años, de acuerdo con los datos brindados por la ONU, es producida por la más curable de las enfermedades: la diarrea. La pobreza extrema en el mundo, y tan discutida en la Argentina en los tiempos que corren, va paralela a la escasez extrema del agua.

Causas, se pueden mencionar muchas y todas son discutibles: culpa compartida de gobiernos, mega emprendimientos, cultivos transgénicos, desmonte, deforestación y una cultura de malos hábitos de consumo tanto de agua, como de energía y carbón, asi como la falta de solidaridad con los que no tienen acceso al vital recurso.

Pero lo que no se puede admitir de ninguna manera es la falta de acciones, que al igual que el agua escasean y bastante. Y en este sentido, es de destacar que desde el Gobierno de La Rioja ya se tomaron una serie de medidas que ponen de manifiesto la intención de preservar el recurso, ante una sequía que si bien alcanza ribetes de histórica en casi todo el país, para La Rioja no es ajena, si se quiere, desde el principio mismo y a lo largo de toda su historia.

Preocupa, y mucho, la situación que por estos días se está viviendo en Chamical, al igual que en otras localidades del interior, en tanto que en Capital la problemática estaría medianamente controlada, lo que de ninguna manera admite algún descuido por parte de las autoridades que, casi de manera desesperada, piden también a la población que haga un uso racional del recurso.

Pero en Los Llanos ya no queda margen para nada y, de hecho, el Gobierno ya puso en marcha un plan de racionalización del servicio como consecuencia de la tremenda sequía.

Y en este sentido, el plan previsto para Chamical determina, entra otras medidas, sectorizar la ciudad en zonas a las que se proveerá agua en determinados horarios, garantizando la provisión de mil litros de agua por domicilio, con el fin de optimizar el servicio. Esta acción se decidió conjuntamente con el municipio y sus concejales.

Chamical, como otras partes del país -Córdoba y Santa Fe, por mencionar sólo algunas-, atraviesa una profunda sequía desde hace meses provocada por la falta de lluvias, la carencia de agua en sus napas y muchos años de desidia oficial en la búsqueda de soluciones para un problema absolutamente vital, teniendo en cuenta el recurso de que se trata.

Y a raíz de toda esta problemática, entra aquí en discusión una vez más el rol que le cabe a la empresa concesionaria del servicio del agua, Aguas de La Rioja, ahora intervenida y que justamente tiene también la concesión en Chamical, en donde es más que evidente que no se realizó la inversión correspondiente para garantizar la correcta provisión del agua.

De hecho, todas las medidas y obras anunciadas en los últimos días por el Gobierno para paliar la dramática situación en la localidad de Los Llanos, debieron ser ejecutadas por la empresa que, a la luz de los acontecimientos, ni siquiera pudo ampliar la capacidad de potabilización del agua que llega a los hogares chamicalenses.

Similar situación se vive por estos días en la localidad de Chilecito, en donde Aguas de La Rioja también presta el servicio de agua potable, pero es el Gobierno el que despliega un esfuerzo mayúsculo para garantizar la distribución del recurso.

Pero el mapa de la sequía no termina allí. Localidades como Milagro, Ulapes y Chepes se convirtieron también en verdaderas radiografías de la crisis hídrica en La Rioja (ver págs. 14 y 15). Y el problema no es reciente, sino que data ya de hace un buen tiempo y va mucho más allá de los famosos aviones rompetormenta que nunca nadie pudo ver.

El Gobierno, tal como quedó demostrado en estos últimos días -el organismo interventor de la empresa Aguas de La Rioja, por ejemplo, puso en funcionamiento perforaciones que estaban fuera de servicio- ya se puso al frente de la situación en pos de preservar el agua y garantizar el servicio, pero el panorama no es muy alentador, mucho más si se tiene en cuenta la escasez de precipitaciones.

Pero la problemática del agua, plantea también una serie de contradicciones y cuestionamientos que, sin embargo, no se escuchó plantear a ningún ambientalista.

Si la Provincia se pone al frente del cuidado del agua, como de hecho lo está haciendo, cabe entonces preguntarse, por ejemplo, ¿qué ocurrirá con los proyectos mineros?

No sólo crisis hídrica

La falta de agua no se hizo sentir únicamente en los hogares riojanos, sino también en algún que otro incendio en el que hubiera hecho falta mucho líquido para poder apagarlo.

Y es que Chilecito volvió a ser noticia, pero esta vez no por la crisis hídrica, sino más bien por la grave crisis institucional que muestra a un municipio en permanente conflicto y con un intendente que se caracteriza, básicamente, por brillar con su ausencia: Lázaro Fonzalida.

El caos y la tensión se apoderaron una vez más del Municipio de Chilecito al conocerse la decisión por parte de la comuna de descontar los días no trabajados a aquellos empleados que se adhirieron al paro en reclamo del pago de la recategorización.

La medida del municipio llevó a que algunos empleados percibieran, por ejemplo, la irrisoria suma de poco más de un peso, situación que derivó finalmente no sólo en un verdadero escándalo en las puertas de la comuna chileciteña, sino también en una denuncia penal a funcionarios municipales.

Tal medida, fue en base a dos razones: primero no existe el instrumento legal que dictamine el por qué del descuento en los salario y segundo, la modalidad del descuento, ya que tanto los damnificados como el gremio, no recibieron notificación alguna.

La situación es mínimamente confusa, tal como lo es el liderazgo de Fonzalida que, al igual que las precipitaciones, escasas e insuficientes en toda la Provincia, tarda en aparecer para llevar al menos un poco de alivio a los trabajadores chileciteños.

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