La crisis actual no tiene similitud con las pasadas

Por: Oscar Raúl Cardoso

La crisis económica global que se vive tiene hoy un margen de incertidumbre, que a la hora de analizarla los economistas se aferran a casos del pasado solo para despeñarse intelectualmente, porque ninguno admite comparación con el presente agujero negro.

Es la comprobación que uno hace cuando escucha ayer al presidente de la Reserva Federal Estadounidense, Ben S. Bernanke, realizar un pronóstico abrumador sobre el futuro económico del país. No habrá signo apreciable de recuperación hasta el 2010 y esto siempre que los nuevos problemas no sigan haciendo impacto.

¿Cómo se mide esto en la historia? Hay rasgos en muchas crisis anteriores de naciones prósperas, potencias económicas y otras menores que son las que, como ahora, cuando el grande se resfría no tienen más remedio que estornudar.

Pero ninguna que realmente permita como ejemplo abordar el presente y mesurarlo. Hemos dejado atrás los más recientes. Los llamados "efectos Tequila y Arroz", el derrumbe de la "nueva economía", de Estados Unidos en la década de los 80 con la crisis de las sociedades de horro y préstamo y la vivienda, en la que el estado debió -como ahora se hará- hacer una nacionalización por tiempo limitado de aquellas instituciones bancarias. Pero esta última opción parece por comparación poco más que un extenso y complejo juego de El Estanciero.

Aquello de las sociedades de ahorro y préstamo -en uno de cuyos fallidos de dudosa calidad jurídica fueron implicados Bill y Hillary Clinton- fue apenas un raspón en las finanzas públicas. Otra cosa es hablar de nacionalizar gigantes como el Bank of America y el Citigroup que, en conjunto, tienen un valor estimado de 30.000 millones de dólares pero que sus libros dicen que son incapaces de hacer frente a las obligaciones del próximo quinquenio.

Todos siguen aferrados a la crisis bancaria de 1929 y a la así llamada Gran Depresión de la década siguiente como el mejor molde donde insertar el problema. Pero aun esto es insuficiente toda vez que con 85 años, la economía (la producción de bienes y servicios, el comercio y las finanzas) no se ha vuelto más vieja sino más compleja y menos domable.

Esta es una compleja situación en la que los estados nación pagan el costo de impotencia de haber dejado que la marea alta del interés privado le fuera comiendo sus playas. Hoy están condenados a ver -sin posibilidad real de intervención- datos diarios que comprueban esta realidad: en China enviar un container -si se excluye el manejo del envío y el combustible- cuesta cero. Hace un par de años ese valor estaba en 1.400 dólares. En Estados Unidos la producción de automóviles fue de menos del 60% en enero, comparado con el mismo mes de 2008. En Alemania la venta de máquinas herramientas cayó en el pasado año un 40%.

Entonces se siguen sumando los ejemplos en el debate interminable de los especialistas. Están las referencias a los así llamados "pánicos" económicos de 1857 en el que los ferrocarriles dejaron de pagar sus bonos y, especialmente, al de 1873 que se inició en enero en Viena y al que siguió Nueva York en agosto y puso fin a un largo ciclo de expansión internacional.

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