El crimen ferpecto

Por: Miguel Olivera.

Fondo que me hiciste mal…

Pagar deuda con reservas no es una novedad para la Argentina K. A diferencia de países como Chile, Venezuela o México, donde el Estado es dueño de todo o parte del principal recurso natural y exporta recibiendo dólares, en la Argentina las reservas se acumulan en el Banco Central, pero el gobierno nacional cobra impuestos en pesos. De una manera u otra, el Tesoro tiene que comprárselas al Banco Central.

En tiempos de superávit fiscal, ese ahorro se utiliza para comprar los dólares con los cuales se paga la deuda externa. En tiempos de déficit, el Gobierno necesita financiarse. De hecho, ya hace varios años que se financia con el BCRA: por ejemplo, los límites definidos se ampliaron a partir de la ley de presupuesto de 2009.

Por lo tanto, ¿qué hay de nuevo en el Fondo del Bicentenario? Tiene dos diferencias con lo que se venía haciendo. Una: el Banco Central pone toda la plata junta en una cuenta del Tesoro en lugar de prestar a medida que se necesita. Otra: se intentó armar a través de un decreto de necesidad y urgencia en lugar de una ley del Congreso (¿se acuerdan cuando la Presidenta se vanagloriaba de prácticamente no utilizar los DNU?; de hecho, en sus primeros quince meses de gobierno CFK firmó sólo cinco DNU).

¿Por qué el apuro para hacerse de los verdes si los pagos de deuda se reparten en el año? No se sabe. Faltaron consideraciones políticas y legales. Parece que sólo importó la promesa de pago a los acreedores a días de reabrir el canje de deuda.

Tal vez Boudou se obsesionó con presentarles a los inversores un programa financiero sin fisuras (el road show, como se dice por ahí, que es un viajecito por diferentes capitales del mundo presentando unas bonitas presentaciones Powerpoint). Tal vez Boudou pensó que el regulador de la emisión de deuda en Estados Unidos (la SEC para los amigos, o Securities and Exchange Commision) iba a exigir pruebas de capacidad de pago.

Seguramente, se trató de la búsqueda de una nueva caja de cara a una situación fiscal que tiene un fuerte deterioro. En los últimos años, la necesidad fiscal llevó al Gobierno a subir retenciones, nacionalizar las AFJP, flexibilizar la carta orgánica del BCRA y autorizar al Banco Nación para prestar más al Tesoro, capturar los casi 2,5 mil millones de dólares del aumento de capital del FMI, esconder gasto en infraestructura bajo la forma de fideicomisos, entre otras cosas.

La excusa es la "política contracíclica". Ser "keynesiano" está de moda en un mundo amenazado por la crisis financiera global. Modas aparte, cuando se descuenta la contabilidad fiscal creativa y los chanchitos que rompimos, el ahorro fiscal cayó 4,5% del PBI sólo en el último año, flor de estímulo.

En cualquier caso, convertimos una política normal –el pago de deuda con reservas– y una situación prometedora en camino a la recuperación, en un descalabro político y legal a pocos días de la reapertura de un canje deuda cuyo objetivo es normalizar las relaciones financieras externas de la Argentina.

Una conspiración a la derecha…

Cada vez que el Gobierno enfrenta barreras, aun las autoinfligidas, la culpa es de la conspiración agro-financiera-mediática-legal.

En rigor de verdad, la oposición radical hizo un aporte constructivo al debate a través de dos históricos, Baglini y Brodersohn (político y tecnócrata, respectivamente): el Tesoro debía emitir letras (deuda a un año o menos) y con los pesos recibidos comprar las reservas. También, y desde la usina académica (UTDT), Eduardo Levy Yeyati propuso reemplazar gradualmente la deuda del BCRA, a medida con venciera, con deuda del Tesoro. Más simple, en ambos casos se trata de pagar deuda externa con deuda local, algo normal en cualquier parte del mundo.

Ya sea por responsabilidad, ya sea por visibilidad, la puerta que abrió la oposición radical se abrió aún más: a las reservas para deuda se les sumó la ofrenda, en bandeja de plata, de la cabeza de Martín Redrado, el último ídolo popular fabricado por la impericia política del kirchnerismo. Será la defensa acérrima del instrumento DNU, será la costumbre de doblar la apuesta, será la falta de recursos políticos, pero hasta aquí el Gobierno no dio muestras de morder el anzuelo y sentarse a la mesa de negociación. Esperemos que lo haga.

Es cierto, no todos tuvieron el buen tino de buscar el consenso. Haciendo leña del decreto caído, De Narváez y la oposición PRO avisaron que "el uso de reservas para pagar deuda es un destino equivocado" como si hubiera otra fuente. ¿Se darán cuenta de que implícitamente proponen el default?

Y más fueron los que erraron. Cuando ayer aparecieron las observaciones del regulador norteamericano al prospecto argentino de reapertura del canje, algunos las calificaron como "el rechazo de los Estados Unidos al canje". Nada más lejos de la realidad. Se trata de un conjunto de formalidades típicas de un proceso de emisión de deuda. La Secretaría de Finanzas maneja con profesionalismo los tecnicismos del canje; después de todo, Lorenzino pasó años en la representación financiera de Washington y su equipo cargó con la reestructuración de la provincia de Buenos Aires.

Además, ¡bueno sería que el regulador estadounidense cuestionara fondos en lugar de formas! Como escribió a este cronista uno de los inversores norteamericanos más activos en deuda argentina, no sin ironía, cuando se enteró de que la SEC pidió aclaraciones sobre el INDEC: "Ahora me siento a salvo. La SEC, institución que aprobó billones de dólares de activos de hipotecas basura, estructuras financieras, bonos de Lehman, Enron, Worldcom, Bear Sterns y tantos otros, y que hasta este día no dijo nada sobre las valuaciones de los activos de los bancos de EE.UU., acaba de trazar la línea en la arena acerca de la inflación en la Argentina […]. Estoy seguro ahora de que todos los números de actividad que vienen de China tienen que ser correctos porque, si no lo fueran, las compañías chinas que listan sus acciones en EE.UU. nunca hubieran pasado por encima del regulador". Ésta es una transcripción que pone en evidencia el realismo y la falta de ingenuidad de quienes compran los bonos argentinos afuera (lo que no significa que el país no haya vendido, también, deuda a viudas escocesas y pensionados italianos).

En el camino de estos días tortuosos, la inteligencia económica K no sólo pidió la cabeza de Redrado, sino que se envalentonó y demandó la modificación de la carta orgánica y la eliminación de independencia del BCRA con el argumento de que son reliquias del neoliberalismo y la ortodoxia. Poco tienen que ver las demandas ideologizadas K con las realidades monetarias de casi todo el mundo. Los objetivos de los bancos centrales suelen ser –tienen que ser– fijados por la autoridad política, pero la independencia operativa y los límites al financiamiento al Tesoro (que se levantan en situaciones excepcionales y por trámite legislativo) son moneda corriente en el mundo desarrollado, pero también en el emergente.

Sería bueno que el camino de regreso del crimen ferpecto a la normalidad, o nuestra propia versión de ella, sea la negociación política, la valoración del consenso como base de la política económica. Después de todo, hay un déficit de credibilidad en las políticas públicas que no se resuelve arreglando la legalidad por un voto de no rechazo a un DNU. Y la credibilidad es la base de la política económica. Así que no haríamos mal en acumular un poco más, ya que, como las reservas, nunca sobra.

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