El crimen que estremece a un país

El asesinato de la dirigente Natalia Estemirova en Grozny renovó las acusaciones contra el presidente Ramzán Kadirov, aliado del gobierno ruso.
El asesinato de la dirigente Natalia Estemirova, ocurrido esta semana en Grozny, renovó las acusaciones sobre violación de los derechos humanos que pesan sobre el presidente checheno, Ramzán Kadirov, aliado del gobierno ruso.

Estemirova, una maestra de 50 años, jefa de la filial local de la organización no gubernamental Memorial, había acusado a las fuerzas de seguridad chechenas de varios asesinatos cometidos tanto en la última guerra contra Rusia (1999-2002) como tiempo después en esa república caucásica.

La dirigente fue secuestrada el pasado 15 de julio por un grupo de hombres y luego asesinada a balazos, sumando su nombre al de otros dos crímenes cometidos este año en Chechenia: el del abogado Stanislav Markeloy y la periodista Anastasia Baburova.

Amiga de ambos, así como de la periodista Anna Politkovskaya, ultimada en 2006 a raíz de sus denuncias por violación de los derechos humanos, Estemirova estaba empeñada en denunciar los asesinatos de mujeres y el supuesto funcionamiento de burdeles para soldados del gobierno de Kadirov.

Quienes la conocieron decían que sólo la muerte podía detener a esta mujer valiente, que andaba de un lado para el otro del Cáucaso vestida con pollera, blusa y tacos, los labios pintados, presentando denuncias de posibles violaciones a los derechos humanos contra Kadirov, a quien denunció ante la prensa por querer amedrentarla.

"Fue un encuentro alucinante y Kadirov me pareció un verdadero idiota, pero no consiguió asustarme", dijo la dirigente, quien sostenía que en Chechenia se había establecido una dictadura con la complicidad del gobierno ruso.

Estemirova documentaba los secuestros, las ejecuciones sumarias, las torturas y otros abusos contra civiles en el Cáucaso, por lo que de algún modo presentía que podía ser víctima de una agresión, ya que había enviado a su hija de 15 años a estudiar fuera de Grozny.

Por eso, cuando se conoció la noticia de su asesinato, la organización para la que trabajaba responsabilizó inmediatamente al presidente checheno, quien ordenó una investigación para esclarecer el crimen, tras reunirse con la jefa del gobierno alemán, Angela Merkel.

El director de la ONG Memorial, Oleg Orlov, dijo al diario digital Grani.ru que Karidov "había amenazado a Natalia, la ultrajaba, la consideraba su enemiga personal" y señaló: "No sabemos si él mismo ordenó el asesinato o si lo decidieron sus subordinados para ganarse su aprecio".

Las sospechas sobre los autores del crimen también salpican al presidente ruso, Dmitri Medvedev, y al primer ministro, Vladimir Putin, quien controla a los gobernadores provinciales, de acuerdo a un decreto promulgado en 2007, lo que en su momento fue interpretado como un intento de limitar el poder del mandatario ruso.

Putin, ex agente de los servicios secretos soviéticos (KGB), lidera el partido Rusia Unida, que tiene mayoría absoluta en la Cámara baja (Duma), desde que abandonó la presidencia en mayo de 2008.

A pesar de ello, para Estados Unidos y otros países continúa siendo el hombre fuerte de Rusia, situación que de algún modo quedó reflejada durante el encuentro que mantuvieron en Moscú, a principios de julio, el presidente estadounidense, Barack Obama, con su colega Medvedev.

Obama, quien también se reunió con el primer ministro ruso, definió a Putin como un hombre de la Guerra Fría, con "un pie en el viejo estilo de manejar los asuntos y un pie en el nuevo".

A pesar de que Moscú y Washington firmaron un acuerdo para limitar armas nucleares, las relaciones entre ambos países no atraviesan un buen momento luego de la guerra entre Georgia y Rusia en agosto de 2008, en la que el gobierno del ex presidente republicano George W. Bush respaldó a Tbilisi.

El crimen de la dirigente Estemirova volvió a sacar a la luz la crisis de una república que logró su independencia de Moscú en la primera guerra de Chechenia entre 1994 y 1996, aunque después Putin aplastó la rebelión luego de que un grupo de guerrilleros chechenos lanzara una serie de ataques en Daguestan.

"Algunas veces ella encontró aliados en el gobierno, porque tenía integridad e independencia. Y, a diferencia de muchas voces que se levantaron contra las políticas rusas en Chechenia, Estemirova no apoyaba ciegamente a los rebeldes chechenos", dijeron Robert F. Worth y Alan Cowell en una nota en The New York Times. Galardonada con el Premio Anna Politkovskaya, en 2007, la dirigente asesinada era una mujer independiente que creía sólo en la realidad.

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