El crecimiento no está atado a una frontera

Por Hernan de Goñi

A los empresarios no les gusta el proceso estatizador que lleva adelante Hugo Chávez. A ninguno le caería bien que la compañía en la que volcaron trabajo y recursos pase a ser, de un día para otro, patrimonio del Estado. Reaccionar como lo hizo Techint (aún aceptando que Venezuela ejecutó una decisión soberana) es de manual.

Pero hubo algo que desanimó más a los agentes económicos locales que la expropiación en sí misma. Es la divergencia que mostraron las autoridades argentinas y las brasileñas (por no citar a las venezolanas) sobre cómo abordar el crecimiento de las empresas en un mundo globalizado.

Desde un primer momento, Techint entendió que su mercado no era sólo la Argentina. El grupo nacido en Italia y asentado en Campana se expandió por el mundo para poder estar más cerca de sus clientes (opera tanto en EE.UU. como en África y China, por citar algunas de sus filiales).

Mientras Brasil apoya (y financia) el crecimiento global de sus empresas, el grupo siderúrgico de los Rocca fue cuestionado por no depositar una porción de la indemnización de Sidor en el país. Su futuro y sus inversiones no están ligados al destino de un plazo fijo. La economía ya no tiene fronteras. Crearlas es poner un muro al desarrollo.

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