Crecimiento y conflictos

Las estimaciones de economistas ortodoxos y heterodoxos para el año que recién comienza son de fuerte recuperación de la actividad económica. El riesgo se presenta en la inflación fruto de la puja distributiva y en la acción del poder económico hostil a la actual gestión.
Con dólares e inflación

Por Mara Pedrazzoli *

Las perspectivas de crecimiento de los países centrales, a una tasa de 1,5 por ciento anual, mejoraron las proyecciones sobre la evolución de la economía argentina para 2010, en tanto se espera un aumento de la liquidez internacional y una recuperación del comercio. En el Bicentenario, Argentina se prepara para alcanzar el octavo año de crecimiento (aunque a tasas más bajas, que rondarían el 4,5 por ciento anual) sin el problema de la restricción externa; lo cual continúa siendo un mérito de la política macroeconómica.

En relación con los flujos de capitales, la estabilización de la economía internacional y la estrategia encarada por el Gobierno para reforzar las expectativas sobre el cumplimiento de sus obligaciones (al reabrir las negociaciones con el Club de París y los holdouts, iniciar un acercamiento con el FMI y comprometer parte de las reservas para el pago de la deuda del año próximo) conllevaron una recuperación de la demanda de títulos locales y una importante baja de la prima de riesgo que permiten avizorar una mejora en las condiciones de crédito.

El saldo comercial, por su parte, aumentó en 2009 producto de una caída más fuerte de las importaciones que de las exportaciones asociada a la recesión interna y se mantendría estable el año próximo. La elevada elasticidad ingreso de las importaciones describiría entonces un escenario similar al de 2003: las importaciones creciendo a una tasa que duplica a la de las exportaciones pero partiendo de un nivel inferior que permitirá resguardar el superávit externo. Por el lado de las ventas se espera un aumento de precios y cantidades en las exportaciones de origen agropecuario, dada la recuperación de la demanda externa, la mejora de la cosecha agrícola y el alza en el precio de las commodities; mientras que las exportaciones industriales crecerían en volumen empujadas principalmente por la reactivación de la economía brasileña.

Entre el último trimestre de 2008 y el tercero de 2009, período que duró el contagio de la crisis, Argentina no enfrentó un problema de insuficiencia de dólares (ni crisis cambiarias o financieras como hubiera padecido otrora), a pesar de experimentar una fuerte salida de capitales que comenzó a mediados de 2007. El superávit comercial y las reservas acumuladas por el Banco Central permitieron hacer frente a la demanda de dólares sin provocar saltos bruscos en el tipo de cambio. La fuga empezó antes de la crisis a causa de la incertidumbre política creada en torno de la intervención del Indec y el conflicto con "el campo" y luego reflejó el fenómeno flight to quality (corrida hacia activos más seguros) que se frenó en noviembre de este año al igual que en el resto de los países periféricos.

Si se verifican estos pronósticos, el principal problema de 2010 aparecerá en el frente interno y está vinculado con la inflación. Tras experimentar altas tasas de crecimiento y de aumentos de precios, en 2009 la economía sufrió un brusco enfriamiento, no obstante la inflación permaneció en niveles elevados cercanos al 15 por ciento anual. Eso muestra, en primer lugar, una marcada inercia en los contratos, que implica trasladar parte de la inflación pasada al presente. En segundo lugar, los salarios nominales crecieron 18 por ciento en 2009 pese a que la tasa de desempleo aumentó levemente.

En 2010 es probable que la puja distributiva se agudice; impulsada tanto por la reactivación de la economía como por la debilidad que viene mostrando el Gobierno en las disputas recientes con distintos actores sociales. Un Gobierno más débil tampoco tendrá la capacidad para sostener controles de precios como en 2007. Además volverá a ser relevante el problema de la agflación (inflación tirada por alimentos) dado el repunte esperado en el precio de las commodities y la eliminación del sistema de retenciones móviles.

Entonces cualquier innovación en materia de política macroeconómica para este año deberá centrarse en evitar una aceleración de la inflación. El anuncio de una política antiinflacionaria basada en acuerdos de precios y salarios consensuados entre los sindicatos y grupos empresarios que permitan distribuir las responsabilidades y morigerar las pérdidas de los ingresos contribuirá a fortalecer la credibilidad del Gobierno y a controlar las expectativas sin necesidad de recurrir a salidas ortodoxas basadas en la apreciación del tipo de cambio nominal.

* Economista de AEDA y de Generación Política Sur.

La economía politizada

Por Ricardo Aronskind *

Después de la catástrofe económica y social de 2001, empezó a circular entre sectores medios una seudoprofecía económica según la cual "Argentina estalla cada 10 años". La afirmación no pretende entender cómo ocurrieron las catástrofes económicas recientes, y menos aún pensar las responsabilidades concretas de quienes las han provocado. Al contrario, coloca las causas en una especie de "metafísica argentina", debido a algún mal genético nacional. Ese tipo de "convicciones" fueron, seguramente, las que contribuyeron a las conductas autodepredatorias ocurridas en los últimos dos años: retiro de depósitos, compra de dólares, colocación de fondos en el exterior, detención de inversiones, creencia y difusión de cuanto rumor catastrófico circulara.

La combinación de procesos económicos locales imbricados con conflictos políticos agudos y el impacto de la crisis internacional llevaron a la economía nacional a mostrar flojos indicadores en 2009, pero el famoso estallido vaticinado por el sentido común autodenigratorio no ocurrió. Especialmente luego del comienzo del conflicto de los propietarios agrarios con el Estado, la campaña de desestabilización económica se agudizó, llegando incluso a instar a no invertir, no producir, ni consumir a los actores del sector. Se debe recordar que las hecatombes económicas han tenido en las últimas décadas en Argentina una altísima productividad política, posibilitando el desplazamiento de gobiernos democráticamente electos y dramáticos cambios de rumbo económico.

Sin embargo, el desastre vaticinado (y deseado) no ocurrió en 2009. Si en ese contexto externo e interno muy complicado Argentina "no estalló", es previsible una situación económica mas aliviada en 2010. Apuntalan ese escenario: 1) una definida tendencia de mejoría en la actividad económica local; 2) datos de evolución positiva de algunos mercados externos de Argentina; 3) atenuación de la expectativa de que "Argentina explota en cualquier momento"; 4) límites del escenario preelectoral al aventurerismo económico de sectores opositores.

A grandes rasgos se puede pensar un año sin crisis fiscal, sin problemas serios para pagar deuda externa, sin crisis bancarias ni cambiarias, o sea sin los escenarios de los desastres de décadas pasadas.

De todas formas la persistencia de niveles excesivos de inflación puede hacer que la mayor tasa de crecimiento no se traduzca en mejores condiciones de vida generales, salvo por el impacto positivo de la nueva asignación por hijos. A esta altura de las cosas, es claro que el aumento de precios refleja la puja social por la distribución del ingreso, que además se ha politizado: los formadores de precios saben que la inflación desgasta al Gobierno. Y el Gobierno no ha mostrado capacidad o voluntad para controlarla en serio.

Desde 2002, en Argentina, las franjas más concentradas del empresariado han obtenido sistemáticamente altas tasas de rentabilidad. Sin embargo, su disgusto con el poder político es evidente. Una de las razones fundamentales de este malestar es la autonomía política del kirchnerismo, y su "imprevisibilidad". Ese es el gran tema contenido en la expresión eufemística "inseguridad jurídica". En realidad se está hablando de la seguridad política. "Seguridad" que existía en los ‘90, debido al pleno control que ejercía el gran empresariado sobre buen parte del sistema político. "Seguridad" aún cuando el esquema era inviable económica y socialmente.

El año económico 2010 puede leerse desde esta perspectiva: una lucha lanzada para reestablecer las jerarquías político institucionales de los ‘90 (la lógica de los negocios por encima del rumbo de la Nación), que se librará en un campo acotado: ya no será la apuesta al caos económico con final político abrupto como en 2008-2009, sino el desgaste económico del kirchnerismo ante la sociedad. La mejoría de la producción y de los indicadores macroeconómicos hacen previsible un año de conflictividad social en el que los asalariados busquen mejorar posiciones –afectadas en estos últimos dos años–, en tanto los formadores de precios no estarán dispuestos a resignar beneficios.

Un clima así reforzaría la imagen "conflictiva" de la actual gestión, estimulando la demanda de un utópico "consenso" que no está presente en la práctica ni en las intenciones de ningún actor económico relevante. Es que lo "conflictivo" debe buscarse en otro lugar. Si el poder económico hostil a la actual gestión lograra en 2011 el desplazamiento del kirchnerismo por alguien más "permeable" a sus demandas, ¿estará en condiciones de enunciar un programa económica y socialmente viable, o reproducirá las prácticas de "seguridad jurídica" que tan bien terminaron de diciembre de 2001?

* Economista UNGS-UBA.

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