La creciente les cambió la vida a los clubes de la costa

"Los que estamos acostumbrados al río sabemos que la naturaleza es así y que contra ella no se puede", afirmó el presidente de la Unión de Clubes de la Costa y también titular de Regatas, Alberto Campaña, al explicar los efectos que la crecida del Paraná trae este año a la actividad deportiva. Básicamente, que a los clubes que tienen playas se las "comió" o, si el predio es muy grande, al menos se las redujo.
Pero así como el verano pasado la bajante del río llegó hasta a impedir la salida de embarcaciones, este año favorece la navegación. Eso sí, después de que logran salir de las caletas, porque en la mayoría de los casos antes deben lidiar hasta con los camalotes.

   El río creció un poco más ayer. Frente a Rosario alcanzó 5,02 metros, superando el alerta de 5 metros que se había alcanzado el lunes pasado. Y la tendencia es que siga en ascenso, desde la sección Hidrovía de la Subsecretaría de Vías Navegables, Angel Lucero advirtió que "el río va seguir creciendo porque es una tendencia que se da en toda la cuenca y la probabilidad es que aumente 15 centímetros en los próximos 8 días". Razón por la cual pidió prestar especial atención a las zonas inundables.

   En un plano más frívolo, pero que cobra relieve por las temperaturas y la época de vacaciones, la crecida también cambió bastante la vida en los clubes de la costa.

   Son dos los aspectos sobre los que la altura del Paraná tiene fuerte incidencia: la actividad de playa, cuando existe, y la actividad náutica.

   En general, la creciente se ensañó con las playas. De hecho, "se comió" íntegras la del club Remeros (donde también paralizó la salida de embarcaciones porque inundó la guardería) y la del Rowing, redujo considerablemente las dos de Regatas (la de la sede y la que tiene en la isla) y achicó, pero con mucho margen todavía, la de Rosario Central.

   En este último club, el arquitecto Diego Decunto explicó que el agua cubrió la primera línea de sombrillas, lo que equivale a unos 20 metros de playa. De todos modos, el terreno es tan extenso que siguen quedando arena y sombrillas para disfrutar del balneario y difícilmente se dé tal crecida como para inundarlo.

   "Todavía queda de algo en la playa de la isla, pero si el río crece de 10 a 15 centímetros más también la va a cubrir", graficó el presidente de Central. Pero el hombre, un hombre de río, sin embargo le restó dramatismo al tema.

   "Los que estamos acostumbrados al río sabemos que la naturaleza es así y contra ella no se puede", sintetizó. Por eso en Regatas tienen "el club preparado": habilitaron las dos piletas y hacen "ingeniería casera" para poder sacar lanchas y botes por el túnel, que se inunda. "Y cuando ya están en el agua, navegar está bárbaro", afirmó Campaña.

Piletón natural. Otra playa que la creciente "se tragó", pero como beneficio secundario transformó en un "piletón" con fondo de arena, es el camping del sindicato municipal, frente al parque Alem.

   "Se me ocurrió hacer una defensa ecológica para frenar los camalotes y ahora tenemos un piletón que es bueno y seguro para los chicos", explicó el encargado del lugar, Víctor Hugo Ortiz.

   De todos modos, el agua avanzó sobre la totalidad del terreno con arena (400 metros por 300) y dejó sólo el área de árboles, donde sin embargo brota agua porque se trata de una vieja laguna. Por eso los que buscan playa llegan y se van, mientras que los que anhelan refrescarse, disfrutan. Y ayer fueron muchos.

   En lo que hace a los clubes que funcionan como guarderías —sacando Remeros y Amistad Marina, donde la actividad no se paralizó pero sí está muy frenada por el ingreso de camalotes a la caleta— la mayoría no tiene todavía problemas o está a la expectativa de lo que pueda pasar.

   El club Bancario, por ejemplo, aún no fue afectado por la crecida debido a la construcción de un espigón que los hizo "ganar en altura al río". En el Yatch, en tanto, definen la situación como "al borde": si el río sigue creciendo pondría en riesgo la sede, aunque "las embarcaciones salen bárbaro".

   Y en el caso de Rowing, la crecida no altera la salida de las 130 embarcaciones que alberga, pese a "los inconvenientes normales" por la llegada incesante de camalotes, insectos y hasta víboras incluidos.

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