Crece el robo de carteras a mujeres mientras están manejando el auto

Nueve de cada diez víctimas son mujeres a bordo de un auto detenido ante el semáforo. La explosión de la ventanilla del acompañante (o trasera) no les da tiempo a nada. Y antes de poder siquiera entender qué ocurrió, el ladrón ya escapa en moto o a pie con su cartera.
Los negocios de parabrisas dicen reponer una media de 8 vidrios laterales al día, al menos la mitad destrozados por esta modalidad de robo, que se da en toda la ciudad, pero más en avenidas. En enero, por ejemplo, cerca de cien casos llegaron a Tribunales: de ellos casi el 40% ocurrió frente al Centro Municipal Distrito Oeste, o en Pellegrini y Felipe Moré.

   En las seccionales no tienen duda de que, si bien hay víctimas hombres, por ejemplo los que llevan bolso o maletín, el blanco preferido por quienes cometen este tipo de delitos son mujeres, que difícilmente salen sin cartera.

   Y aunque también hay registro de roturas de ventanillas en autos manejados por hombres para robar la cartera de la mujer que va a su lado, la enorme mayoría se produce cuando son ellas quienes conducen y, con increíble ingenuidad, depositan el bolso en el asiento del acompañante.

   Basta con que se detengan ante un semáforo para que, en un segundo, les hagan estallar el vidrio de la ventanilla con un objeto metálico, casi siempre una bujía. Tras la explosión todo pasa como en un flash: cuando logran mirar a su derecha, sólo alcanzan a ver que alguien corre con la cartera a cuestas o escapa en moto, incluso a contramano.

   Si los ladrones andan a pie, como ocurre con frecuencia tanto por 27 de Febrero como por Pellegrini en jurisdicción de las seccionales 13ª y 14ª, se escapan por los pasillos de las villas de emergencia de la zona o corren a lo largo de las vías.

   En esos casos, cuentan desde la comisaría 13ª, más tarde "algún vecino trabajador termina acercando a la seccional llaves o documentación" que los ladrones arrojaron a la carrera tras seleccionar los objetos que cotizan: dinero, celular, anteojos o cualquier cosa con valor de reventa.

Al rojo vivo. El mapa de esta modalidad de delito es elocuente: durante enero pasado, las calles cercanas a las vías que cruzan 27 de Febrero o Pellegrini, en especial Felipe Moré, concentraron un 40 por ciento de esos robos.

   Aunque en la zona oeste hay varios cruces con estadísticas de mayor riesgo (sobre todo con semáforo), el que se lleva las palmas es el triángulo donde confluyen Presidente Perón, 27 de Febrero y Felipe Moré, frente al Centro Municipal Distrito Oeste. Y eso que en el lugar hay apostado un móvil policial.

   "Se forma un embudo y suele haber embotellamientos. La gente viene circulando, la para el semáforo y es ahí cuando la bichan, normalmente pibitos que andan entre los autos. Uno marca, otro roba", explican desde la comisaría 14ª, donde dicen que se radican "dos o tres denuncias (por esta causa) a la semana".

   En realidad, según los datos de la Fiscalía de Imputados NN de Tribunales, en enero pasado los casos en esa jurisdicción fueron bastante más: sólo los denunciados (porque no todas las víctimas lo hacen) sumaron 19, casi 5 a la semana. La seccional 13ª tuvo 17 hechos y la 6ª elevó 15.

   Pellegrini es otra vía rápida donde "vienen en aumento" los robos por la ventanilla de los autos. "Casi siempre en dirección oeste y mucho más los fines de semana, cuando la gente toma hacia Funes", cuentan desde la seccional 13ª. "Saben a quién romper, eligen bien", ironizan. La elección recae sobre mujeres (9 de cada 10, dicen) y más si lucen de "alto poder adquisitivo".

   El oeste de la ciudad no es el único distrito complicado. En el norte también se dan estos robos, pero con la singularidad de que al no haber asentamientos irregulares con pasillos intrincados, los ladrones escapan en moto.

   Muchas veces a contramano, detalla la comisaria Cristina Linares, de la seccional 8ª, lo que les dificulta tanto prevenir el delito como perseguir a los ladrones. Para la oficial, los delincuentes "no son de la zona", ya que rara vez encuentran documentación u otras pertenencias de las víctimas que fueron desechadas.

   Pero así como en varias comisarías dicen recepcionar de dos a tres denuncias por este tipo de arrebatos a la semana, en los comercios que cambian parabrisas manejan números muchísimo más altos: reponen un promedio de 8 vidrios laterales de automóvil por día (ver página 3). Hay que aclarar, sin embargo, que no todos se rompen por esta causa.

   La cifra de los vidrieros es congruente con la que registran las compañías aseguradoras. En Sancor Seguros recepcionan "de cinco a siete denuncias diarias por rotura de ventanilla de autos". Nuevamente: no sólo por robo, también por impacto de piedras, accidental o delictivo.

   Las estadísticas del Grupo Asegurador La Segunda son todavía más palmarias. Sólo en Rosario, en un año y medio, cubrieron la reposición de 1.718 cristales. Durante el segundo semestre del 2008 fueron 503; en el primero del 2009, 639, y en el último de ese año, 576. El desembolso llegó a los 812.344 pesos.

   De mínima, la secuencia post-robo incluye denuncia policial, arreglo de ventanilla, interminable tramitación de documentos, visita al oculista para reponer lentes y al cerrajero para cambiar la cerradura del domicilio. Después viene la causa que impulsa la Fiscalía de Imputados NN, a cargo de Viviana Cingolani. "Sí, es un delito frecuente, que se mantiene constante y no discrimina zonas —asegura— porque se da en toda la ciudad".

   El consejo de la funcionaria judicial, que comparten los policías consultados, es "tomarse el trabajo de poner la cartera en el baúl". Un esfuerzo minúsculo si se lo compara con lo que cuesta, económica, física y psíquicamente, el robo.

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