Crece la presión tributaria en la Argentina y ya es similar a la de los países desarrollados

Un informe estimó que llega a un 31,2% del PBI y se acerca a la que ejercen Australia o Canadá; no obstante, se diferencia por ser regresiva debido a que se apoya en el consumo y el proceso productivo
Como si vivieran en una nación plenamente desarrollada, los argentinos pagan cada vez más impuestos. No obstante, la creciente presión tributaria que tienen que soportar quienes viven en el país es puramente regresiva y está focalizada al consumo, el trabajo y la producción y no a la ganancia o la propiedad.

Así lo estimó un informe del centro de estudios Idesa al que accedió lanacion.com que afirma que "nunca los argentinos pagaron tantos impuestos como en la actualidad" y que "la presión en la Argentina es similar a la observada entre los países desarrollados".

El documento, confeccionado con datos oficiales, afirmó que la presión impositiva llegó al 31,2% del producto bruto interno (PBI) en el país, superando el 29,5% del PBI de Australia y cerca del 34,8% de Canadá, dos países fuertemente desarrollados y con perfil agroindustrial como la Argentina.

No obstante, con el objetivo de mejorar la equidad social, en esas dos naciones la recaudación de impuestos está focalizada en los tributos a las ganancias y la propiedad. En ambos aportan el 20 puntos del PBI. En tanto, en la Argentina, esos tributos sólo recaudan apenas el 6,6 puntos del PBI. El 24,5% restante se compone de gravámenes al consumo, trabajo y la producción.

"La Argentina está en el orden de Australia y Canadá, pero en cierta forma nuestro país apela a impuestos distorsivos", señaló a lanacion.com Jorge Colina investigador en jefe de Idesa. "Estos son aquellos que gravan el consumo y la producción. Allí están las cargas sociales, impuestos al trabajo, a los ingresos brutos, el impuesto al cheque y los derechos de exportación [retenciones]".

Según Colina, son distorsivos porque gravan algún factor o directamente el proceso productivo y, por eso, modifican las decisiones de producción. Esto lleva a que se produzca menos o se informalice el mercado laboral. Por otro lado, el impuesto a las ganancias es más neutral: se paga una vez que termina el proceso productivo.

A la pregunta sobre si es cierta la fundamentación de que el impuesto a las ganancias es un gravamen más difícil de recaudar que los demás, Colina señaló que es cierto, pero que "el Estado argentino debe modernizarse y luchar contra la evasión en vez de apelar a los impuestos distorsivos".

Otra visión. "Nos estamos acercando a niveles de presión fiscal similares a los de países del primer mundo", señaló a lanacion.com el tributarista César Litvin de Lisicki, Litvin & Asociados. Para el experto, la presión también supera el 31% del PBI. Además indicó que aquella es diez puntos mayor que durante los 90.

"Hay un mayor sacrificio fiscal por parte de los contribuyentes", estimó Litvin y agregó que el gravamen que lidera los ingresos es el Impuesto al Valor Agregado (IVA) con un 28% de la torta de la recaudación. "Se está observando que cada vez más sube la participación de las retenciones, que en 2010 representarán un 12% del total [unos 43.000 millones de pesos]".

"Otro impuesto que es muy distorsivo es el impuesto al cheque que tendrá tiene una parte de un 7% en la torta de ingresos. Una enormidad. Son cerca de 2000 millones de pesos por mes", calculó el tributarista.

Para Litvin, esta estructura de ingresos es regresiva porque está basada en dos impuestos muy importantes que deberían reverse. Estos son los derechos de exportación y el impuesto al cheque. El primero, no mide ninguna capacidad contributiva sino transacciones. En tanto, la tendencia en el mundo es motivar las exportaciones y las retenciones las desmotivan. Deberían ser por un tiempo limitado y en determinados productos", cerró.

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